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Cuba
 

CONSTRUYE FUTURO DE LA FE EN CUBA

Araceli M. Cantero
La Voz Católica

MIAMI—Porque en Cuba crecen las comunidades de fe domésticas, el padre Troadio Hernández viajó hasta Brasil para representarlas en una reunión internacional.

"He encontrado que a pesar de tener situaciones políticas muy diferentes, las comunidades de fe vivimos realidades muy semejantes", dijo a su paso por Miami el sacerdote cubano.

Cerca de 6,000 personas de toda Latinoamérica acudieron al Décimo Encuentro Eclesial de Comunidades de Base, celebrado del 11 al 15 de julio en Ilheeus, en la zona de Salvador de Bahía, por donde llegó la fe a la nación hace 500 años.

Los participantes fueron divididos en ‘poblados’ de 500 personas y estos en grupos de reflexión o pequeñas comunidades de 15, repitiendo así la experiencia que vive la Iglesia en los países latinoamericanos.

Además de la reflexión por grupos, tuvieron sesiones generales en las que se llegó a conclusiones para el futuro, entre ellas:

•Una opción misionera para extender la fe.

• Preocupación por ayudar a los necesitados.

• Descubrir la presencia de Dios en las comunidades pequeñas.

"Regreso a Cuba lleno de entusiasmo y con muchas ideas", dijo el padre Hernández, sacerdote de La Habana, para quien "la creación de comunidades domésticas es preparar el futuro".

Dice que desde sus tiempos de seminarista, pensaba que había que salir de la parroquia en ‘búsqueda de las ovejas perdidas’.

"En la situación de Cuba, en que el Gobierno no permite la construcción de iglesias, la formación de comunidades de fe en las casas es esencial para alimentar la fe", dice el sacerdote que es párroco en Guanabo y Barrera, en la zona este-norte de La Habana.

Señala que ya desde 1976, antes del Encuentro Nacional Eclesial Cubano, los laicos fueron creando comunidades en las casas como lugar de reflexión en torno de la Biblia.

"Para 1980 mi parroquia ya tenía 64 comunidades", dice el P. Hernández, que entonces trabajaba en Rodas, provincia de Cienfuegos.

En 1986 el sacerdote tuvo que trasladarse a la Habana para ocuparse de su padre enfermo y se le asignó servir en Guanabo. Para entonces habían surgido grandes repartos en el este de La Habana, en la zona de Alamar, con una población de unas 2,000 personas. Y fue allí donde fueron creciendo las comunidades domésticas, hasta el punto de que el cardenal Jaime Ortega fundó una parroquia sin templo, formada de pequeñas comunidades, bajo el nombre de San Martín de Porres. Y cuando el Papa visitó Cuba, hace dos años, recibió una maqueta de aquel reparto de Alamar, para que bendijera esa nueva realidad cubana de parroquias sin templo, explica el P. Hernández que colabora en esa zona desde 1992.

"Visitábamos las casas y encontrábamos cristianos que querían abrir sus hogares para las reuniones", explica el sacerdote. Ahora ya existen grupos para estudio de la Biblia, grupos de jóvenes, de matrimonios, Cáritas y pastoral penitenciaria. Además se celebran los sacramentos y la Eucaristía los domingos y a través de permutas se ha conseguido una casa que funciona como casa parroquial.

En su trabajo el padre Hernández ha encontrado muchas personas con valores humanos y dispuestas a recibir el mensaje de Cristo. Dice que los valores se han transmitido de generación en generación y son gente que rechazan el aborto y la infidelidad matrimonial, que aman a su familia y no aceptan la prostitución. "Todavía queda una generación que vivió algo", dice. Y en "las escuelas también hay gente buena enseñando".

Para el padre Hernández este trabajo con pequeñas comunidades "es el centro de mi vida sacerdotal, porque soy párroco por necesidad y misionero de corazón".