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La voz del Arzobispo John C. Favalora

Dios está con nosotros 
ahora y siempre
 

 

 

Mis queridos amigos:

En nuestra propia manera intentamos recordar en esta parte del mundo que Jesús no sólo es la “razón de la época” sino la del tiempo entero.

El tiempo comienza con El. Marcamos nuestros calendarios de acuerdo a su nacimiento. Es una realidad que no podemos dejar olvidada entre las compras de último minuto y las celebraciones del nuevo año.

La televisión y las revistas estarán llenas de historias sobre las personas y los eventos que dejaron su huella en el año 2000. A pesar de sus logros, palidecen ante el legado de Jesús, Hijo de Dios e Hijo del Hombre.

¿Quién hubiera podido predecir que este humilde hijo de carpintero, nacido en un pe-sebre, exiliado al nacer, aprendiz de su padre, sería quien marcaría la división del tiempo? AC: Antes de Cristo. AD: Anno Domini, “Año de Nuestro Señor”.

Si CNN hubiese existido entonces, ¿hubiera realizado una crónica sobre sus sermones diarios, investigado sus milagros, encuestado al público sobre su juicio, condena y muerte? ¿Hubiese interrumpido la programación regular para informar sobre la desaparición de su cuerpo tras ser enterrado o dado seguimiento a la intrigante transformación de sus discípulos, de asustados pescadores a predicadores prodigiosos? ¿Hubiese cuestionado si este nuevo movimiento religioso perduraría a través del tiempo?

Los cristianos creemos que dichas realidades históricas no son accidentes. Creemos que Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a habitar entre nosotros y murió para redimirnos, que todo lo sucedido en su vida, así como en los siglos previos y posteriores, es parte del plan salvífico de Dios para la humanidad.

Este es el significado especial para nuestra celebración navideña, este año y todos los años, este siglo y cada milenio.

“El Verbo se hizo carne”. Dios está con nosotros ahora y siempre.

Millones de personas han escuchado este mensaje durante los pasados 2000 años pero ¿cuántos lo mantienen en su corazón?

¿Cuántos conocen no sólo los hechos de la vida de Jesús sino la esperanza que trae a la humanidad? ¿Cuántos atesoran su Palabra? ¿Cuántos caminan en sus huellas? ¿Cuántos viven en fe, esperanza y amor a pesar de la muerte, el dolor y el sufrimiento?

Permitamos que esta Navidad sea un punto de partida tanto para nosotros como para el tiempo.

Echemos a un lado las actitudes “AC” de egoísmos, desconsuelo, injusticia, avaricia y violencia y entremos a la era “AD” de generosidad, esperanza, justicia y paz.

Que el Señor Jesús entre en sus corazones como un niño y les ayude a crecer hacia una fe madura y el amor a Dios.

Permitamos que su caminar entre nosotros por más de 2000 años se convierta en algo más que un hecho histórico; que sea una convicción de corazón que renueve sus vidas y la misma “faz de la tierra”.