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La
lluvia no apagó el fervor
Cientos
le cantan su devoción a
la Virgen de Guadalupe

Pintura del beato Juan Diego
cuando mostraba al Obispo Sumárraga las rosas recogidas en
la colina de Tepeyac. Su tilma quedó grabada con la imagen
de Nuestra Señora de Guadalupe. Foto CNS.
Brenda Tirado-Torres
La Voz Católica
NARANJA — El amor a la Madre de Dios
inspiró a cientos de fieles a llegar hasta la Misión Santa
Ana a pesar del diluvio que amenazó con inundar los campos
del suroeste de MiamiDade.
“¡Ni la lluvia nos detuvo!” exclamó
Irma Cabriales, una de las organizadoras del evento. “Fue
algo increíble porque participó muchísima gente a pesar de
que llovió como hacía tiempo no sucedía”.
Al amanecer del domingo, 10 de
diciembre se dio inicio al canto de las Mañanitas a la
Virgen. El Mariachi Tapia y otros cantores entonaban sus melodías
a pesar de que la lluvia incesante no cedió su puesto como música
de fondo. Mientras tanto, otros devotos esperaban su turno
para declamar versos espontáneos en honor a la Guadalupana.
Tras las Mañanitas, los asistentes
rezaron el Santo Rosario dirigido por los Padres Paulinos.
Poco a poco los devotos iban colmando la carpa preparada para
la ocasión.
“Preparamos la tienda porque sabíamos
que la iglesia era muy pequeña para la cantidad de asistentes
que esperábamos”, dijo el padre Pedro García,
administrador de la Misión. Sin embargo, no podía contener
su asombro ante la cantidad de personas que se dio cita para
la fiesta de la Patrona de América a pesar de las
inclemencias del tiempo.
“¡Llegaron como 2,000 y no cabían
bajo la tienda!”, exclamó el sacerdote. “No pudimos
realizar la procesión en la Misa porque era tanta la gente
que no había espacio para caminar”, dijo.
Muchos de los asistentes a las Mañanitas
pasaron las primeras horas de la mañana del
domingo disfrutando tamalitos, pan, champorrado y café.
Así esperaron la celebración eucarística de las 11:00 AM en
honor a la Patrona de México, la cual fue presidida por el
Arzobispo de Miami, Mons. John C. Favalora.
Anteriormente se había realizado una
reflexión sobre la Virgen de Guadalupe el viernes en la
noche, seguida por un concierto en el que participaron
miembros de la comunidad. El sábado en la tarde los devotos
peregrinaron desde los distintos campos hasta la iglesia,
donde se reunieron para el rezo del rosario y una representación
de la historia de la Guadalupana producida por los jóvenes de
la parroquia.
“En estas actividades siempre
participa la gente del campo, en su mayoría inmigrantes y de
escasos recursos”, explicó Cabriales.
La Misión Santa Ana forma parte de la
Pastoral de Migración y brinda servicios a los trabajadores
de los campos en Homestead, Redlands y Florida City, muchos de
los cuales permanecen en la zona sólo para la época de
cosecha.
A la Misa del domingo le siguió una
fiesta donde los presentes disfrutaron la música, comidas,
juegos y el folklor que caracteriza al pueblo mexicano.
“A pesar de la lluvia, nuestra devoción
permaneció”, expresó Cabriales.
La joven mexicana conoce la
religiosidad de su pueblo, pero esto no le impidió quedar
impresionada por el sacrificio que hicieron muchos para llegar
a venerar a la Emperatriz de América.
A su entender, el esfuerzo de los
devotos —muchos de los cuales llegaron hasta la Misión a
pie— es digno de imitar.
“Sacrificar
la comodidad da más sentido a la devoción”, manifestó
Cabriales. “La lluvia habrá afectado la zona, pero
fortaleció nuestro espíritu”.
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