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Jesús
es el gran trabajador social

Eugenio Torres
Uno de los fundadores de la Alianza Floridiana para el
Progreso, Inc., que ayuda a la juventud de Broward, y
miembro de la parroquia San Isidro.
La vida de un trabajador social no es
la más fácil. Siempre estamos en medio de todos los
problemas o, como decía mi madre: "como el queso en
medio del pan". Por suerte o desgracia nos
enfrentamos día a día a ayudar a los que tienen poco,
esperando que los que tienen mucho se apiaden. Estamos, a
veces, en medio de situaciones en las cuales un trabajador
no es tratado bien pero, sin embargo, tiene el mejor
empleo que su capacidad le permite. ¿Cómo lo ayudamos
entonces?
En las escuelas y en las agencias casi
siempre vemos a los jóvenes con problemas. Al llegar a
nuestro hogar nuestra cabeza nos late como si un gran
tambor resonase dentro de ella. Recuerdo que cuando estalló
la guerra del Golfo Pérsico, un grupo de personas vino a
mi casa para que yo ayudara a las esposas y a los hijos de
los soldados que allá fueron. Sabían que yo también
estuve un día en el ejército. Yo los miraba y me
preguntaba a mí mismo en silencio, "¿y qué tal de
mí? Yo también estoy asustado y necesito ayuda, pero
todos creen que soy 'Superman' y que nada me afecta".
Les dije que allí estaría y fue una experiencia única
el ayudar a estas personas.
Si esto es tan difícil, ¿cómo es que
los trabajadores sociales, los sacerdotes y otras personas
dedicamos nuestras vidas a estos menesteres en donde se
pierde más de lo que se gana? ¿Por qué conseguimos
tantos enemigos gratuitos sólo por el hecho de tratar de
ayudar la causa de los menos afortunados? ¿Por qué,
aunque se nos machaque todos los días que debemos
desconectaron de las personas con problemas y no traerlos
a casa y que nada cambiará, seguimos haciéndolo?
La respuesta a lo anterior, después de
muchas agonías entre mi profesionalismo y mi
humanidad, la he encontrado en la Biblia y en las
prédicas de muchos sacerdotes: "Porque estuve
enfermo y no me visitaste; porque estuve desnudo y no me
vestiste; porque tenía hambre y no me diste de
comer". Porque todo lo que hagas a los demás, lo
estarás haciendo por Cristo.
A veces alguien nos dice, "nada te
llevarás cuando te mueras". ¡Nada más lejos de la
verdad! Lo que hagas por los demás es tu cuenta de banco
en la gloria de Dios y, no solamente te lo llevarás
contigo, sino que llegará antes que tú y estará esperándote
cuando te encuentres con Dios. Nada más reconfortante que
ver un joven leyendo a la luz de una lámpara
incandescente porque tú ayudaste a conseguir dinero para
pagar la cuenta eléctrica. Nada más sabroso que el olor
a comida cuando tú le ayudaste a una familia a conseguir
alimentos. Nada más bonito que la sonrisa de una persona
cuando te dice: "gracias por ayudarme; sin tu ayuda
no sé lo que hubiese sido de mí".
Nada más agradable que retirarnos a
dormir y
poder pensar: "hoy ayudé a Cristo". Y así
dormir tranquilo. |