Secciones

punto.gif (910 bytes) Vaticano
punto.gif (910 bytes) Miami
punto.gif (910 bytes) Cuba
punto.gif (910 bytes) Mundo/Nación
punto.gif (910 bytes) Opiniones
punto.gif (910 bytes) Enlaces
punto.gif (910 bytes)
Correo
punto.gif (910 bytes) Archivo
punto.gif (910 bytes) Portada

 

Opiniones
 
Consejos en Familia
Envíe sus consultas a:
Consejos en Familia/La Voz Católica,
9401 Biscayne Blvd. Miami, Florida 33138

Mi niño de un año llora cuando se queda solo, dice: ‘tengo miedo’. Yo pienso que lo hace para llamar la atención. ¿Qué diferencia hay entre el miedo a quedarse solo o llamar la atención?


María Cristina Acosta
Sicóloga con muchos años de práctica profesional en Cuba

Si en las dos situaciones el niño reclama nuestra presencia, está en legítimo derecho de reclamar nuestro cuidado como una necesidad infantil tan importante como alimentarlo.

Cuando el niño llora nos expresa estados psicológicos de malestar o desagrado que tenemos que traducir en inseguridades, sentimientos de soledad y desamparo, ansiedades o malestar físico. El niño pequeño no puede expresar en palabras qué necesita y es a través del llanto que trata de expresarnos su dependencia de nosotros, los adultos que lo cuidamos y atendemos.

Es importante saber que tener miedo debilita toda la estructura que apoya el cimiento ambiental de la personalidad y genera ansiedades que van a estar presentes, querramos o no, a todo lo largo de nuestras vidas. Permitir que nuestros hijos tengan miedo como algo estable es aceptar que no somos capaces de protegerlos, cuidarlos, defenderlos y amarlos.

Las necesidades y temores en la primera infancia pueden repercutir en toda la vida del individuo de forma negativa en sus relaciones con los demás, en la capacidad de enfrentamiento a nuevas situaciones, en la tolerancia a frustraciones o situaciones no felices en la vida cotidiana, en el desarrollo de su independencia y en sus objetivos, metas futuras y aspiraciones.

El miedo es uno de los sentimientos más destructivos en la personalidad cuando es estable: por miedo se llega a traicionar, ser ruin, cobarde, débil y esto lo podemos educar desde edades tempranas. ¿Por qué juzgar el miedo del niño pequeño, que no sabe la diferencia entre la fantasía y la realidad? Nunca debemos ridiculizarlo ni omitirlo, debemos aceptar que es indefenso y necesita de nosotros de forma estable y segura. Cuando este sentimiento aparece debemos darle al niño amor, protección, confianza y fe en nosotros.

¿Y nosotros? En algún momento todos hemos sentido miedo. Analicemos cómo nosotros enfrentamos nuestros temores; esa es la mejor manera de enseñar a nuestros hijos a superar sus propios miedos.

Los seres humanos no somos perfectos; necesitamos que nos comprendan, valoren, apoyen y protejan. Somos seres indefensos que, por fuertes y valientes que nos creamos, necesitamos del amor infinito de Dios Padre como cimiento de nuestra fe.

En ese momento, ¡qué bien nos sentimos cuando una mano amiga nos ayuda, comprende, escucha y nos da la seguridad que podemos triunfar y vencer ese miedo y esa crisis! Si esto nos sucede a nosotros los adultos, que como hijos de Dios dependemos de la voluntad del Padre, ¿cuánto más no necesitarán nuestros hijos? Cuando descubrimos que Dios camina junto a nosotros, nos cuida y protege, el temor desaparece y sentimos paz. Esto también sucede con nuestros pequeños.

Ser padre es una tarea noble, valiente, llena de paciencia y amor. Cuidemos de nuestros hijos como Dios cuida de nosotros. Allí está el secreto y el futuro de la humanidad.