Félix
Varela, director de la Escuela de Santa Mónica,
con un grupo de alumnos. Foto: M. Quarioni/TFC
Marlene Quaroni
La Voz Católica
MIAMI — Una nueva actitud y una nueva mano de pintura
han ayudado a atraer estudiantes en el nuevo año escolar
y poner fin a un descenso en la matrícula de dos escuelas
católicas.
"Hemos duplicado nuestra matrícula en los dos
últimos años, de 160 a más de 300 estudiantes",
informó Félix Varela, director de la escuela Sta.
Mónica cuyos estudiantes son en su mayoría
afroamericanos y caribeños.
En la escuela St. James, la matrícula subió en un 60
porciento a casi 300 estudiantes, informó su directora,
la hermana Kathleen Carr, SSJ.
Los cambios han sido muy positivos para ambos
planteles.
"Le llamamos ‘la nueva Sta. Mónica’",
expresó Varela. "Hemos creado un ambiente más
abierto hacia los estudiantes en el que el aprendizaje
será más divertido. He motivado a los maestros a decorar
sus salones y a tomar parte en nuestro equipo de
enseñanza y planificación. Nuestra escuela enfatizará
lo académico y la disciplina junto al entusiasmo y el
amor", dijo.
Varela, de 47 años, fue banquero internacional pero
dejó esa profesión después de 20 años. A pesar de que
ahora gana una quinta parte de lo que ganaba como
banquero, dice haber hallado su realización en el campo
de la educación. Además de su labor como director,
enseña matemáticas en octavo grado.
Su entusiasmo por Sta. Mónica le ha llevado a
residencias y centros comerciales del área, donde
distribuye folletos para que la gente sepa sobre la
existencia de la escuela.
Sus esfuerzos han dado resultado y ahora la escuela no
da abasto pues no hay espacio suficiente en el plantel de
dos pisos. Los estudiantes de quinto grado toman clases en
un lado de la cafeteria-salón parroquial y hasta el
templo es usado para algunas clases.
El director dice que tal situación es un bendición.
"La escuela estaba muriendo al tener la moral y la
matrícula muy bajas", expresó. "La escuela
Sta. Mónica está renaciendo. La población en el área
ha crecido gracias a las nuevas zonas en desarrollo. Aquí
hay futuro".
Y para crear un ambiente más escolar y familiar, la
mascota de la escuela, un caballo salvaje (mustang)
fue pintada en la fachada del edificio, trabajo pagado por
el maestro de quinto grado, Rafael Amador.
"Hemos iniciado un sistema de refuerzo
positivo", dijo Varela. "Un ‘buenos días’ o
una palmadita en el hombro hace que el estudiante entre en
confianza".
La parroquia St. David en Davie, "madrina" de
Sta. Monica, ha contribuído con un edificio móvil pero
la escuela necesita un permiso del condado para ocuparlo,
lo que tomará tiempo. Eventualmente, el edificio se
convertirá en un salón de clases y centro de recursos de
matemáticas y lectura. St. David también donó nuevos
pizarrones y una fuente de agua para impedidos.
La Universidad de Sto. Tomás también ha ayudado con
60 pupitres, Ntra. Sra. De los Lagos donó cajones de
metal (lockers) y se han recibido libros desde St.
David, St. Lawrence, St. Patrick y St. Andrew.
En St. James, donde los estudiantes son mayormente de
origen haitiano, tres antiguos estacionamientos han sido
convertidos en patio de recreo, campo deportivo y jardín.
El interior de la escuela y los pizarrones han sido
renovados y gracias a una concesión privada se ha podido
establecer un programa de lectura acelerada.
"Todo el ambiente de enseñanza ha mejorado",
dijo la hermana Carr. Se ha añadido un jardín infantil
para niños de 3 años y dos para niños de 4, más dos
clases de kindergarten.
"La clave es crecer a ambos niveles",
explicó la religiosa.
Los estudiantes de la escuela superior de St. Brendan
han adoptado la escuela St. James y les ayudarán con
material educativo que los maestros han colocado en una
"lista de deseos". Un consejero estará
disponible semanalmente como un servicio a estudiantes y
sus familiares.
"La moral está alta", dijo la hermana Carr.
"Tuvimos casa llena durante la orientación a los
padres y muchos de ellos se involucraron en la
escuela".
Marlene Quaroni escribe para las páginas locales de
The Florida Catholic.