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Carta
Pastoral del Arzobispo John C. Favalora con motivo de la
clausura del Año Santo Jubilar el 6 de enero del año 2001

La Estrella de
Belén
Al clero, religiosos y laicos de la
Arquidiócesis de Miami
“La singularidad y novedad de la
situación en la que el mundo y la Iglesia se encuentran, a
las puertas del Tercer Milenio, las exigencias que de ello se
derivan, hacen que la misión evangelizadora requiera hoy un
programa también nuevo que puede definirse en su conjunto
como nueva evangelización”. (La Iglesia en América #66)
Mis queridos amigos,
La Estrella de Belén guió a los Magos
a Jesús, la verdadera Luz del Mundo. La hermosa celebración
de la Epifanía cierra el Gran Año Jubilar 2000. Nos unimos a
las Iglesias Católicas Orientales y a nuestros hermanos y
hermanas ortodoxos para darle un significado especial a esta
Fiesta de las Luces en la que Jesús, Luz de Dios en el mundo,
se revela a todas las naciones y a todos los pueblos.
Para la Iglesia, el Año Santo 2000 ha
sido una manera de recordar las muchas bendiciones que Dios
nos ha dado y que nos sostienen en nuestra vida de conversión
diaria. El amor de Dios se vuelca siempre hacia afuera; es un
amor que comparte con toda la creación y muy especialmente
con sus hijos e hijas. Siempre orientado hacia afuera, el amor
de Dios espera por todos, tanto por los que pertenecen a la
tradición cristiana como por todos los creyentes y aún por
aquellos que todavía no creen. La Estrella de Belén nos
llama a todos a emprender una búsqueda personal para
encontrar a Jesús y permanecer junto a El.
El Gran Año Jubilar celebró el amor
eterno del Padre, quien envió a su único Hijo al mundo para
compartir nuestra vida y enseñarnos que la mejor manera de
vivirla es compartiendo con los demás.
Conversión
La meta del Año Jubilar 2000 fue
renovar el compromiso personal con Jesús, Salvador del Mundo:
apartarnos del pecado y volver a dedicarnos a seguir el
evangelio de una manera nueva y entusiasta. La nueva
evangelización a la que nos llama el Papa Juan Pablo II
comienza con la conversión personal:
“Como Pastor supremo de la Iglesia
deseo fervientemente invitar a todos los miembros del pueblo
de Dios, y particularmente a los que viven en el continente
americano — donde por vez primera hice un llamado a un
compromiso nuevo ‘en su ardor, en sus métodos, en su
expresión’— a asumir este proyecto y a colaborar en él.
Al aceptar esta misión, todos deben recordar que el núcleo
vital de la nueva evangelización ha de ser el anuncio claro e
inequívoco de la persona de Jesucristo, es decir, el anuncio
de su nombre, de su doctrina, de su vida, de sus promesas y
del Reino que Él nos ha conquistado a través de su misterio
pascual”. (La Iglesia en América #66)
En la carta pastoral que publiqué
durante la Navidad de 1999, al comenzar este Año Especial de
Gracia, pedía a todos que adoptaran un sencillo plan para la
renovación espiritual personal (Ver recuadro en la página
2A). Sin embargo, la verdadera santidad no se limita sólo a
una relación personal entre el individuo y Dios. La verdadera
santidad, como el amor mismo de Dios, no se queda dentro de sí
misma. Siempre se dirige hacia afuera, a compartirse con los
demás.
Renovados ahora por los grandes
acontecimientos y las abundantes gracias del Año Jubilar en
la Arquidiócesis, a la par que en toda la Iglesia Universal,
hemos de compartir con otros esa misma Luz de Cristo que nos
ha llegado. La Estrella que nos llevó a Jesús ahora nos guía
de nuevo, al igual que a los Magos, a retomar los quehaceres
de nuestra vida diaria. Como tantos que se encontraron con Jesús
y fueron sanados, nosotros debemos ahora regresar a los
nuestros y compartir con ellos la Buena Nueva.
