|
Toma
tiempo para ti

Hada M. Morales
Escritora católica nicaragüense residente en Miami.
Bienvenidas de nuevo a este espacio
creado para ti, mujer de hoy, que luchas, amas, lloras y
—sobre todo— crees.
En la
entrega pasada compartimos sobre el precioso hábito de
sonreir. Hoy hablaremos sobre otro hábito no menos
importante: el saber descansar.
Sé que muchas se estarán diciendo,
"¿cómo esta escritora pensará que nosotras, mujeres
tan llenas de responsabilidades, podemos tener el tiempo para
descansar?” Pues les diré que no les estoy haciendo una
invitación a dejar todo
y dormir a pierna suelta, sino a tomar el hábito valioso de
aprender a descansar.
Parecería contraproducente que mujeres
tan atareadas como las de hoy deban tener en su hábito diario
el descanso pero, así como es imprescindible cumplir con todo
lo que tenemos encima, si no tomamos esos cortos
"breaks", como los llamamos en inglés, nuestro
trabajo se hará tedioso y devorador total de nuestras energías.
Recordemos que debemos guardar reservas de energía, tiempo y
buen humor para nuestros seres más cercanos. Si durante la
larga jornada laboral no tomamos pequeños —pero valiosos—
lapsos de descanso, llegaremos a casa como cuando un soldado
va a una batalla: totalmente consumido por el esfuerzo.
Nos desenvolvemos en un mundo lleno de
máquinas: su majestad, la computadora; máquina para lavar
ropa; máquina para exprimir el jugo; máquina para aspirar; máquina
para lavar platos; máquinas y más máquinas. Me atrevería a
decir que hemos llegado a creer que nuestro cuerpo es también
como máquina y que no necesita descanso. Al cabo de unos
cuantos años este cuerpo tan perfectamente diseñado por Dios
nos pasará la factura y en muchos casos ningún "técnico"
podrá remediar el desgaste que le hemos dado por no haber
aprendido a descansar.
Yo fui una de esas. Poco me faltaba
para ir a un mecánico en vez de ir al doctor pues no había
reflexionado en lo importante de saber decansar. Es más,
cuando medio calentaba un sillón y abría un libro, ya me
sentía culpable por 'no estar haciendo algo'. ¡Qué error! ¡Cuánto
tiempo de mi vida desperdicié! Pero como el Dios a quien
sirvo es todo Sabiduría fue enseñándome y dándome el
propio discernimiento para que, tiernamente, me llamara a
poner un alto y me invitara a descansar. El mismo, siendo
Todopoderoso, se tomó un descanso después de haber hecho
algo tan maravilloso como es la Creación, fruto de sus manos.
Querida amiga que lees esta columna: tómate
tu tiempo para regalarte esos minutos y sin ningún cargo de
conciencia. Nuestro Padre nos ama y por lo tanto nos quiere
ver felices y no en ese constante estado de agotamiento por no
tener la voluntad para decir, "un momento: tomo unos
minutos para mí. Este tiempecito me pertenece; el mundo no va
dejar de girar por estos minutos de reposo necesarios para mi
cuerpo y, por qué no, para mi espíritu también".
Reflexiona en lo que hemos compartido
hoy pero anota dentro de tu agenda: “10 minutos de
descanso”. “Tiempo para continuar mi lectura”. “Tiempo
para caminar”. “Tiempo... simplemente para mí”.
¡Bendiciones!
|