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Siempre existe la esperanza

El 12 de agosto una tragedia sacudió al mundo. Nos enteramos por los periódicos. El submarino nuclear Kursk sufrió una explosión y se hundió en el mar de Barents. Tenía  118 tripulantes. Los sobrevivientes en su desesperación golpeaban el casco del submarino por no poder gritar que estaban vivos.

En aquella espantosa oscuridad, faltándole el aire, encerrado y sin posibilidades de sobrevivir, el teniente Dimitri Kolesnikov tomó un papel y escribió a tientas una nota, esperando que alguna vez alguien la leyera. En ella se despedía de su esposa.  Para sus compañeros escribió: “No pierdan la esperanza”.  Luego la guardó  en el bolsillo de su camisa.

Hay frases que a veces te impactan. A mí me impresionó ésta. “No pierdan la esperanza”.  Un hombre que sabe que va a morir y aún así lucha hasta el final y anima a los que están con él. En un momento así todos nos sentimos hermanos. Y nos damos cuenta que en verdad lo somos. Todo lo demás es vanidad.

Hay otros casos de personas signadas a morir y que  dejan frases para la posteridad, para los que no somos tan valientes y sobre todo para los que vacilamos en nuestra fe. Uno de los sacerdotes mártires de Barbastro, antes de ser fusilado, escribió en la envoltura de un chocolate: “Jamás me creí digno de tan grande honor”. El resto de los sacerdotes se despidió con un “¡Viva Cristo Rey!” Este, sin embargo, en su joven corazón  se habrá dicho: “Mañana daré mi vida por Jesús. Es algo demasiado grande para un simple mortal”. Y emocionado nos dejó este tierno mensaje proclamando su amor.

Conozco alguien que hubiese escrito lo mismo. Es un enamorado de Jesús. Se decidió y ahora vive y respira para Jesús. No le veo nunca triste; tiene motivos para ser feliz. Otros sin embargo no lo son. La vida les ha golpeado con tal fuerza que parecen no encontrar una salida y se desesperan.  Hasta que llega Jesús. Descubren la esperanza, el Amor de los amores. Encuentran entonces una salida que siempre estuvo a su lado. Y la vida empieza de nuevo para ellos, esta vez una mejor vida, ilusionados y felices, dejando atrás el temor y la desconfianza.

Dimitri Kolesnikov lo supo. No importa qué tan difíciles sean las cosas, que nos encontremos acorralados, que nuestra vida sea un sufrimiento constante, siempre existe la esperanza.

En momentos así sé que el abrazo tierno de Jesús me espera. Por eso voy a Misa y le recibo feliz. El es mi esperanza. Lo ha sido y lo será.

Acércate a Jesús como el niño aquél que una vez fuiste. El se sentará a tu lado para animarte. Su mirada atravesará tu alma y te llenará de una paz sobrenatural que nunca antes tuviste. Si tienes el corazón atento seguramente lo escucharás.

"No temas" — te dirá —. "Yo estoy contigo".

Claudio De Castro es un lector de la edición digital de La Voz Católica y reside en Panamá.