|
UNIDOS EN LA FE, LA VIRGEN Y EL DOLOR

Araceli M. Cantero
La Voz Católica
MIAMI— Mientras agitaba su pañuelo blanco para
recibir a la Patrona de Cuba, la hermana Francisca
Jáuregui no pudo contener las lágrimas de emoción.
"Fue muy emocionante ver entrar a la Virgen. Las
piernas me temblaban, porque no es lo mismo vivirlo en la
Ermita que estar aquí", dijo la religiosa que
asistía por primera vez al acto el pasado 8 de
septiembre.
Aunque ha cuidado de la Virgen durante 27 años, la
Hija de la Caridad de San Vicente de Paul nunca había
podido dejar la Ermita en este día. Pero esta vez, al
cumplir 50 años como ‘hija de la Caridad’ recibió un
homenaje especial junto a otras religiosas y no pudo
faltar.
"Todas estas religiosas dejaron su familia para
seguir una vocación y formar otra familia
religiosa", dijo el obispo auxiliar de Miami Mons.
Agustín Román al reconocer sus años de servicio, un
total de más de 1000 años en conjunto
El arzobispo John Clement Favalora y sus obispos
auxiliares, el arzobispo emérito Mons. Edward A.
McCarthy, unos 50 sacerdotes, docenas de diáconos y unos
12 mil fieles participaron en la celebración en la Arena
de American Airlines, junto a la Bahía de Miami.
Recuperando una tradición que había sido suspendida
desde que el huracán Andrew destrozara el Estadio de la
Marina, la imagen de la Virgen de la Caridad llegó por
mar, a bordo de un yate blanco pilotado por el doctor
José Centurión y acompañada por Mons. Román. Durante
la travesía, los fieles pudieron seguir el recorrido a
través de la transmisión de Radio Paz que también
viajaba a bordo.
Y cuando llegó la imagen a la Arena, un mar de
pañuelos blancos le dio la bienvenida. Los vítores y
canciones no cesaron durante el recorrido que hizo por
toda la Arena hasta ser situada en lugar de honor para la
celebración.

"Al ver a la Virgen y tanta gente aclamándola,
pensaba en la libertad de mi tierra y en cuándo la podré
visitar de nuevo", dijo la hermana Jáuregui quien 40
años antes había dejado Cuba con un grupo de 60
religiosas en un barco de carga en el que sólo había 6
camarotes que cedieron a las religiosas de más edad.
La emoción al ver a la Virgen entrar en la Arena se
unió, para la Hna. Jáuregui, a los recuerdos de
entonces: una travesía en la que no faltó la tormenta
que las religiosas tu-vieron que sufrir en cubierta.
"Protegíamos nuestras cofias como
podíamos", recordó con sentido del humor la
Hermana. Aún no se habían impuesto las reformas del
Concilio Vaticano II y las Hijas de la Caridad vestían el
típico hábito con una inmensa cofia almidonada que no se
podía mojar.
Era el año 1961 y después de una noche en Miami la
Hna. Jáuregui partió para Puerto Rico en donde sirvió
por 10 años antes de regresar a Miami, primero al Centro
Hispano en la Iglesia del Gesu y después a la Ermita de
la Caridad en donde sigue evangelizando y atendiendo a los
miles de peregrinos que allí acuden.
Prueba de su popularidad y la de su diócesis de origen
fueron los aplausos que se escucharon en la Arena cuando
la diminuta religiosa santiaguera subió al podio para
orar por la Iglesia en Santiago de Cuba y por su también
popular arzobispo Mons. Pedro Meurice. El también fue
hecho presente por el padre Oscar Castañeda durante la
homilía al recordar su afirmación delante del Papa
"el cubano vive, sufre y espera aquí y vive, sufre y
espera allá".
Representantes de las diócesis de Cuba se acercaron al
altar para presentar agua traída de cada diócesis en la
Isla, agua que unieron con el agua de Miami y sirvió
después para bendecir a los fieles recordándoles su
bautismo. "Es un modo de presentar también el
crecimiento de la Iglesia en Cuba", dijo Mons.
Román. Muchos dejaron la Isla cuando sólo había seis
diócesis y ahora ya son 11", explicó el Obispo.
El agua había sido presentada a la Virgen la noche
antes durante una velada de canciones y oración en la
Ermita por artistas cubanos. También se le entregaron a
la Virgen las llaves de todos los municipios de Cuba.
Al iniciar el acto en la Arena, el arzobispo Favalora
invitó a los fieles a imitar a María.

"Nadie se ha alimentado más que Ella de la
Palabra de Dios", les dijo , instándoles a no dejar
de ir a la Iglesia y de ir a Misa. También pidió a la
Virgen "que nos ayude a lograr la unidad y la
libertad de los cubanos y de todos los pueblos
latinoamericanos… que podamos volver a ver a Cuba libre,
mientras permanecemos unidos en la fe, la esperanza y la
caridad".
Y ante el júbilo de todos, el Arzobispo anunció que
"La Ermita de la Caridad ha sido designada como
Santuario Nacional de la Iglesia de los Estados Unidos,
como un símbolo de la lucha por los derechos humanos y la
libertad de todos los cubanos", Felicitó a Mons.
Román por su labor pastoral y su amor a la Ermita desde
su fundación.
Una inmensa bandera cubana coronaba el escenario del
acto, en donde la Virgen de la Caridad vestía un traje de
reina, bordado en oro, con los escudos de los cuatro Papas
relacionados con su historia. Debajo , resaltaba el
colorido del escudo cubano.
"No hemos venido aquí a buscar
entretenimiento", dijo el padre Castañeda.
"Hemos venido aquí con una fe más fuerte que el
jiquí", dijo , aclarando que es a la más fuerte
madera cubana "que además nunca se pudre".
En su homilía, de más de media hora, el padre
Castañeda, párroco de la Iglesia de Nuestra Señora del
Perpetuo Socorro, en Opa Locka, reafirmó el magisterio de
los obispos como maestros de la verdad, recordó el
llamado del Arzobispo de Miami a tomar en serio el Año
del Jubileo e instó a los fieles a ser defensores de la
vida, "porque el aborto es la primera forma de
violencia contra el ser humano".
Y al recordar el lugar del evento, una ‘arena
deportiva’ a las orillas del mar, se remontó a la
época de los primeros cristianos en que los creyentes
eran lanzados a los circos romanos para ser despedazados
por los leones.
"Hoy, otros leones quieren devorar al pueblo con
ideologías perversas", dijo.
"El mar es también escenario de muchos otros
mártires que en nuestra historia particular han
sacrificado sus vidas por lograr sus ideales…"
No faltaron alusiones a patriotas cubanos ni tampoco
citas del padre Félix Varela sobre el amor a la Patria,
"porque es como una madre y las madres nunca mueren
para sus hijos".
Y aunque reconoció que no son sólo cubanos quienes
acuden a celebrar a la Virgen de la Caridad sí resaltó
que a los cubanos "nos une la fe, la Virgen y el
dolor, que este año ha sido muy grande".
Evocando el Evangelio de la Misa sobre las Bodas de
Caná, señaló que "en esta noche el Señor quiere
cambiar el agua de nuestro cansancio interior, sanar
nuestras heridas… Y María está aquí con todos
nosotros para indicarnos el camino de la esperanza: Hagan
lo que El les diga".
más fotos |