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Celebran
350 años de fundación
Las
Hermanas de San José administraron hospitales, enseñan en
escuelas y también cultivan el arte

El arzobispo
Favalora saluda a varias de las Hermanas de San José tras la
Misa en la que celebraron los 350 años de fundación. (Fotos:
Ana Rodríguez-Soto)
Ana
Rodríguez-Soto
La Voz Católica
MIAMI
— Llegaron desde Francia, donde sobrevivieron a la
guillotina, para ubicarse en los pantanos de la Florida y, al
llegar, las Hermanas de San José recibieron insultos y fueron
arrestadas por educar a los hijos de esclavos libres.
Ese
es el legado que las valientes religiosas de St. Augustine
conmemoran este año al cumplir 350 años de fundación.
“Ellas
son la columna vertebral del crecimiento de la Iglesia en la
Florida”, expresó el Arzobispo de Miami, Mons. John C.
Favalora, al recordar sus 134 años de servicio en este estado.
El Arzobispo elogió su misión durante una Misa el 22 de
octubre, a la que asistieron unas 30 religiosas que
actualmente realizan su ministerio en la Arquidiócesis.
Antes
de que se estableciera la primera diócesis, respondieron al
llamado del primer obispo del Estado, Mons. Agustín Verot,
entonces obispo de Savannah y Vicario Apostólico para la
Florida, quien había escrito que “tenemos de 500 a 600
negros sin educación, sin religión y sin bautismo por
quienes desearía que algo se hiciera”.
Ocho
religiosas llegaron en agosto de 1866 y establecieron la
primera escuela de enseñanza gratuita para negros en St.
Augustine.
“No
hablaban el idioma, nunca habían visto a un afroamericano. No
se imaginaban lo que significaba la esclavitud y sus horrores”,
indicó la Hermana Elizabeth Worley. “No tenían idea de cómo
vivir en el trópico con sus hábitos de lana. Era totalmente
extraño”, añadió la presidenta de la Junta del Hospital
Mercy, administrado por las Hermanas de San José desde su
fundación hace 50 años.
Para
mantener la comunidad y las escuelas pobres, las religiosas
fundaron academias en las que enseñaban a niñas ricas francés,
música y el arte de hacer encajes. Dichas academias se
convertirían más tarde en las escuelas Gesu en Miami y Sta.
Teresita en Coral Gables, que celebra este año su 75to
aniversario.

La
Hna. Flynn con dos antiguas alumnas del colegio de la Catedral
Las
hermanas optaron por desafiar una ley del 1913 que prohibía a
personas de la raza blanca educar a los negros en las escuelas
de estos.
En
1916, tres Hermanas de San José que enseñaban en la escuela
St. Benedicto el Moro en St. Augustine, fueron arrestadas por
violar la ley. En su libro Catholicism in South Florida (Catolicismo
en el sur de la Florida), el padre Michael McNally relata que
dos de ellas fueron liberadas pero la tercera, la Hna. Mary
Thomasine, “rehusó aceptar la libertad” y fue mantenida
bajo arresto domiciliario. Eventualmente fue exhonerada y la
ley fue declarada inconstitucional.
Fieles
al mandato de su fundador, el sacerdote jesuita Jean Pierre
Medaille, las Hermanas de San José adaptan su ministerio a
las necesidades de la Iglesia de la Florida. Tales como el
Hospital Mercy, la atención a los trabajadores agrícolas,
los presos y pacientes del SIDA. Han enseñado
en las escuelas de la Catedral de St. Mary, Sts. Peter
and Paul, St. James en North Miami y St. Stephen’s en
Miramar, además de administrar las escuelas Morning Star para
incapacitados. La congregación tiene un centro de
espiritualidad en St. Augustine y una casa de retiros en
Tallahassee.
Actualmente
la congregación cuenta con 100 hermanas, de las cuales 36
residen en St. Augustine. La mayor tiene 94 años y entró a
la congregación hace 78. La más joven en términos de
profesión es la Hna. Stephanie Flynn, quien entró hace siete
años y es la directora asistente de la escuela St. James así
como la directora de vocaciones de la congregación.
A
pesar de que las vocaciones no son tan abundantes como antes,
“hay personas interesadas”, dice la religiosa. “En estos
momentos la juventud busca un sentido de comunidad,
espiritualidad y servicio. Eso es lo que podemos ofrecerle”,
añadió.
Tres
hermanas continúan ampliando la misión: una es alfarera,
otra hace vitrales y la tercera es arquitecta, trabajando como
consultora de diseño litúrgico para las iglesias.
La
Hna. Worley dice que se trata de responder a las necesidades
de la Iglesia, donde sea y cuando sea. “Es ir y hacer, tan
sencillo como eso”.
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