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Dios Salvador siempre está llegando

Padre José Luis Hernando
Párroco en la iglesia St. Agnes, en Key Biscayne.

En vísperas de Navidad todo se llena de luz: las casas, los arbolitos, las calles, los centros comerciales… Hasta parece que las estrellas brillan con más resplandor en el cielo. Vemos en nuestras iglesias una corona de cuatro velas (tres de color violeta y una de color rosado). Es la corona de Adviento.

Esas cuatro velas corresponden a los cuatro domingos con que nos preparamos para celebrar la Navidad. En cada domingo se enciende una vela, hasta llegar al cuarto, en que brillan todas. Este signo o tradición se remonta a los tiempos lejanos de unas tribus paganas en el norte de Europa. Cuando llegaba el invierno y los días se hacían más cortos, aquellos paganos tenían mucho miedo de no volver a ver más el sol. Por eso invocaban al “Dios de la luz” encendiendo muchas velas en una rueda que daba vueltas al tiempo que hacían esta súplica: “Oh, luz, dale la vuelta al mundo para que pronto veamos el sol”.

Más tarde se cristianizó esta costumbre pagana. No es el miedo de perder el sol lo que nos preocupa; es el miedo a quedarnos en la oscuridad del pecado que nos esclaviza y nos ciega. Al encender esa corona, que ustedes mismos pueden colocar en sus casas como un centro de mesa, nos comprometemos a ser luz del mundo al mismo tiempo que pedimos al Señor que venga a nuestras vidas. Necesitamos ver a Dios que pasa a nuestro lado. No lo vemos porque el egoísmo nos empuja a ir a lo nuestro. No es la estrella del bien quien nos guía, sino la del propio interés, el capricho y la envidia.

La corona de Adviento está hecha de ramas verdes que significan vida y esperanza. El Adviento es el tiempo de preparación para celebrar mejor la Navidad. Podemos decir que siempre es Adviento porque siempre andamos buscando, esperando. Sin motivación y esperanza no sería posible el amor. Adviento significa llegada, venida, advenimiento. Llega Dios Salvador, o mejor, El siempre está llegando. Hay que estar atentos, con la fe vigilante, con el corazón bien dispuesto para descubrirlo en todos en los que El vive, sobre todo en los más necesitados. Tenemos que ser como el Cuarto Rey Mago. Sin esperanza no hay paraíso. Si no andamos el camino, nunca llegaremos al hogar.

El Adviento es camino y esperanza. Por eso, sin Adviento no hay Navidad, ni hogar, ni paraíso. Lo mismo que no hay parto sin los meses anteriores de gestación.

Navidad es nacimiento, es vida, es alumbramiento, es Buena Nueva, es la llegada de Dios que pone su casa entre nosotros (Juan 1, 14). Cuando llega Dios se llena de ilusión nuestra esperanza y de luz nuestras oscuridades y miedos.

Ya es hora de despertar

Un día el hijo de un rey famoso fue enviado desde un país lejano hasta Egipto. Traía el encargo de apoderarse de una piedra preciosa que estaba custodiada por una serpiente muy peligrosa. Cuando los egipcios vieron llegar al hijo del rey, le emborracharon. Este se durmió y se olvidó de todo: de sus padres, de sus tierras, de la perla y de la misión con que la habían enviado.

Pasaron muchas días y semanas y el rey, al no tener noticias de su hijo, envió un mensajero a Egipto. Encontró al hijo, lo despertó de su sueño y le entregó una carta firmada por el padre. El mensaje de la carta le hizo reaccionar. Se espabiló, se enfrentó a la serpiente, le arrebató la perla preciosa y regresó con ella a casa de su padre, donde fue vestido con una túnica real.

Esta leyenda nos ayuda a entender lo que dice el Apóstol San Pablo en su carta a los Romanos 13, 1114: “Estén conscientes del momento que viven. Ya es hora de despertar del sueño. La noche está avanzada, el día se echa encima. Caminemos con dignidad, como en pleno día. Nada de borracheras ni comilonas, nada de lujurias y desenfrenos, nada de rivalidades y envidias…”

Ya ven que Pablo se adelantó muchos siglos definiendo en qué consistiría para muchos la Navidad de hoy. ¡Es una pena! Muchos emborrachados, drogados, dormidos o ignorantes, se olvidan de buscar y disfrutar la perla preciosa o la estrella brillante. Desconocen el regalo de Dios que ha nacido, vive y está presente entre nosotros.

 

Para la reflexión…

Busque un lugar tranquilo y después de ponerse en la presencia del Señor lea despacio el evangelio de  Lucas 3: 1-6,

10-18. Con calma, hágase las siguientes preguntas y trate de escribir sus respuestas para centrar su atención:

•¿Cuáles son sus expectativas para esta época?

•¿Qué esperanza tiene para su futuro y el de su familia?

•¿Qué puede hacer para llevar luz a quienes viven en tinieblas?

•¿Qué haría para convertir su Navidad en una muy especial que  recuerde con paz y gozo interior?