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Es
la hora de los laicos
Les
pide el Papa que lean los documentos del Concilio
VATICANO (Zenit) — Con la llegada del milenio ha
“sonado la hora de los laicos”. Así lo anunció el Papa
Juan Pablo II al celebrar la eucaristía culminante del
Jubileo del Apostolado Laico en Roma del 25 al 30 de
noviembre.
Ante la presencia de 40,000 peregrinos
reunidos en la Plaza de San Pedro, el Sumo Pontífice dijo que
los laicos tienen que volver a leer los documentos
del Concilio Vaticano II para “redescubrir la gran
riqueza de estímulos doctrinales y pastorales” que encierra
comprender su auténtica vocación.
“Ser cristianos no ha sido nunca fácil
y tampoco lo es hoy”, advirtió el Santo Padre. “Seguir a
Cristo exige el valor de opciones radicales que con frecuencia
van contra corriente”, añadió.
Durante la ceremonia, el Papa entregó
a diez representantes de los laicos en varias partes del mundo
los documentos del último Concilio, clausurado hace 35 años,
como símbolo de la necesidad de que su legado sea transmitido
a las nuevas generaciones. Dichos laicos llegaron desde
Estados Unidos, India, Hong Kong, Australia, Cuba, Angola, Sudáfrica
y Bélgica.
Representaban a los millones de laicos
de todas las edades que han decidido vivir radicalmente su
propio bautismo compartiendo alguno de los numerosos carismas
presentes en la Iglesia: asociaciones, movimientos de acción
apostólica y servicio a las diócesis. También hubo, por
primera vez, una representación ecuménica compuesta por
representantes laicos de iglesias y comunidades cristianas.
El Papa expresó que en el inicio del
milenio los católicos cuentan con un instrumento único
surgido de aquella estación que renovó profundamente la
Iglesia, el Concilio Vaticano II, tras el cual “sonó la
hora del laicado, comprendido con más claridad su propia
vocación apostólica que, por su misma naturaleza, es vocación
de apostolado”.
Según el Sumo Pontífice, los laicos
serán los misioneros en la aurora del milenio pues hoy el ser
humano “escucha más fácilmente a los testigos que a los
maestros”.
“Basta pensar en las conquistas
sociales y en la revolución en el campo genético, en el
progreso económico y en el subdesarrollo que existe en
amplias zonas del planeta; en el drama del hambre en el mundo
y en las dificultados que existen para tutelar la paz, en la
red capilar de las comunicaciones y en los dramas de soledad y
violencia que registran las crónicas diarias”, dijo el
Papa.
Recordó que los laicos del año 2000
están llamados a construir el Reino de Dios en la tierra con
la perfección de una vida que apunte a la santidad y les retó
a ser hombres y mujeres santos sin olvidar que "los
frutos del apostolado dependen de la profundidad de la vida
espiritual, de la intensidad de la oración y de una formación
constante y una adhesión sincera a las orientaciones de la
Iglesia”.
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