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LA SOCIEDAD NO TIENE LA CULPA

Yolanda Zulema Biasi
Coordinadora del Ministerio Contra las Drogas de la
parroquia San Esteban, en Miramar
En los tiempos anteriores a mi conversión, cuando
vivía torturada por un sentimiento de culpabilidad con
respecto a la drogadicción de mi hijo, muchas veces me
refugiaba en la idea de que la sociedad en la que vivimos
tenía la culpa de todo lo que le había pasado a mi
familia. Miraba a mi alrededor buscando todo lo que me
justificara, el cine, la televisión, las revistas, la
música rock y sus intérpretes, todos tenían la culpa y
yo no había podido hacer nada para vencerlos.
No podía soportar mi fracaso y tenía que compartirlo
con alguien, la sociedad era mi chivo expiatorio. Pero,
¿quiénes componen la sociedad? ¿No soy yo como todos
los que me rodean los que formamos la sociedad?
Con sentirse culpable nada se arregla y tampoco ayuda a
nadie descargar las culpas en otros. Responsabilizamos a
la televisión por muchos de los males que nos aquejan
pero seguimos sentados delante de ella por horas todos los
días. Eso es lo que siempre se hizo en mi casa, aún
cuando nuestros hijos eran pequeños y lo peor que no
dejábamos de hacerlo ni durante la cena.
Las estadísticas muestran que en Estados Unidos el 66%
de las familias miran televisión durante las comidas
sacrificando así preciosas horas de intimidad en las que
padres e hijos podrían acercarse más, conocer cada uno
las inquietudes del otro, discutir temas de actualidad
para ir formando conciencia de nuestra responsabilidad
para con la sociedad, esa misma a la que culpamos de todo
pero a la que no tratamos de cambiar con nuestro esfuerzo
y ejemplo de vida cristiana.
Yo, parte de la sociedad a la que culpaba, practicaba
lo mismo que criticaba. En vez de minimizar mi
responsabilidad ahora era culpable dos veces, como madre y
como ciudadana. Con la música, el cine, las revistas, las
propagandas hice lo mismo. Ante mi conciencia quería
mostrarme inocente. La sociedad eran los otros, yo nada
tenía que ver.
Cuando me convencí de mi valor como hija de Dios vi
claramente que como parte de la familia humana todos mis
actos ayudan o perjudican a mi sociedad y que ella es el
producto del comportamiento de todos y cada uno de
nosotros. Dejemos ya de culpar a la sociedad por la
epidemia de las adicciones y pongámonos a trabajar para
sanarla. En una sociedad sana no hay lugar para drogas,
violencia ni odios. Yo les pido perdón a todos los que
conmigo forman la gran sociedad mundial por haberlos
culpado de la drogadicción de mi hijo.
En Mateo 7; 3 Jesús pregunta "¿Por qué ves la
pelusa en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el
tuyo?". Tenemos que librarnos de las vigas que no nos
dejan ver todo lo que podemos hacer para trabajar por el
Reino de Dios en la tierra. Es la certeza de saber que
todos tenemos la fuerza para hacerlo lo que me alienta a
compartir con ustedes mis reflexiones. |