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Con nuestro talento al servicio de Dios

Hada María Morales
Escritora nicaragüense residente en Miami.

De chiquita oía este gastado refrán cuando alguien salía embarazada: “Cada niño trae su pan bajo el brazo”. En mi mentalidad infantil y creyendo en la “cigüeña”, me devanaba los sesos pensando cómo podía ser eso.

 Me conmovía el pobre pájaro, que además de cargar con un bebé desde París, se las tuviera que arreglar con un pan y volando con mucho cuidado para que no se le perdieran atravesando los  fuertes vientos y las peripecias del vuelo.

Fueron muchos años tratando de encontrarle respuesta a esta tremenda incógnita pero, al crecer, descubrí que no había tal cigüeña, lo cual me alivió por el pobre pájaro.

Como todo ser humano, vamos creciendo físicamente pero, gracias a Dios, espiritualmente también. Fue muy emocionante descubrir que no veníamos con un pan debajo del brazo, sino con un talento para desarrollar y compartir con los demás.

Hoy te pregunto si has hecho la tarea de descubrir cuál es el tuyo. Esto es muy importante en nuestras vidas pues es la forma de vivirla a plenitud.

 Por no dedicarle tiempo por muchos años a estar a solas con mi Creador y conmigo misma, pensé que habilidades como bordar, limpiar y hacer algunas recetas de cocina eran mis únicos talentos. Pero a medida que nuestros momentos de encuentro iban siendo más de corazón a corazón, el Padre maravilloso me mostró un talento que era más grande que los otros: el de poder expresarme a través de la palabra escrita con sencillez, pero llegando a los corazones con el mensaje que mi Creador había depositado en el mío.

Estoy más que segura que tú, al igual que yo, tienes más de algún talento para poner al servicio de la obra del Señor. Sólo escucha a tu corazón y lo encontrarás.

Cuando empecé a descubrir la bendición de poder escribir, le dije al Señor: “Padre, en mi barca no hay oro ni espada, pero mi corazón y mi pluma te pertenecen completamente, sólo dime hacia dónde” y ha sido El quien realmente me ha ido indicando la senda. De su mano he ido tocando puertas y entrando a esa dimensión preciosa de servirle en espíritu y en verdad.

Siempre hay algo noble y precioso dentro de ti que puedes darle. Sólo dáselo… y El, que ve el corazón del ser humano, hará cosas maravillosas.