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Notas al margen

 

Después de la experiencia de estas elecciones presidenciales podemos decir que sabemos lo que es esperar.

Mientras escribo estas notas yo misma me mantengo a la espera de que la Corte Suprema haga pública su decisión para que por fin mundo entero sepa quién será el próximo Presidente de los Estados Unidos.

Es un esperar pasivo. No hay nada que yo pueda hacer. Ya deposité mi voto y sólo me queda esperar a que otros hagan algo para esclarecer la situación.

Pienso que no es así la esperanza de que me habla el Adviento. La esperanza cristiana me invita a hacer algo, a prepararme para acoger la buena noticia--que en este caso no es un presidente sino que es el mismo Dios hecho carne, el Dios-con-nosotros el Enmanuel. Por algo dice el catecismo de la Iglesia Católica que la esperanza  es un anhelo de felicidad puesto por Dios en el corazón que inspira las actividades del ser humano y las purifica. Y dice que es también"es una fuerza que protege del desaliento sostiene en todo desfallecimiento, dilata el corazón, es impuslo que preserva del egoismo y conduce a la caridad".

En Adviento no vivimos pasivamente en estado de espera porque nos llega un presidente sino que alentamos una certera esperanza de que el mismo Dios ha elegido ser uno de nosotros, Enmanuel y que para descubrir  su presencia aquí y ahora hay algo que nosotros podemos hacer .