Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

La voz del Arzobispo John C. Favalora

La ciencia nos da la razón  

 

 

Mis queridos amigos:

¿Existe algún profesional de la salud que le diga a un niño: ‘no fumes pero, si lo haces, usa un cigarrillo con filtro; no uses drogas pero, si lo haces, asegúrate que las agujas están limpias; no juegues con armas pero, si lo haces, quítale las balas primero’? Suena tonto, ¿no? Sin embargo, eso es exactamente lo que hemos estado diciéndole a los niños por los últimos 30 años: ‘no lo hagas pero, si lo haces, usa control de la natalidad’.

Entonces, aparentemente aprenden lo equivocado. Más jóvenes sostienen relaciones sexuales a edad más temprana; más jovencitas quedan embarazadas y más recurren al aborto. La incidencia de enfermedades venéreas y SIDA entre los adolescentes continúa aumentando.

Por años, la Iglesia Católica ha sido desacre-ditada por predicar la castidad. Hemos enfatizado que la “protección” que se enseña en la educación sexual ha tenido el efecto opuesto en la juventud haciéndole creer que está bien sostener relaciones sexuales mientras nadie salga afectado físicamente… excepto el niño por nacer.

Ahora la ciencia parece apoyar a la Iglesia Católica. Según el National Catholic Register, un estudio publicado en el Boletín Británico de Medicina en agosto encontró no sólo que los programas de educación sexual que promueven la contracepción fallan en reducir la incidencia de embarazo entre las adolescentes, sino que las que acuden a profesionales médicos de la contracepción en realidad tienen una incidencia mayor de embarazos.

El investigador Richard Churchill, de la Universidad de Nottingham, Inglaterra, informó al Register que sus resultados parecen retar “la sabiduría de que si las jovencitas reciben servicios contraceptivos se reducirán los embarazos”. Pero no dijo que los programas de educación sexual no funcionan, implicando que lo que se necesita es “pulirlos”.

Tal argumento falla a la luz de la lógica. Si el “sólo di que no” es una enseñanza válida cuando se trata de drogas o de tomar, ¿por qué no lo es para el sexo?

Es un hecho que algunos niños experimentarán con drogas. Hay muchas razones sicológicas y sociales que no pueden ser resueltas con una simple frase. Pero el mensaje es claro: ‘No lo hagas. Resiste la tentación. Ejercita el autocontrol’. Esto es exactamente lo que la Iglesia enseña sobre el sexo. Nuestra posición es clara y constante: nuestro cuerpo es un regalo sagrado de Dios, templo del Espíritu Santo. Por eso no podemos abusar de él con drogas, alcohol o sexo.

La Iglesia enseña que la sexualidad humana también es regalo de Dios, un compartir en su poder creativo. Como tal no puede ser abusado. Requiere una madurez que sólo puede expresarse dentro de los confines del compromiso matrimonial precisamente porque tiene serias consecuencias: la creación de una nueva vida humana, lo que conlleva responsabilidades.

La Iglesia no se opone a la educación sexual, la cual hemos impartido muy bien a través de los siglos. A lo que nos oponemos es a los programas de educación sexual que sólo presentan los aspectos biológicos de la sexualidad e implican que los “efectos” del sexo pueden ser eliminados por la contracepción o el aborto. Rechazamos la lógica de que el autocontrol es posible al tratarse de las drogas, pero imposible si se trata del sexo. Rehusamos someternos a la idea de que el impulso sexual es tan fuerte que no se pueda superar, incluso a edad temprana.

Como dijo el padre Matthew Habiger, presidente interino de Vida Humana Internacional, al comentar sobre el estudio: “Mientras los investigadores llegan a la conclusión de que las adolescentes no son lo suficientemente maduras para tomar la píldora anticonceptiva, nadie llega a la conclusión más obvia: que no son lo suficientemente maduras para sostener relaciones y la educación sexual ha fallado miserablemente al hacerles ver lo contrario”.