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Opiniones
 

No teman involucrarse

Mons. Thomas J. McSweeney
Director de Los Cristóforos. Puede adquirir copias gratis de los folletos de Ecos Cristóforos escribiendo a The Christophers, 12 East 48th Street, New York, NY 10017.

A medida que aumenta la retórica política en este año de elecciones, los candidatos y sus colaboradores componen mensajes para persuadirnos que votemos por ellos.

Y algunos de nosotros nos cansamos rápido y decimos cínicamente, "¡No se les puede creer nada!" Otros se inclinan por los candidatos cuyas promesas se acercan a sus propios intereses. Muchos dicen que les interesa más el carácter personal que la substancia (el quién más que el qué) y tratan de encontrar a la persona detrás de las palabras. Lamentablemente, muchos de nosotros no prestamos atención y "prestamos oídos sordos".

No es suficiente que los ciudadanos escuchen y se formen sus opiniones. Debemos expresarnos a través de nuestras palabras y nuestras acciones. No tengan miedo de hablar, de involucrarse en campañas políticas o temas de interés. Sus voces pueden llegar a transformar a nuestras comunidades, a nuestra nación y al mundo mismo.

Nos guste o no, el mundo en que vivimos es un mundo de palabras. Mucho de lo que sabemos o creemos saber lo hemos aprendido a través de las palabras de otras personas. Esos hombres y mujeres que han intentado conducir o presionar, inspirar o amenazar, defender valores o atacarlos, lo han hecho utilizando el lenguaje para darle forma a las acciones y reacciones de quienes escuchan.

Por el lado positivo, el lenguaje nos ha ayudado, por lo menos, a ser civilizados. Violento como es nuestro mundo hoy día, aún así recurrimos menos a la fuerza bruta y más a las palabras para dirigir nuestra relación entre unos y otros. Por cierto, a través de la historia, nos hemos inclinado cada vez más hacia el poder persuasivo de la palabra para alterar o reforzar nuestras creencias y valores.

Es por eso que a todo aquel que trata de "navegar" las corrientes retóricas de la escena política, le aconsejo que lea algunos discursos del pasado. Les sorprenderá ver cómo nuestros puntos de vista han sido formados para bien o para mal. La Navidad pasada alguien me regaló un libro que me impactó: una colección de los mejores discursos del siglo norteamericano por el senador de Nueva Jersey, Robert Torricelli, y Andrew Carroll. Habiendo enseñado retórica y comunicación en la universidad, encontré que el valor especial del libro reside en su amplitud en el campo político, social y cultural. Muestra claramente que los discursos famosos y los no tan famosos tienen una función en la formación de la sociedad.

David Lloyd George, primer ministro británico durante la primera guerra mundial, dijo: "No hay mejor elocuencia que la que logra que se haga el trabajo". Familiarizándose con los grandes discursos del pasado, podrán ustedes aumentar sus habilidades para responder en forma más crítica a los oradores y candidatos de hoy. Usar nuestro mejor juicio es no sólo nuestro derecho sino nuestra responsabilidad. Lo que no podemos hacer es abandonar nuestro interés personal en el proceso político y gubernamental. Es demasiado importante para no darle nuestra atención.