Al acercarse las elecciones sería mucho más
fácil si el obispo, o el párroco, desde el púlpito,
nos dijera por quién tenemos que votar. Si así
fuera, podríamos tranquilamente descargar nuestra
conciencia de esa responsabilidad y podríamos dejar
para otros las consecuencias de tal o cual decisión.
Pero las cosas no son así. Ni la Iglesia ni sus
representantes nos dicen cual ha de ser el candidato
favorito. Nos toca a nosotros examinar el conjunto de
sus posiciones y decidir quién se ajusta mejor a los
valores que hemos hecho nuestros como católicos.
Participar en el proceso político es algo bien
serio y es una responsabilidad moral para los
creyentes, por eso la Iglesia se preocupa de ofrecer
orientación. Lo han hecho los obispos de Estados
Unidos hace varios meses al redactar unas guías para
este año de elecciones.
El documento Católicos comprometidos:
Responsabilidad cívica para un nuevo milenio, del
que hablamos en esta edición, fue enviado a las
parroquias hace meses. Pero también está disponible
por la red de internet en