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Opiniones
 

Lleva a Dios en tu caminar

Xiomara Pagés
Escritora cubana residente en Miami

"Es difícil mirar hacia el futuro cuando se tienen 23 años y una columna vertebral partida en mil pedazos", me comentaba un sacerdote amigo.

El silencio de la casa, desde donde lo llamaron unos padres preocupados, era inmenso. Nadie hablaba. Desde la poca luz que se veía por el ventanal, se podía distinguir una cancha de tenis, una piscina y un bello jardín. Pero en el medio de la sala, con los ojos apagados, permanecía sentado en un sillón de ruedas un joven fuerte, que apenas sonreía. El triste inválido no comprendía para qué había estudiado tanto, de qué le sirvieron sus buenas notas, todas las cosas materiales que poseía. Había sido un gran futbolista y hoy permanecía inmóvil. Nunca se había preparado para caer de una moto y quedar paralizado. Lo tenía todo, pero le faltaba una moto. Y le compraron la mejor, la más rápida.

Lo creía tener todo, pero le faltaba Dios. No lo tuvo, no lo necesitaba. Sólo quería triunfar porque él lo tenía todo. Y se olvidó de su alma.

Cada uno de nosotros tiene un cuadro diferente que contar. El de algunos puede ser un cáncer; otros perdieron el empleo o perdieron a un hijo. Otros destruyeron o les destruyeron su matrimonio. Muchos han perdido la esperanza y la fe. ¡Son tantos y tantos los casos!

Pasamos por la vida creyendo que nuestra vida es la única, que nuestro dolor es mayor y no nos fijamos bien en cada rostro y lo que puede haber detrás de cada uno. Una historia en su corazón, un problema, un pesar. Sin embargo, ¡son tantos los que creen no necesitar a Dios!

Una casa no se construye para cobijarnos, huyendo de la lluvia. Una casa se construye para constituir un hogar y si llueve, entonces tendremos también dónde resguardarnos. A Dios no lo podemos poner en el alma solamente cuando hay accidentes, tragedias, una pérdida o una enfermedad. No. A Dios se le tiene siempre, siempre para ser feliz. El es el único que de veras podrá resguardarte de los peligros.

Si no le tienes aún, piensa en la historia de este joven o en la tuya propia. Mira a tu alrededor y aprende a observar el dolor ajeno. Da un poco más de amor y comprensión. No te olvides de tu prójimo.

Y aún cuando pienses que lo tienes absolutamente todo, lleva a Dios en tu caminar. Te aseguro que es la única manera de mirar hacia el futuro, con los años que tengas y con los problemas y las penas que sean.