Comunión
“La evangelización de América no es
sólo un don del Señor, sino también fuente de nuevas
responsabilidades”. (La Iglesia en América #1)
En noviembre de 1997, el Papa Juan
Pablo II convocó en Roma al Sínodo de América. En este Sínodo,
de un mes de duración, participaron los obispos seleccionados
y designados al mismo, así como un cierto número de
religiosos y observadores procedentes del continente
americano. Yo tuve el privilegio de ser uno de los 25 obispos
delegados de los Estados Unidos. Había 265 delegados
procedentes de Canadá, de otras partes de los Estados Unidos,
de Centro y Sur América y de los países del Caribe.
El Papa nos ve a todos como una sola
realidad. Nunca se refirió a las Américas en plural sino
siempre a una sola América, en singular. El Papa esperaba,
mediante nuestro común empeño, que profundizáramos en un
mutuo entendimiento y estima de nuestra comunión en una sola
fe y en un solo bautismo. En su introducción al documento
final del Sínodo, nos dice:
“En la primera propuesta que hice en
Santo Domingo, sobre la posibilidad de celebrar una Asamblea
Especial del Sínodo, señalé que ‘la Iglesia, ya a las
puertas del tercer milenio cristiano y en unos tiempos en que
han caído muchas barreras y fronteras ideológicas, siente
como un deber ineludible unir espiritualmente aún más a
todos los pueblos que forman este gran Continente y, a la vez,
desde la misión religiosa que le es propia, impulsar un espíritu
solidario entre todos ellos’. Los elementos comunes a todos
los pueblos de América, entre los que sobresale una misma
identidad cristiana así como también una auténtica búsqueda
del fortalecimiento de los lazos de solidaridad y comunión
entre las diversas expresiones del rico patrimonio cultural
del Continente, son el motivo decisivo por el que quise que la
Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos dedicara sus
reflexiones a América como una realidad única. La opción de
usar la palabra en singular quería expresar no sólo la
unidad ya existente bajo ciertos aspectos, sino también aquel
vínculo más estrecho al que aspiran los pueblos del
Continente y que la Iglesia desea favorecer, dentro del campo
de su propia misión dirigida a promover la comunión de todos
en el Señor”. (La Iglesia en América #5)
Para todos los que vivimos en el
continente americano, las enseñanzas del Sínodo constituyen
un reto a tomar en serio el papel de la nueva evangelización
para satisfacer las muchas necesidades de la Iglesia y de la
sociedad.
Conscientes de la primera evangelización
que comenzó hace más de 500 años con la llegada de Colón,
a los Padres Sinodales se les encargó que examinaran las
necesidades de la Iglesia de hoy y adoptaran un proyecto para
una nueva evangelización de acuerdo con las circunstancias de
nuestro tiempo al comienzo de este tercer milenio.
Su Exhortación Apostólica describe así
esta meta:
“Ante un mundo roto y deseoso de
unidad es necesario proclamar con gozo y fe firme que Dios es
comunión, Padre, Hijo y Espíritu Santo, unidad en la
distinción, el cual llama a todos los hombres a que
participen de la misma comunión trinitaria. Es necesario
proclamar que esta comunión es el proyecto magnífico de Dios
[Padre]; que Jesucristo, que se ha hecho hombre, es el punto
central de la misma comunión, y que el Espíritu Santo
trabaja constantemente para crear la comunión y restaurarla
cuando se hubiera roto. Es necesario proclamar que la Iglesia
es signo e instrumento de la comunión querida por Dios,
iniciada en el tiempo y dirigida a su perfección en la
plenitud del Reino". (La Iglesia en América #33)
La comunión aquí descrita es una de
unidad dentro de la gran diversidad en el continente americano
y en la Arquidiócesis de Miami. Esto se ve reflejado en la
diversidad étnica, cultural y lingüística que existe entre
nosotros. No obstante, nos une una misma fe.
Las iglesias del continente americano,
como familia de Dios, comparten serios retos comunes. El
documento final del Sínodo enumera los siguientes:
•La promoción de vocaciones al
sacerdocio y a la vida religiosa.
•La renovación espiritual de las
parroquias.
•La renovación espiritual de la vida
de familia.
•El ministerio con los jóvenes.
•Las relaciones con otras iglesias y
comunidades eclesiales.
•Las relaciones con los judíos y
otras comunidades no cristianas.
