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Dios
ama sin prejuicios
Una
red de voluntarios ofrece apoyo
para los enfermos del SIDA

Elizabeth Vera, coordinadora de la Pastoral
de VIH/SIDA en Miami-Dade
Brenda
Tirado-Torres
La Voz Católica
MIAMI
— Porque conoce el rechazo al que están expuestos los
pacientes del SIDA, Elizabeth Vera tiene como misión
demostrarles que el amor de Dios es infinito.
Vera
es coordinadora de servicios y voluntarios de la Pastoral
de VIH/SIDA en el condado Dade y tiene como prioridad un
tratamiento que les ayude "a mejorar la calidad de
vida y a prepararse para alcanzar la muerte en paz".
Pero
desgraciadamente no es lo que siempre encuentra entre las
personas infectadas por el Virus de Inmunodeficiencia
Humana (VIH) o por las enfermedades que son consecuencia del SIDA.
"Como
cristianos, laicos o clero, les hemos dejado un mal sabor",
asegura.
"Han
visto a Dios reflejado en nosotros y, en el peor de los
casos, esa experiencia pudo haber sido influenciada por
nuestra ignorancia o nuestro desprecio", explica
Vera, que lleva 13 años trabajando en este campo, los
cuatro últimos con el Programa de la Arquidiócesis.
Este
tipo de labor
pastoral cuenta con equipos en
algunas parroquias,
pero otras temen involucrarse, dice Vera. Ella
adjudica tal actitud al hecho de que es una enfermedad
relacionada con la sexualidad en la mayoría de los casos.
"Para
ayudar en esta situación la gente debe sentirse cómoda
con su sexualidad sin dejar a un lado la espiritualidad",
indica.
En
sus años de experiencia ha visto dos tipos de temor a la
enfermedad. Uno es temor al contagio,
que es fácil de eliminar con una buena educación
sobre cómo evitarlo.
“El
otro miedo —más difícil de superar— es por el
prejuicio, al pensar que es una enfermedad exclusiva de
‘ciertos grupos’ sociales y el
temor al qué dirán ‘si me ven con aquella que
es drogadicta o prostituta, o con aquél que es
homosexual’”, explica Vera.
Según
datos del Centro para el Control de las Enfermedades, en
los últimos años ha habido un incremento en la
incidencia de VIH entre mujeres heterosexuales
afroamericanas e hispanas, alcanzando un 77% del total de
mujeres infectadas.
Entre
los varones, afroamericanos e hispanos suman el 59% del
total de hombres infectados. “Otro grupo que se está
viendo afectado es el de hombres mayores que ahora usan
Viagra”, comenta.
“Muchos
se sienten como adolescentes y hacen caso omiso de las
advertencias, pensando ‘eso no me va a pasar a mí’”.
Florida
ocupa el tercer lugar en casos de SIDA y Miami es la
cuarta ciudad a nivel nacional.
En
la Arquidiócesis de Miami la pastoral de VIH/SIDA,
dirigida por el padre Dennis Rausch y adscrita a Caridades
Católicas, se inició en 1992 en el condado Broward y en
1995 en Miami-Dade. Los clientes son referidos a través
de la Pastoral Social de cada parroquia, diáconos o
agencias comunitarias, incluyendo hospitales y oficinas médicas.
También a través de familiares, amigos o los propios
clientes.
Como
coordinadora en Miami-Dade, Vera trabaja con el grupo de
cada parroquia. Lo mismo hace el padre Rausch en Broward
con una coordinadora de voluntarios quien visita al
cliente para determinar sus necesidades y asignarle un
grupo de “amigos” si lo desea.
El
ministerio garantiza atención compasiva y libre de
prejuicios, además de confidencialidad y no discrimina
por raza, condición social, sexo, orientación sexual o
afiliación religiosa.
Vera
explica que, en ocasiones, los voluntarios han tenido que
asumir el rol de madres, padres o hermanos debido al
rechazo que sus clientes han sufrido. "Conozco un
padre que se negó a ver a su hijo moribundo, a pesar de
que su hijo clamaba por verlo", recuerda. Dice que
cuando ella llevaba a su hija al trabajo, sus clientes no
dejaban de mimarla y atenderla. "Me contaban que no
les permitían ni siquiera acercarse a sus primos,
sobrinos y hasta a sus propios hijos".
Piensa
que ya no existe parroquia alguna sin al menos un caso de
SIDA y asegura que quien no ha tenido un familiar con la
enfermedad ha tenido un amigo o un compañero de trabajo
afectado por la misma.
"No
habrá adelantos en la sociedad mientras se mantenga la
actitud de 'si evito verlo o escucharlo, en algún momento
pasará y no tendré que hacer nada'", afirma.
"Al
SIDA hay que ponerle un nombre y una cara, hay que verla
de hijo de Dios a hijo de Dios", dice. "Así nos
daremos cuenta de que quien la padece es un ser humano
como cualquier otro".
Más
información: (305)899-0446 en Miami-Dade, (954)565-7595
en Broward o en la Internet: www.catholiccharitiesadm.org/programs.htm.
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