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CONFESION
Y EUCARISTIA VAN DE LA MANO |
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Mis queridos amigos:
En meses recientes, oficiales del Vaticano han tratado de
hacer claro que la Eucaristía y la Penitencia van de la
mano al notar la gran cantidad de fieles en el mundo que
"no tiene reparos en recibir la Comunión con
frecuencia pero sin la costumbre de recibir el sacramento de
la reconciliación".
Eso es lo que el arzobispo Julián Herranz, presidente
del Pontificio Consejo para la Interpretación de Textos
Legislativos, informó al periódico del Vaticano, L’Osservatore
Romano, en noviembre del año pasado. En el Congreso
Eucarístico Internacional llevado a cabo en Roma en el
pasado mes de junio, un cardenal austriaco hizo una
observación similar.
"Quizás hemos perdido la noción de que la
Comunión requiere preparación", dijo el cardenal
Cristoph Schonborn, de Viena, quien fue el editor principal
del nuevo Catecismo Católico.
Estrictamente, la confesión es necesaria "sólo si
los pecados mortales nos separan de Dios y de la
Iglesia", indicó el Cardenal. Pero la experiencia
demuestra que "si somos negligentes con la confesión,
a menudos corremos el riesgo de acostumbrarnos a nuestros
‘pequeños’ errores y pecados hasta el punto de llegar a
no reconocerlos".
Es un hecho que antes del Concilio Vaticano II la gente
no acudía a la Comunión con la frecuencia con que lo hace
en nuestros días. Pero también había líneas más largas
para recibir el sacramento de la Reconciliación los fines
de semana.
Quizás es por esa razón que, tras el Concilio, algunos
miembros de la Iglesia y de la sociedad han restado énfasis
al pecado y hablan más del amor de Dios que de nuestra
tendencia pecaminosa. La sociedad secular nos dice "Yo
estoy bien, tú estás bien", que el bien y el mal son
relativos y que la moralidad es decidida por las encuestas.
La gente ha llegado a creer que si todo el mundo está
haciendo algo, entonces es aceptable.
En la Edad Media sucedía lo opuesto. Las personas
estaban muy ofuscadas en su condición de pecadoras y tan
convencidas de que no valían, que la Iglesia tuvo que hacer
obligatorio el recibir la Santa Comunión al menos una vez
al año, particularmente durante la Pascua.
Ambos extremos son incorrectos. Tanto la Penitencia como
la Santa Comunión son vitales para una vida cristiana
balanceada. Necesitamos participar de ambos sacramentos con
regularidad para recibir la plenitud del amor y la gracia de
Dios.
Como dijo el cardenal Schonborn, la sociedad de hoy puede
no estar al tanto del pecado y sus efectos. Pero si
analizamos los programas de televisión, nos daremos cuenta
de cuán profunda es la necesidad que tiene la gente de
confesar sus faltas y revelar los rincones más oscuros de
su vida.
Sin embargo y a pesar de que la televisión promueve la
auto-revelación y, en muchas oca-siones, la humillación
propia, el sacramento de la Reconciliación promueve la
sanación y la transformación. "Si el pecado nos
separa y aleja de Dios y del prójimo, entonces debemos
reconciliarnos con Dios y los demás antes de participar de
la mesa del Señor", dijo el cardenal Schonborn.
"En ambos sacramentos, el amor de Dios nos recibe; El
quiere darse a nosotros, quiere ayudarnos y sanarnos".
Pido a todos, entonces, que recuerden que tanto la
Comunión y la Confesión son grandes privilegios y
sacramentos integrales de la vida cristiana. Debemos
encontrar el balance entre la preocupación con el pecado de
la Edad Media y el descuido que existe en nuestra época. |