En la Arquidiócesis de Miami hemos ya
comenzado a ocuparnos de la mayoría de esos retos:
Vocaciones
Hemos iniciado un plan para desarrollar
las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Ya existen
Comités Vocacionales en 41 de nuestras parroquias. Nuestro
pueblo está orando por las vocaciones y Dios le responde. En
este momento, nuestro seminario universitario tiene el cupo
lleno; la Arquidiócesis tiene más de 70 seminaristas. Existe
una nueva comunidad religiosa femenina con aprobación
diocesana local que cuenta con 12 religiosas que viven bajo
una regla común, las Siervas de los Corazones Traspasados de
Jesús y María. Nuestras parroquias y escuelas están dándose
cuenta cada vez más de la necesidad de tener vocaciones.
Renovacion Espiritual
Renew 2000/Renacer 2000 fue un programa
de tres años para la renovación espiritual de los fieles y
de la vida de familia. Sesenta y cuatro parroquias optaron por
participar en las reuniones semanales de pequeños grupos que
se desarrollaron en inglés, español, creole y portugués. Más
de 14,000 personas se comprometieron a participar regularmente
en las 1,800 comunidades de fe. Es muy alentador este anhelo
por crecer espiritualmente y buscar apoyo en la fe.
Vida familiar
Los programas del Centro de
Enriquecimiento Familiar proporcionan a los fieles
individualmente y a los líderes de las parroquias diversas
oportunidades para: sanar las heridas ocasionadas por la
desintegración familiar; enriquecer las relaciones de
aquellos que quieren mejorar su matrimonio; y brindar apoyo y
sostén a las familias que atraviesan momentos de cambio y
adaptación. Además, sus programas de instrucción, retiros,
entrenamiento y apoyo promueven una atmósfera sana y propicia
para el bienestar de todas las familias.
Durante las confirmaciones, siempre
propongo brevemente un plan muy sencillo para ayudar a la
renovación de todas las familias católicas: a) rezar por las
mañanas y por las noches, en las comidas y asistir juntos a
Misa; b) compartir por lo menos una comida al día, sin música
ni televisión, simplemente en familia; y c) tomar parte en
juegos y entretenimientos, juntos los padres y los hijos,
dejando de lado otros quehaceres y compartiendo para conocerse
mejor.
Juventud
Nuestra Oficina de Ministerios
Juveniles ofrece visitas y asesoramiento a las parroquias y
entrena a líderes adultos y juveniles. También ofrece
regularmente retiros en nuestros dos Centros Juveniles de Dade
y Broward. Mediante eventos deportivos, programas especiales y
reuniones de Consejo se ayuda a los jóvenes de la Arquidiócesis
a conocerse mejor. También se les brinda la oportunidad de
asistir a encuentros regionales, nacionales e internacionales.
Nuestras escuelas católicas son un
eficaz instrumento de evangelización para nuestros jóvenes.
Actualmente tenemos más de 36,000 estudiantes en nuestras
escuelas primarias y secundarias. Durante los últimos diez años,
hemos abierto seis escuelas primarias y dos escuelas
secundarias.
Nuestras parroquias dan Educación
Religiosa a más de 48,000 estudiantes.
Esfuerzos ecumenicos e interreligiosos
Por medio de una variedad de programas
y actividades, la Arquidiócesis de Miami ejerce un liderazgo
ecuménico e interreligioso en el Sur de la Florida así como
a través de todo el estado. Somos miembros del Concilio de
Iglesias de la Florida, por medio del cual tratamos temas
relacionados con el ecumenismo y el ministerio compartido a
nivel estatal. La Arquidiócesis participó en la fundación
de la Coalición de Líderes Religiosos de Miami, que trata de
manejar asuntos críticos, tanto en lo religioso como en lo
comunitario. También alza su voz moral en aquellas cuestiones
de justicia y paz que tenemos en común los cristianos, los
judíos y los musulmanes.
De muchas maneras podemos estar
orgullosos de la comunión que existe
en la Arquidiócesis
entre nuestra comunidad católica y las otras
comunidades cristianas y no cristianas. Aún así queda mucho
por hacer. Son muchos los que necesitan oír hablar de Jesús.
El reto de la nueva evangelización en el tercer milenio
consiste en descubrir nuevas maneras de invitar a los demás a
conocer a Jesús.
