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Los
ancianos: una riqueza, no un peso
Defiende a los ancianos el
‘embajador’ del Papa ante Naciones Unidas
NUEVA YORK (ZENIT) — En los países
ricos los ancianos viven arrinconados; algo que no se da en
los países pobres, señaló el representante del Papa ante la
Sede de Naciones Unidas de Nueva York el 26 de febrero.
Ante la Comisión especial
preparatoria de la Segunda Asamblea Mundial sobre el
Envejecimiento Mons. Renato Martino, hizo la pregunta "¿Quiénes
son los ancianos? A menudo personas, incluso de más de 80 años,
a las que se discrimina y excluye, respondió el arzobispo
Martino, observador permanente de la Santa Sede ante Naciones
Unidas.
Los ancianos, sin embargo, son personas
que quieren que se escuche su voz y que se afronten sus
problemas específicos, continuó diciendo. A menudo, son
también personas que no querrían ser consideradas seres que
simplemente han llegado al ocaso de su vida.
El representante pontificio se preguntó
en su discurso por qué en el mundo desarrollado las personas
ancianas deben acabar sus días abandonadas u olvidadas en
centros de asistencia, mientras que en los países en vías de
desarrollo la vejez es vista con veneración y los ancianos
son respetados y valorados "como un tesoro de sabiduría
y un rico patrimonio de su propia tradición".
Mons. Martino dijo que "es
horrible pensar que justamente mientras el mundo empieza a
realizar grandes progresos a la hora de prolongar la vida de
los individuos, la veneración y el respeto por la vida se
hayan perdido. Parece imposible creer que la supresión de la
vida haya llegado a ser, en algunos lugares, una alternativa
aceptable".
En clara referencia a la eutanasia, el
representante vaticano subrayó que "para muchas personas
ancianas, ciertos cambios en la legislación o en la práctica
médica, o la misma amenaza de tales cambios, se han
convertido en una nueva fuente de temor y de ansiedad y pueden
verdaderamente debilitar la relación fundamental de confianza
incondicional, que estas personas tienen derecho a depositar
en aquellos que tienen la misión de cuidar de ellos y ellas.
El representante de la Santa Sede
insistió en el hecho de que el vivir más tiempo no debe ser
considerado una excepción, un peso, un problema, sino una
bendición porque "las personas ancianas son una riqueza
para la sociedad", en la cual "los adultos de hoy
serán en el futuro la vieja generación".
De aquí, el papel hoy más necesario
que nunca de Naciones Unidas, comprometidas a delinear la
"estrategia" de una sociedad que tenga una postura
abierta hacia "todas las edades".
La Segunda Asamblea Mundial sobre el
Envejecimiento se celebrará en el año 2002, para recordar el
vigésimo aniversario de la celebración en Viena de la
Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento.
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