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Convoca el Papa a
Cardenales del mundo
VATICANO (ZENIT).- Juan Pablo II ha
convocado una reunión de todos los cardenales de la Iglesia
católica para analizar los desafíos que tiene que afrontar
el cristianismo a inicios de milenio.
Este «consistorio extraordinario»,
según ha explicado hoy el portavoz de la Santa Sede, Joaquín
Navarro-Valls, tendrá lugar del 21 al 24 de mayo próximo.
«El tema central de esta sexta reunión
plenaria del colegio cardenalicio es el estudio de las
perspectivas de la Iglesia para el tercer milenio, a la luz de la reciente carta
apostólica del Santo Padre "Novo millennio ineunte"».
El Papa, con esta reunión, convoca a
todos los cardenales, también a aquellos que han superado los
ochenta años y que por tanto no podrían participar en un eventual cónclave.
Si bien el comunicado de prensa de la
Santa Sede no es muy explícito, según revelaba hoy el diario
romano «Il Messaggero» los «senadores» de la Iglesia católica
profundizarán con el Papa sobre el «ministerio petrino», es
decir, el papel y las funciones del primado del obispo de Roma, así como
sobre la «colegialidad episcopal», esto es, el ministerio de
los obispos en unión entre sí y en comunión con el pontífice.
Una cuestión que el Papa plantea en el
número 44 de la «Novo millennio ineunte» con estas
palabras: «El nuevo siglo debe comprometernos más que nunca a valorar
y desarrollar aquellos ámbitos e instrumentos que, según las
grandes directrices del Concilio
Vaticano II, sirven para asegurar y
garantizar la comunión. ¿Cómo no pensar, ante todo, en los
servicios específicos de la comunión que son el ministerio petrino y, en
estrecha relación con él, la colegialidad episcopal?».
En segundo lugar, el consistorio debería
abordar, según ha anticipado el «vaticanista» Orazio
Petrosillo en «Il Messaggero», el estado de las relaciones entre la Iglesia católica
y las Iglesias cristianas de cara al «restablecimiento de la
comunión plena».
En su encíclica sobre el ecumenismo,
la «Ut unum sint», en mayo de 1995, el Papa escribía: «Estoy
convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo
al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de
las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige
de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin
renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación
nueva» (n. 95). El tema, por tanto, está servido.
Además, el Papa debería hacer con los
cardenales, según el diario romano, un balance final del
Jubileo, en el que se hablaría, entre otras cosas de la cuestión particular de la
deuda externa de los países pobres.
Terminado el Jubileo, Juan Pablo II
parece plantearse metas sorprendentemente ambiciosas en
aspectos importantísimos para la vida de la Iglesia. En la misma «Novo
millennio ineunte», las expone: «Se ha hecho mucho, desde el
Concilio Vaticano II, en lo que se refiere a la reforma de la Curia romana, la
organización de los Sínodos y el funcionamiento de las
Conferencias Episcopales. Pero queda ciertamente aún mucho por hacer para
expresar de la mejor manera las potencialidades de estos
instrumentos de la comunión, particularmente necesarios hoy ante la
exigencia de responder con prontitud y eficacia a los
problemas que la Iglesia tiene que afrontar en los cambios tan
rápidos de nuestro tiempo» (n. 44).
El Papa está lanzando de este modo una
gran reflexión sobre la reforma de la Iglesia. Él la
describe así en la misma carta apostólica, en el número siguiente: «Los espacios de
comunión han de ser cultivados y ampliados día a día, a
todos los niveles, en el entramado de la vida de cada Iglesia. En ella, la
comunión ha de ser patente en las relaciones entre obispos,
presbíteros y diáconos, entre pastores y todo el Pueblo de Dios, entre clero y
religiosos, entre asociaciones y movimientos eclesiales».
«Para ello se deben valorar cada vez más
los organismos de participación previstos por el Derecho canónico,
como los Consejos presbiterales y pastorales --añade--.
Éstos, como es sabido, no se inspiran en los criterios de la
democracia parlamentaria, puesto que actúan de manera consultiva y no
deliberativa sin embargo, no pierden por ello su significado e
importancia. En efecto, la teología y la espiritualidad de la comunión
aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre pastores y
fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y,
por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo
opinable hacia opciones ponderadas y compartidas».
El consistorio especial tendrá lugar
cinco meses antes de la celebración del Sínodo universal
sobre la figura del obispo, de gran importancia sin duda para el futuro de
la Iglesia.
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