Solidaridad
“La solidaridad es fruto de la comunión
que se funda en el misterio de Dios uno y trino, y en el Hijo
de Dios encarnado y muerto por todos. Se expresa en el amor
del cristiano que busca el bien de los otros, especialmente de
los más necesitados”. (La Iglesia en América #52)
La Iglesia fundamenta su enseñanza
sobre la solidaridad en el Evangelio de San Mateo, capítulo
25, que describe el Juicio Final. Allí Jesús nos dice:
“Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de estos
hermanos más humildes, por mí mismo lo hicieron”. El hecho
de que Jesús se identifica con los necesitados nos impulsa a
actuar. Cualquiera que sea la necesidad, es siempre Jesús en
el otro el necesitado.
Los católicos que han experimentado
una verdadera conversión al Señor responden no sólo a las
necesidades de los suyos, sino a las ajenas. No sólo a las de
los que viven en la Arquidiócesis sino a las de aquellos que
están en otras diócesis y en otros países. Nuestra unidad
como familia de Dios nos coloca juntos por igual a creyentes y
no creyentes.
No podemos cerrar los ojos ante las
apremiantes necesidades que nos rodean en nuestro continente.
Nuestro sentido de justicia social nos impulsa siempre a abrir
el corazón y hacer lo que podamos para afrontar los retos de
nuestro tiempo.
Algunos de los problemas que nos
afectan aquí en los Estados Unidos y en todo el continente
americano son: los derechos humanos, la pobreza, la deuda
externa, las drogas, la corrupción, la violencia, la carrera
armamentista, la discriminación racial, los inmigrantes, los
pueblos indígenas y la falta de cuidado por la naturaleza.
En la Arquidiócesis hemos comenzado a
tratar algunos de estos problemas. Fieles al espíritu de la
antigua tradición hebrea de perdonar las deudas durante la
celebración de años jubilares, la Arquidiócesis ha
perdonado las deudas de ocho parroquias pobres, por un total
de 1.8 millones de dólares.
La Arquidiócesis contribuye anualmente
con más de un millón de dólares para sostener a 22
parroquias pobres. Además contribuye con un millón de dólares
para que en esas parroquias permanezcan abiertas las escuelas
católicas para la evangelización de sus feligreses.
En la recién terminada campaña Visión
2000, hemos reservado un fondo permanente de 20 millones de dólares
para que estudiantes de pocos recursos puedan asistir a
nuestras escuelas católicas primarias y secundarias. También
tenemos una reserva de 5 millones de dólares destinados a
becas para estudiantes de secundaria carentes de medios que
quieran cursar estudios en la Universidad de St. Thomas,
auspiciada por la Arquidiócesis de Miami.
Hemos inaugurado un programa de
hermandad a través del cual las parroquias que tienen mejor
situación económica ayudan a las parroquias que carecen de
medios. Actualmente hay 40 parroquias participantes en este
programa.
Desde la creación de la Arquidiócesis
de Miami, nuestras Caridades Católicas y Ministerios
Pastorales se han dedicado de modo especial a atender a los
inmigrantes. Al ayudar a los refugiados provenientes de Cuba,
Haití, Latinoamérica y aún del mundo entero, la Arquidiócesis
ha estado a la cabeza en dar una respuesta comunitaria a las
necesidades de aquellos que llegan a nuestras costas por
razones políticas y religiosas así como por otras formas de
persecución y de pobreza. En la actualidad, la Arquidiócesis
ofrece una variada gama de servicios, brindando asistencia en
el puerto de entrada y en la relocalización, dando
alojamiento a niños menores que llegan solos, y ofreciendo
cuidados pastorales y educacionales, a la vez que servicios
legales para ayudar a los inmigrantes a incorporarse
plenamente en nuestra Iglesia y en nuestra comunidad.
A
través del Ministerio Arquidiocesano de Detención,
promovemos la creación de comunidades de fe que abarcan a
detenidos, empleados y voluntarios en esas instituciones
penales y están encaminadas a proclamar, celebrar y construir
el reino de Dios. También entrenamos equipos de voluntarios
que por medio de obras de misericordia, tanto corporales como
espirituales, se ocupan de las víctimas del crimen y de los
familiares de los encarcelados. El Ministerio de Detención
también trabaja con numerosas agencias comunitarias para
abogar por la eliminación de la pena de muerte, la reforma
judicial, los jóvenes en peligro y el trato justo de los
inmigrantes.
