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Vaticano
 

CRITICAS Y ELOGIOS AL DOCUMENTO

VATICANO, (ZENIT) — Perplejidad, críticas, y también aprobación han sido las reacciones al documento Dominus Iesus, de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre el carácter único y universal de la salvación en Cristo dado a conocer el pasado 5 de septiembre.

El arzobispo anglicano de Canterbury, George Carey, ha afirmado que "la idea de que la Iglesia anglicana y otras Iglesias no sean Iglesias en el sentido propio de la palabra parece poner en duda los considerables pasos ecuménicos que se han dado". El documento, añade, no refleja el profundo entendimiento que se ha alcanzado a través del diálogo ecuménico y la cooperación en los últimos 30 años.

El primado católico, monseñor Cormac Murphy-O’Connor ha negado, sin embargo, que el documento pueda afectar negativamente al acercamiento ecuménico y asegura que "el objetivo principal de la declaración vaticana consiste en alertar ante la tendencia a considerar como equivalentes todas las religiones".

El reverendo Manfred Kock, presidente del Consejo de la Iglesia evangélica de Alemania, quien se había expresado sobre la necesidad de reconocer al Papa como figura simbólica unitaria de la cristiandad, afirmó que el documento Dominus Iesus representa "un paso atrás para las relaciones ecuménicas".

Kock ha reconocido al mismo tiempo que "la declaración contiene muchas afirmaciones que las Iglesias reformadas podrían aprobar sin reservas, comenzando por la universalidad salvífica de Cristo".

El patriarcado ortodoxo de Moscú, no ha hecho comentarios, pues quiere estudiar antes el documento. Un portavoz del patriarcado se ha limitado a decir que "católicos y ortodoxos tienen una concepción diferente de la universalidad de la Iglesia y este sigue siendo el meollo de la cuestión".

Para el Islam, el problema se presenta de manera idéntica y opuesta. A la primacía de Cristo se contrapone la primacía de Alá. "Para nosotros —afirma Hamza Piccardo, exponente de los musulmanes italianos— se aplica el versículo del Corán, según el cual se salvará quien crea en Alá y los profetas, uno de los cuales es Jesús".

Amos Luzzatto, presidente de las comunidades judías de Italia señaló que: "El cardenal Ratzinger puede hacer todas las acrobacias verbales que quiera, pero en la práctica para los judíos el Nuevo Testamento ni siquiera existe. Además, decir que la única mediación posible para la salvación es Jesucristo, ¿no nos aparta de todo diálogo?".

Sin embargo el padre Angelo Amato, profesor dela Pontificia Universidad Salesiana de Roma y consultor para la Congregación para la Doctrina de la Fe ha señalado que el documento no propone nada nuevo por lo que el diálogo ecuménico permanece igual en sus elementos de interpretación.

"Dominus Iesus reafirma doctrinas centrales de la fe católica", dijo . Y señaló que la declaración propone a los católicos el reencuentro con su propia identidad, resumida en dos afirmaciones: el carácter único de salvación del misterio de Cristo y su universalidad; y la universalidad salvífica de la Iglesia como sacramento de salvación.

En su opinión el diálogo se funda sobre la identidad recíproca, lo que no significa falta de respeto a las otras religiones sino expresar la propia identidad. El diálogo puede luego converger sobre muchos aspectos: la paz, la cooperación, la armonía entre los pueblos.

Además, señala el experto, "el nuevo documento subraya lo que la Sagrada Escritura nos propone desde siempre, es decir que el único mediador entre Dios y la humanidad es nuestro Señor Jesucristo: como dice San Pedro: En ningún otro hay salvación si no en Jesucristo". Es por ello que el padre Amato repite que el documento no dice cosas nuevas y sólo hace luz sobre la identidad católica. Y como el Evangelio expresa "Jesucristo es la verdad, la plenitud de la verdad. Sobre esta base debemos conducir el diálogo".

Aclara que que obviamente esto no significa faltar al respeto a las otras religiones; significa ver en las otras religiones lo que hay de bueno, lo que hay de útil, lo que hay de humano.

El cristiano tiene que considerar lo que es religiosamente adecuado de las demás religiones como un don del Espíritu de nuestro Señor Jesucristo. También las otras religiones están por tanto bajo la luz de la gracia del Espíritu de Nuestro Señor Jesucristo.