Secciones

punto.gif (910 bytes) Vaticano
punto.gif (910 bytes) Miami
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Mundo/Nación
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes) Portada

 

Miami
 

CRECE EL GRANITO DE MOSTAZA


Mons. Román con las hermanas
Francisca Jáuregui y Teresita Meaux

MIAMI—La Ermita de la Caridad de Miami ya es Santuario Nacional y como tal pronto tendrá todo espacio adecuado para realizar su labor.

"Lo que empezó como un granito de mostaza va creciendo", explica el obispo Agustín Román mientras muestra las dependencias del nuevo edificio construido sobre la casita original que albergó a la Virgen.

En los años 60 la imagen estuvo en una capillita, frente al colegio de La Salle. Al construir la Ermita, la pequeña capilla se convirtió en lugar de trabajo y convento para las Hijas de la Caridad que atienden la labor pastoral. Como lugar de reuniones sólo existía un salón en los bajos del templo.

"Se pensaba entonces que el exilio regresaría pronto a Cuba", dice Mons. Román.

Pero con el crecimiento del exilio y de la devoción a la Virgen se ha hecho necesario un edificio adicional. El señala que igual que en la Misa hay dos partes importantes: la Palabra de Dios y la Eucaristía, también en la Ermita tiene que haber un templo para la Eucaristía y otro lugar para la evangelización. Por ello se está construyendo un lugar de reuniones de cuyo coste de $150,000 sólo faltan por recaudar $20,000.

"Aquí no se ha botado ningún ladrillo ni se ha destruido nada para construir", dice el Obispo. "Todo es parte de la historia, del grano de mostaza iniciado con el arzobispo Coleman F. Carroll".

Fue él quien decidió que los cubanos tuvieran su Ermita en la diáspora y por ello el edificio original ha quedado encerrado y sin tocar bajo la nueva estructura ideada por el arquitecto David Cabarroca.

Por fuera aparece algo nuevo: un edificio de dos pisos, con arcos y salones con bellos ventanales. Pero al entrar en la planta baja, uno se encuentra el mismo lugar de trabajo de antes y la residencia de las Hijas de la Caridad. Ellas han seguido allí su vida normal durante los meses de la obra.

"Lo hemos llevado bien", dice la hermana Francisca Jáuregui. "Pensamos en alquilar una casa, pero ello tenía los inconvenientes de tener que desplazarse cada día", dice. Ya habían tenido esa experiencia después de que el huracán Andrew les llenara todo de agua y arena. A veces llegaban a casa a las doce de la noche. Por eso decidieron quedarse.

El mismo monseñor Román reconoce que son el alma de la Ermita y sus fieles colaboradoras. La relación se remonta a los años antes de la revolución castrista, cuando Monseñor era el joven seminarista Aleido Román en San Antonio de los Baños en donde la Hna. Jáuregui estuvo destinada de 1951 a 1959 en el Colegio de La Santa Infancia.

"Ya se le veía como alguien excepcional", recuerda la religiosa. "El colegio era como su refugio. Le veíamos hacer su oración allí".

Después ella fue destinada a Guanabacoa y después llegó la salida de Cuba de las hermanas para Puerto Rico en donde estuvieron 10 años. Por insistencia de Mons. Bryan O. Walsh habían aceptado incorporarse a la naciente Diócesis de Miami para trabajar en el Centro Hispano, en el ‘downtown' de Miami. Y mientras llegaba el traslado iban a la Misa en la Academia de la Asunción, en Brickell Ave. en donde estaba asignado el padre Román.

"La cara me resultó familiar, pero el nombre ahora era Agustín", recuerda la Hermana Jáuregui. Fue él quien la reconoció y le dijo "nunca me he olvidado de rezar por usted".

Poco después cuando Mons. Roman fue puesto al frente de la Ermita , las Hijas de la Caridad volvieron a ser sus colaboradoras.

Pero no sólo ellas. La obra se realiza a través del aporte de miles de cofrades y docenas de voluntarios fieles.

Como en el caso del kiosco de los Tres Juanes que calma la sed de los peregrinos.

"Este kiosco no es un negocio particular, sino parte de la Ermita", explica Elvira De los Ríos que coordina a una docena de voluntarios. En el kiosco se vende el ‘bocadito tres juanes’ que preparan las Hijas de la Caridad, pastelitos, croqueticas y refrescos. Y por supuesto el ‘guarapo’ con caña de azúcar de Hialeah.

El kiosco se abre los domingos de 9AM a 6PM y también en días de fiesta como Navidad, Semana Santa y el día de la Virgen de la Caridad.