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200 mil en Jubileo de las Familias
El ser humano está llamado a la
relación, señala el Papa

VATICANO, (ZENIT) - La lluvia torrencial no logró
desanimar a los 200 mil peregrinos que participaron el 15
de octubre en la celebración culminante del Jubileo de
las Familias en Roma, el acontecimiento que ha reunido al
mayor número de gente en este Año Santo, después de las
Jornadas Mundiales de la Juventud.
Bajo la lluvia, Juan Pablo II, que definió la familia
como "un laboratorio de humanización y de auténtica
solidaridad", celebró el sacramento del matrimonio
de ocho parejas de los cinco continentes. Y así, en pleno
rito solemne, entre el estruendo de la lluvia, la
muchedumbre estalló con el grito: "¡Vivan los
novios!".
Muchos de los peregrinos tuvieron que seguir la
ceremonia desde la Vía de la Conciliación y las
callejuelas paralelas. Refugiándose con paraguas de todos
los colores, matrimonios, armados de biberón con niños
cargados a la espalda de su padre dentro de una mochila,
parejas mayores... dieron un espectáculo de color y
paciencia en la historia de Roma.
El cardenal Alfonso López Trujillo, presidente del
Consejo Pontificio para la Familia, felicitó a Juan Pablo
II por el vigésimo tercer aniversario de su pontificado,
el 16 de octubre.
La liturgia fue concelebrada por 75 cardenales y
obispos. La homilía fue ocasión para que obispo de Roma
recalcase algunos de sus temas favoritos.
"El ser humano — explicó— no ha sido hecho
para la soledad, lleva en sí la vocación de la
relación, arraigada en su mis-ma naturaleza
espiritual".
"Al ser humano no le bastan las relaciones
puramente funcionales. Necesita relaciones
interpersonales, ricas de inte-rioridad, de gratuidad, de
entrega en oblación. Entre éstas, es fundamental la que
se realiza en la familia".
Citando la Biblia habló del matrimonio como "una
sola carne".
"Por eso la Iglesia tiene la tarea de testimoniar
en la historia este designio originario, manifestando su
verdad y mostrando que es posible", añadió.
"Al hacer esto, la Iglesia no esconde las
dificultades y los dramas, que la concreta experiencia
histórica registra en la vida de las familias",
aclaró.
Sabe también que la voluntad de Dios, acogida y
realizada con todo el corazón, "no es una cadena que
hace esclavos, sino la condición de una libertad
auténtica que tiene en el amor su plenitud".
El Santo Padre recordó que "los hijos son la
primavera de la familia y de la sociedad" y hacen
"que los esposos sean 'una sola carne'. Esto sucede
tanto con los hijos nacidos de la relación natural entre
los cónyuges como con los hijos queridos a través de la
adopción".
"Los hijos no son un 'accesorio' en el proyecto de
una vida conyugal. No son algo opcional, sino un don
precioso, inscrito en la estructura misma de la unión
conyugal", dijo.
"De este modo se respeta el derecho de los hijos a
nacer y crecer en un contexto de amor plenamente humano.
Al conformarse con la palabra de Dios, la familia se
convierte así en laboratorio de humanización y de
auténtica solidaridad".
Al terminar el encuentro, Juan Pablo II invitó a todas
las familias a participar en el próximo Encuentro del
Papa con las Familias que se celebrará en el año 2003 en
Manila, Filipinas. |