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Abierta la causa del padre John J. McKniff

El misionero agustino trabajó
incansablemente en Cuba y en el Perú


Padre Joseph J. McKniff, OSA

MIAMI – El pasado mes de agosto se abrió la causa de beatificación del padre agustino John J. McKniff en la diócesis de Chulucanas, al norte del Perú.

“Realmente el acontecimiento es un suceso”, expresó Mons. Oscar Cantuarias Pastor, Arzobispo Metropolitano de Piura y Tumbes, quien hizo la apertura de la causa de beatificación del misionero agustino. “Es la primera vez que se abre la causa de elevación a los altares de un sacerdote que hizo labor pastoral al norte del Perú”, explicó.  


Antigua foto de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje, 
donde fue párroco el padre McKniff. 
(Fotos cortesía de Amelia Potestad)

La apertura de la causa del padre McKniff se inició el lunes, 28 de agosto en Chulucanas con la presencia de Mons. Cantuarias, Mons. Juan McNabb Conway, OSA, Obispo de la diócesis y Mons. Daniel Turley Murphy, OSA, Obispo Coadjutor, además de otros sacerdotes procedentes de Roma y de distintas partes del país. El padre McKniff hizo labor pastoral en la diócesis de Chulucanas desde 1972 hasta 1994.

El misionero agustino nació en Pennsylvania el 5 de septiembre de 1905. Fue ordenado sacerdote el 6 de julio de 1930. En 1939 viajó a Cuba donde trabajó por casi 30 años, siendo párroco de la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje en La Habana. Allí fundó la Escuela Parroquial de Santo Cristo.

“La educación material y espiritual y la disciplina de esa escuela no tenían nada que envidiarle a la mejor escuela de la época”, asegura a través de un comunicado Aida Potestad, quien formó parte de la labor pastoral del padre McKniff.

“Siendo sacerdote de comunidad, los últimos 8 años que vivió en la Isla los vivió solo pues el gobierno cubano había expulsado al resto de los sacerdotes agustinos”, recuerda Potestad. Tras salir de Cuba en 1968  por motivos de salud, se le niega la entrada a su regreso al país porque “según el gobierno, el padre McKniff ‘hablaba demasiado’”, indicó.

En 1972 regresó a las misiones, estableciéndose en la Prelatura de Cholucanas donde trabajó en diveras parroquias buscando siempre mejo-rar el espíritu religioso de los fieles.

El padre McKniff dedicó mucho tiempo a la pastoral de los enfermos y a la Legión de María, llegándosele a conocer como “el padre de la Legión de María”.

Potestad expresó que McKniff consideraba a Cuba su segunda patria. “En ella había dejado la mitad de su corazón y siempre deseó regresar a su parroquia en La Habana Vieja”, indica al explicar que con ese deseo murió en 1994 durante una de sus visitas a Miami “rodeado y cuidado por sus hermanos agustinos y sus antiguos feligreses en el exilio”.

B.TIRADO-TORRES