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La voz del Arzobispo John C. Favalora

La violencia
engendra violencia
 

 

 

Mis queridos amigos:

Este verano, cuatro organizaciones nacionales ofrecieron una respuesta al por qué de la tragedia en Columbine y otras similares. En términos certeros explicaron que la violencia en la televisión, las películas, los juegos de vídeo y hasta en los vídeos musicales está directamente vinculada a los incidentes de violencia entre los niños.

Recientemente la Comisión Federal del Comercio publicó un informe basado en los planes de promoción de las propias compañías el cual reveló que los juegos de vídeo con clasificación para adultos se promovían a jóvenes entre las edades de 12 a 17 años. El plan de promoción para una película clasificada "R" indicaba explícitamente que su propósito era "asegurarse de que todas las personas entre las edades de 12 a 18 estuvieran expuestas al film".

Entonces, ¿por qué nos sorprende que los jóvenes materialicen sus violentas fantasías en la vida real? El sentido común nos dice que el nivel de violencia en nuestra sociedad ha aumentado y que más niños están expuestos a ella desde temprana edad.

"La conclusión de la comunidad de salud pública, basada en más de 30 años de investigaciones, es que la exposición a entretenimiento violento puede llevar a aumentos de actitudes, valores y comportamientos violentos, particularmente en los niños", se indicó en la declaración conjunta emitida por la Asociación Médica Americana, la Academia Americana de Pediatría, la Asociación Psicológica Americana y la Academia Americana de Psiquiatría de Niños y Adolescentes.

Quizás debiéramos hacer a la industria del entretenimiento lo que le hemos hecho a la industria del tabaco. En vez de regular sus productos, les hemos prohibido venderlos o promocionarlos entre los niños al asociarlos con caricaturas, anunciarlos en televisión, carteleras y artículos de vestir además de extraerles grandes sumas de dinero como compensación por los efectos dañinos de sus productos.

Podríamos prevenir a las compañías de entretenimiento promocionar sus peligrosos productos a futuras generaciones. Por supuesto, la respuesta de sus líderes es que los padres deben ejercer control sobre lo que sus hijos ven o juegan, con el argumento de que pueden usar el control remoto o el "V-chip". El informe federal hizo claro que "tal promoción frustra el intento de los padres de informarse antes de tomar decisiones sobre la exposición de sus hijos al contenido violento".

La misma lógica y sentido común deben ser aplicados a la promoción masiva de la sexualidad que tanto aparece en películas, televisión, vídeos musicales y letras de las canciones.

Al igual que con la violencia nos preguntamos por qué nuestros niños están sexualmente activos a temprana edad pero somos reacios a culpar a quien es culpable: una cultura inundada de imágenes sexuales que promueven la promiscuidad.

Como dice el refrán: "eres lo que comes". Es tiempo de que nos preguntemos si una dieta rica en violencia y sexualidad es saludable para nuestros niños.