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Dios
está con nosotros
ahora y siempre |
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Mis queridos amigos:
En
nuestra propia manera intentamos recordar en esta parte del
mundo que Jesús no sólo es la “razón de la época”
sino la del tiempo entero.
El tiempo comienza con El. Marcamos
nuestros calendarios de acuerdo a su nacimiento. Es una
realidad que no podemos dejar olvidada entre las compras de
último minuto y las celebraciones del nuevo año.
La televisión y las revistas estarán
llenas de historias sobre las personas y los eventos que
dejaron su huella en el año 2000. A pesar de sus logros,
palidecen ante el legado de Jesús, Hijo de Dios e Hijo del
Hombre.
¿Quién hubiera podido predecir que
este humilde hijo de carpintero, nacido en un pe-sebre,
exiliado al nacer, aprendiz de su padre, sería quien marcaría
la división del tiempo? AC: Antes de Cristo. AD: Anno
Domini, “Año de Nuestro Señor”.
Si CNN hubiese existido entonces, ¿hubiera
realizado una crónica sobre sus sermones diarios,
investigado sus milagros, encuestado al público sobre su
juicio, condena y muerte? ¿Hubiese interrumpido la
programación regular para informar sobre la desaparición
de su cuerpo tras ser enterrado o dado seguimiento a la
intrigante transformación de sus discípulos, de asustados
pescadores a predicadores prodigiosos? ¿Hubiese cuestionado
si este nuevo movimiento religioso perduraría a través del
tiempo?
Los cristianos creemos que dichas
realidades históricas no son accidentes. Creemos que Jesús
es el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a habitar entre
nosotros y murió para redimirnos, que todo lo sucedido en
su vida, así como en los siglos previos y posteriores, es
parte del plan salvífico de Dios para la humanidad.
Este es el significado especial para
nuestra celebración navideña, este año y todos los años,
este siglo y cada milenio.
“El Verbo se hizo carne”. Dios está
con nosotros ahora y siempre.
Millones de personas han escuchado este
mensaje durante los pasados 2000 años pero ¿cuántos lo
mantienen en su corazón?
¿Cuántos conocen no sólo los hechos
de la vida de Jesús sino la esperanza que trae a la
humanidad? ¿Cuántos atesoran su Palabra? ¿Cuántos
caminan en sus huellas? ¿Cuántos viven en fe, esperanza y
amor a pesar de la muerte, el dolor y el sufrimiento?
Permitamos que esta Navidad sea un
punto de partida tanto para nosotros como para el tiempo.
Echemos a un lado las actitudes
“AC” de egoísmos, desconsuelo, injusticia, avaricia y
violencia y entremos a la era “AD” de generosidad,
esperanza, justicia y paz.
Que el Señor Jesús entre en sus
corazones como un niño y les ayude a crecer hacia una fe
madura y el amor a Dios.
Permitamos que su caminar entre
nosotros por más de 2000 años se convierta en algo más
que un hecho histórico; que sea una convicción de corazón
que renueve sus vidas y la misma “faz de la tierra”.
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