Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Opiniones
 

Un ejército de sonrisas

Hada M. Morales
Escritora católica nicaragüense residente en Miami.

Ser felices no es una casualidad ni un golpe de suerte. ¡Ser felices es una decisión muy personal!

El poder de ser felices ya lo ha depositado Dios dentro de nosotras mismas. Por eso hoy, querida amiga, dame tu damo para que juntas y en el Amor de nuestro Creador caminemos en busca de la felicidad.

Hemos oido cientos de veces que la felicidad no radica en cosas materiales (que son necesarias) y cuánta verdad hay en esto. A medida que vamos sumergiéndonos en el Amor de Dios, vamos dándonos cuenta que todo pasa menos su fidelidad y su inagotable misericordia. Al experimentar su maravillosa presencia en nuestro diario andar, poco a poco nuestras  vidas van tomando un enfoque y un rumbo muy diferentes. La Paz, fruto de la certeza de ser amadas y sostenidas por un Padre que aunque pasen los siglos no se cambia de dirección ni se ha vuelto sordo o indiferente ni tampoco mudo para no contestar nuestro clamor. El nos va colmando de ese gozo que a pesar de las circunstancias adversas de la vida permanece en nosotras y que el mundo no entiende.

Me gustaría que a partir del momento en que estás leyendo este artículo y luego leas los próximos de esta columna, compartamos juntas algunos de los hábitos que nos ayudarán a caminar por esa vida colmada de abundancia que nuestro Padre quiere para cada una de nosotras.

Por eso hoy daremos el primer paso y lo llamaremos: sonreír.

Hermana querida, ¡qué buen bálsamo para el espíritu es la gracia de poder sonreír! Tal vez en este momento no estés haciéndolo con frecuencia y este acto de "mostrar tus bellos dientes" al comienzo te parezca tonto o poco sincero, pero a medida que lo pongas en práctica algo dentro de ti misma también sonreirá.

Impongámonos el hábito de regalarle una sonrisa a todo aquel que nos encontremos en nuestro apurado andar. ¡Sólo pruébalo! Te sorprenderán las reacciones de las personas cuando les sonrías. Unas mostrarán asombro y se extrañarán pues, en esta realidad donde cada uno vive en su propio mundo, cuando les regalas una cálida sonrisa les estás diciendo que aún existimos seres humanos capaces de amar y de ser afables con los demás.

Otros de linda gana te la devolverán. Por ahora tal vez sean los menos, pero cuando tú y yo y muchas de nosotras nos confabulemos y formemos un ejército de mujeres que sonríen porque llevan gozo en sus corazones, cada vez habrá más gente sonriendo. ¡Créelo!

La Palabra de Dios dice: "Todo lo que el ser humano sembrare, eso también segará". Y nosotras podemos ser sembradoras de sonrisas y cosecharemos gozo.

Así, querida mujer, has quedado oficialmente reclutada en las filas del amor y del gozo interior que Dios ya ha depositado en tu corazón y en el mío. Entonces... ¡a sonreír se ha dicho!

Lee Eclesiástico 30: 22-25 y te espero en la próxima entrega. Hasta entonces, ¡bendiciones!