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Será
una ley que viola la dignidad
Deploran
los obispos la legalización de la eutanasia en Holanda

VATICANO (Zenit) — Como “un triste
récord” describió el Vaticano la noticia de la legalización
de la eutanasia por la mayoría de los diputados en Holanda.
En
declaraciones ofrecidas por
el portavoz de la Santa Sede, Joaquín NavarroVals, “la
aprobación de una ley que viola la dignidad de la persona
humana y que pone a los legisladores en contra de la opinión
pública es un triste récord para Holanda”.
El
nuevo proyecto de ley fue aprobado con 104 votos a
favor y 40 en contra, lo que legaliza la eutanasia en
determinadas condiciones. La medida tiene en cuenta incluso a
los niños de 12 años que quieran morir.
En caso de que la medida pase, Holanda
sería el primer país del mundo en adoptar una medida de este
tipo.
“El primer problema que genera la
legalización de la eutanasia tiene que ver con la conciencia
de los médicos contraria a las leyes de la conciencia de cada
uno”, afirmó NavarroVals.
Según la propuesta, los médicos deberán
asegurarse de que el enfermo es aquejado por “sufrimientos
insoportables” debido a una enfermedad médicamente
diagnosticada que no tiene ninguna esperanza de supervivencia
y que el enfermo desea efectivamente poner fin a sus días.
Por su parte, los obispos holandeses
deploraron “profundamente” la aprobación de la ley,
declarando su temor a que se difunda la idea de que las
acciones que ponen fin a la vida son “socialmente
normales”, a la vez que suplicaron a los políticos y los
miembros de organismos guebernamentales a que “abandonen ese
camino”.
En un documento publicado el 2 de
diciembre en el diario “L’Osservatore
Romano”, los obispos califican como “ruptura legislativa
inaceptable” la despenalización y legalización del
suicidio médicamente asistido.
La legalización de actos que ponen fin
a la vida “contradice el principio según el cual la vida
humana debe ser protegida, un principio que ha sido siempre
determinante en nuestra sociedad”, dijeron los obispos.
Subrayan que “no existe un derecho a
la eutanasia”, que nadie tiene el poder de determinar la
vida o la muerte y que la presencia o ausencia de
instrucciones escritas no modifica el valor de la tutela de la
vida de una persona que no está en grado de expresar su
propia voluntad.
Según los obipos, los médicos serán
sometidos “a una presión social cada vez más fuerte a fin
de que practiquen el suicidio asistido como si fuera parte de
su responsabilidad de médicos”, además de que “decaerá
cada vez más la disponibilidad emotiva para asistir a los
enfermos en estado terminal, a aliviar y compartir su
sufrimiento”.
“En torno al enfermo se podrá crear
un clima que los hará sentirse obligados a aliviar a los
otros del peso en que se han convertido a causa de las
terapias intensivas a largo plazo”, advierten los obispos.
“Enfermos y familiares que no quieren
la eutanasia, antes o después podrían sentirse en el deber
de justificar su postura contraria”, añadieron.
Los prelados subrayan que la “muerte
a petición” no tiene nada que ver con la interrupción de
la prolongación artificial de la vida pues en esos casos no
se trata de la eliminación de una vida humana sino la
constatación de que ha llegado a su ocaso natural.
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