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Notas al margen

De los históricos comicios electorales del pasado 7 de noviembre podemos obtener una lección en humildad. Ha quedado demostrado que existe una  línea divisoria casi imperceptible entre mantener la integridad del proceso electoral y el riesgo de caer en el caos y la confusión.

Todo esto en un país que actúa como “observador” o “vigilante” en el proceso electoral de otras naciones.

Al cierre de esta edición, siete días después de las elecciones presidenciales, todavía quedaba por decidirse quién se encargaría, a partir de enero del 2001, de nuestro destino político durante los próximos cuatro años.

Y mientas escribimos estas líneas, los obispos católicos del país comenzaban su reunión anual en Washington donde emitirían declaraciones sobre temas tan importantes como  la justicia criminal, la defensa de la vida y la acogida y defensa de  los inmigrantes.

Para los católicos no debe ser difícil enlazar la política con la práctica de la fe. Además los votantes católicos han demostrado, cada vez con  mayor impacto, que son una fuerza decisiva en las contiendas electorales.

Este mes,  en el que celebramos el Día de Acción de Gracias,  puede ser una  invitación a reflexionar sobre los privilegios  que gozamos día a día  en esta nación y que tan fácilmente damos por sentado. Solamente con echar un vistazo a la realidad en otros países nos daremos cuenta de las bendiciones por las que debemos dar gracias al Creador.

BRENDA E. TIRADO-TORRES