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La
ciencia nos da la razón |
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Mis queridos amigos:
¿Existe
algún profesional de la salud que le diga a un niño: ‘no
fumes pero, si lo haces, usa un cigarrillo con filtro; no
uses drogas pero, si lo haces, asegúrate que las agujas están
limpias; no juegues con armas pero, si lo haces, quítale
las balas primero’? Suena tonto, ¿no? Sin embargo, eso es
exactamente lo que hemos estado diciéndole a los niños por
los últimos 30 años: ‘no lo hagas pero, si lo haces, usa
control de la natalidad’.
Entonces, aparentemente aprenden lo
equivocado. Más jóvenes sostienen relaciones sexuales a
edad más temprana; más jovencitas quedan embarazadas y más
recurren al aborto. La incidencia de enfermedades venéreas
y SIDA entre los adolescentes continúa aumentando.
Por años, la Iglesia Católica ha sido
desacre-ditada por predicar la castidad. Hemos enfatizado
que la “protección” que se enseña en la educación
sexual ha tenido el efecto opuesto en la juventud haciéndole
creer que está bien sostener relaciones sexuales mientras
nadie salga afectado físicamente… excepto el niño por
nacer.
Ahora la ciencia parece apoyar a la
Iglesia Católica. Según el National Catholic Register, un
estudio publicado en el Boletín Británico de Medicina en
agosto encontró no sólo que los programas de educación
sexual que promueven la contracepción fallan en reducir la
incidencia de embarazo entre las adolescentes, sino que las
que acuden a profesionales médicos de la contracepción en
realidad tienen una incidencia mayor de embarazos.
El investigador Richard Churchill, de
la Universidad de Nottingham, Inglaterra, informó al
Register que sus resultados parecen retar “la sabiduría
de que si las jovencitas reciben servicios contraceptivos se
reducirán los embarazos”. Pero no dijo que los programas
de educación sexual no funcionan, implicando que lo que se
necesita es “pulirlos”.
Tal argumento falla a la luz de la lógica.
Si el “sólo di que no” es una enseñanza válida cuando
se trata de drogas o de tomar, ¿por qué no lo es para el
sexo?
Es un hecho que algunos niños
experimentarán con drogas. Hay muchas razones sicológicas
y sociales que no pueden ser resueltas con una simple frase.
Pero el mensaje es claro: ‘No lo hagas. Resiste la tentación.
Ejercita el autocontrol’. Esto es exactamente lo que la
Iglesia enseña sobre el sexo. Nuestra posición es clara y
constante: nuestro cuerpo es un regalo sagrado de Dios,
templo del Espíritu Santo. Por eso no podemos abusar de él
con drogas, alcohol o sexo.
La Iglesia enseña que la sexualidad
humana también es regalo de Dios, un compartir en su poder
creativo. Como tal no puede ser abusado. Requiere una
madurez que sólo puede expresarse dentro de los confines
del compromiso matrimonial precisamente porque tiene serias
consecuencias: la creación de una nueva vida humana, lo que
conlleva responsabilidades.
La Iglesia no se opone a la educación
sexual, la cual hemos impartido muy bien a través de los
siglos. A lo que nos oponemos es a los programas de educación
sexual que sólo presentan los aspectos biológicos de la
sexualidad e implican que los “efectos” del sexo pueden
ser eliminados por la contracepción o el aborto. Rechazamos
la lógica de que el autocontrol es posible al tratarse de
las drogas, pero imposible si se trata del sexo. Rehusamos
someternos a la idea de que el impulso sexual es tan fuerte
que no se pueda superar, incluso a edad temprana.
Como dijo el padre Matthew Habiger,
presidente interino de Vida Humana Internacional, al
comentar sobre el estudio: “Mientras los investigadores
llegan a la conclusión de que las adolescentes no son lo
suficientemente maduras para tomar la píldora
anticonceptiva, nadie llega a la conclusión más obvia: que
no son lo suficientemente maduras para sostener relaciones y
la educación sexual ha fallado miserablemente al hacerles
ver lo contrario”.
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