Gracias al apoyo de muchas de las
parroquias de la Arquidiócesis, ayudamos a iglesias de diócesis
necesitadas en la región del Caribe. La Arquidiócesis tiene
una relación especial de hermandad con la Diócesis de
PortdePaix, Haití, donde por medio del trabajo de Amor en
Acción, una organización de laicos, edificamos escuelas y
mantenemos un orfelinato.
Además de ofrecer ayuda financiera a
la Iglesia en otros países de nuestro continente, la Arquidiócesis
también envía misioneros a esas áreas. En este momento
tenemos sacerdotes autorizados por la Arquidiócesis que
ejercen su ministerio en Perú, Cuba y México. Por medio de
Amor en Acción, hay
también igualmente
misioneros laicos que ayudan a las iglesias en varios países
del Caribe.
La Arquidiócesis participa todos los años
en la Colecta para las Misiones que se recoge en cada una de
las parroquias católicas del mundo para apoyar la labor
misionera en las áreas más necesitadas del planeta. Por
medio de nuestro Plan de Cooperación Misionera, que cada año
hace presentaciones en nuestras parroquias locales para
solicitar contribuciones, ayudamos individualmente a distintas
misiones.
Bajo los auspicios de Amor en Acción y
de nuestro seminario local, los jóvenes y seminaristas
visitan otros países para trabajar con los pobres y
necesitados de esas áreas.
Nuevas iniciativas en la Arquidiócesis
de Miami:
Para ayudarnos a apreciar más
profundamente la llamada papal a la nueva evangelización y a
la solidaridad con aquellos que viven fuera de la Arquidiócesis,
quiero anunciar el siguiente plan para la Arquidiócesis de
Miami:
1. El establecimiento de un Comité
Misionero en cada parroquia y en cada misión de la Arquidiócesis
de Miami.
2. Un nuevo programa de presentaciones
y solicitudes misioneras en cada parroquia de la Arquidiócesis,
organizado cada año por nuestra Oficina para la Propagación
de la Fe.
3. El establecimiento de la Sociedad de
la Santa Infancia en todas las escuelas católicas elementales
y en todos los programas de educación religiosa, para educar
a nuestros jóvenes acerca de sus responsabilidades
misioneras; al igual que el establecimiento de Comités
Misioneros en aquellas escuelas católicas secundarias donde aún
no existan.
El papel de María
Para concluir el Sínodo de América y
promulgar el documento sinodal “La Iglesia en América”,
los Padres Sinodales se reunieron en la Basílica de Nuestra
Señora de Guadalupe en Ciudad México el 22 de enero de 1999.
Durante la celebración de la Misa ante más de 600 obispos
del continente americano, el Santo Padre proclamó el día 12
de diciembre como fiesta litúrgica a observarse en toda América
en honor de Nuestra Señora de Guadalupe. De esta manera elevó
esta veneración especial de María al rango de fiesta litúrgica
para todos los pueblos de América y no sólo para los
mexicanos. Así enfatiza una vez más la comunión y
solidaridad que compartimos todos los americanos. La tez
mestiza de la Virgen de Guadalupe nos recuerda nuestra
herencia común y la fe que nos une. Nuestra Señora de
Guadalupe es la patrona del continente americano. Bajo su
amparo amoroso, la Arquidiócesis de Miami aúna todos sus
esfuerzos en pro de la nueva evangelización en el tercer
milenio. Rogamos a Nuestra Señora que nos ayude con su
poderosa intercesión y presente nuestras humildes intenciones
y obras ante Su Hijo, el Divino Redentor.
Conclusión
Hoy nos unimos al Santo Padre, en el
momento que cierra la Puerta Santa al concluir este Año de
Gracia, el Gran Año Jubilar 2000. Repetimos la oración que
el mismo Juan Pablo II ofreció al final de su Exhortación
Apostólica “La Iglesia en América” y suplicamos que la
gracia de Dios descienda sobre nuestros humildes esfuerzos de
ser fieles discípulos de la nueva evangelización.
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