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CON HAMBRE Y SIN TECHO AUN ESPERAN TU AYUDA

Después de dos terremotos, la Iglesia busca ayuda para construir viviendas en El Salvador antes de la llegada de las lluvias


Los niños juegan en el campamento de Santa Tecla en San Salvador.
Fotos: Araceli Cantero

Araceli M. Cantero
La Voz Católica

COJUTEPEQUE, El Salvador—Sin techo, con hambre y a la espera de más ayuda, miles de salvadoreños miran al cielo cada mañana rogándole a Dios que no caiga la lluvia y empeore aún más la situación en la que se encuentran, dos meses después del primer terremoto que azotó el país el 13 de enero.

"Lo más difícil es que no tenemos casa y se acerca el invierno, dice María Rosa González de González del municipio de San Cristóbal en Cojutepeque,  en donde el segundo terremoto del 13 de febrero acabó por derrumbar la parroquia y las casas de vecinos ya afectadas 30 días antes.

"Ya está cayendo bastante ‘sereno’ y con la lluvia nuestros techitos gotean", comenta  mientras muestra el cobijo montado sobre unos palos y plásticos azules.

A unos pasos, sobre lo que fue la parroquia de San Cristóbal, su esposo José Cesar González  conversa con el obispo auxiliar de Miami Mons. Thomas Wenski y le cuenta como el terremoto del 13 de enero apenas dejó en pie la torre con la imagen del Santo Patrón pero con el segundo todo quedó derrumbado.


El obispo de San Vicente, Mons. Oscar Barahona

"Nos caíamos que ni correr podíamos", recuerda. Ahora las Misas se celebran al aire libre, pero a pesar de la tragedia a González no le cabe duda "de que vamos a salir adelante".

Su esposa ha escuchado muchas críticas de la gente que "no valorizan lo que se hace" . Ella dice que "eso podían dejarlo, porque si estás al servicio de Dios vas a estarlo en los momentos difíciles aún temblando.  Como humanos no dejamos de sentir temor, pero logramos que la gente tenga su abasto", explica.

El abasto les llega desde el centro de acopio de la Vicaría de la zona en la Iglesia de San Sebastián.

"Pedimos una colaboración a los colonos y pagamos el transporte", explica esta mujer católica que ha ayudado en los censos parroquiales para evaluar las necesidades.

El obispo de San Vicente Mons. Oscar Barahona dice que en algunas zonas existe una buena coordinación entre la Iglesia y el gobierno para que las ayudas no se repitan. Como los víveres y ayudas llegan a la capital, se hace necesario su transporte a cada zona y los que pueden colaboran  con donativos.

Mons. Barahona tiene su catedral  destruida. Los muros cayeron sobre su oficina y "si llego a estar allí  hoy estuviera muerto", explica el Obispo que ha tenido que establecer su residencia en una casa de religiosas. Pero él se siente afortunado por comparación a las historias que ya ha escuchado: En el municipio de Verapaz  una  maestra de la escuela y sus alumnos vieron como se abría la tierra en medio del aula y se tragaba a dos niños, volviéndose a cerrar de nuevo. Otros quedaron atrapados desde la cintura. 

A mediados de marzo la tierra seguía temblando y causando pánico entre la gente que prefiere vivir en las calles.

"La gente siempre acude a la Iglesia", señala el sacerdote Nelson Díaz de la capital. "La estructura de las parroquias ha sido muy eficaz para la coordinación", dice. El subraya la fe del pueblo, gente que ha perdido esposa e hijo y que le decían "por algo Dios me ha dejado vivo, algo me está pidiendo".


Mons. Wensky en la iglesia sin techo de San Cayetano

Y aunque reconoce que la peor parte siempre se la lleva el pobre que vive en viejas casas de adobe llenas de remiendos, señala que los temblores fueron tan fuertes que casas de clase media también han colapsado. "No podemos decir que el primer terremoto fue el de los ricos y el segundo el de los pobres", aclara. "Las calles colapsaron y ricos y pobres estaban igual esperando a que se les diera algo".

Opina que "ha habido mucha bendición de Dios: gente que se había  ido a los Estados Unidos enemistada, ha buscado a sus familiares para ayudar".

La iglesia está consciente del papel que juegan los salvadoreños fuera del país en la reconstrucción. Y lo tiene en cuenta en sus criterios para las ayudas.

"El problema es tan gordo que no podemos ayudar a todos", dice el padre Esteban Alliet, director de Caritas de la Arquidiócesis de San Salvador.

"Tenemos que dar prioridad a los más necesitados en las zonas del campo", explica. "A quienes no tienen familia en los Estados Unidos que les manda dinero".

Pero además "es la comunidad misma quien decide quien es el más necesitado y no la Iglesia".

En El Salvador hay 8 diócesis repartidas en 14 departamentos. Hay zonas más afectadas en la costa del sur y en el centro, incluida la Arquidiócesis metropolitana de San Salvador.

Un día después del primer terremoto, el obispo auxiliar de San Salvador, Mons. Gregorio Rosa Chávez anunció que las parroquias del país se habían puesto a disposición de los afectados y servirían como centros de acopio para recibir las ayudas necesarias y llamó a los salvadoreños a “ser solidarios en el dolor y a estar unidos en la esperanza de salir de la crisis".

Por su parte el Arzobispo de San Salvador convocó al clero Arquidiocesano a una reunión de carácter urgente, de donde salieron las directrices para buscar y canalizar la ayuda humanitaria.

"Hágannos un lugar en su corazón y ayúdennos a llevar esta carga que hoy pesa sobre nosotros", pidió Mons. Saenz Lacalle en un mensaje después del terremoto del 13 de enero cuyo epicentro fue profundo y en la costa sur del país.

Por ser más superficial, el segundo terremoto en la zona central causó muchos daños y acabó por tumbar muchas más viviendas.

Datos del Comité de Emergencia Nacional (COEN) señalan que hay 140,374 viviendas destruidas y  173,863 dañadas en todo el país. Los daños se calculan en 1.650 millones de dólares y un 25% de la población de 6 millones se ha visto afectada.

Aunque el ideal sería construir viviendas permanentes, no dará tiempo antes de las lluvias.

"Se les dan láminas de aluminio y la gente se protege", explica Mons. Elías Bolaños, obispo de Zacatecoluca. Y aunque dice que su diócesis no está tan destruida como la de San Vicente, habla de 33,000 viviendas destruidas y más de 30,000 dañadas en su zona.

Por parte de la Iglesia existe un proyecto de Caritas para construir 8,000 viviendas definitivas en tres etapas. Primero, a un coste de $1,000, se construye la estructura y se les dan plásticos para cubrirse. En una segunda etapa por $1,000 más se hacen las paredes, techo y ventanas. En una tercera etapa se hacen los acabados, todo a un costo de unos $2,000 por unidad. La primer etapa está cubierta por Caritas Alemana y están buscando más ayuda.

Para salir al paso de las necesidades la Iglesia Salvadoreña cuenta con tres fuentes de ayuda:

- El dinero que recibe la Conferencia de Obispos que luego distribuye proporcionalmente a la necesidad.

- Los fondos que recibe Caritas Nacional de las agencias de Caritas en otros países.

- El dinero que cada  obispo o diócesis recibe  de ayudas directas de otros obispos o diócesis.

La Arquidiócesis de Miami  envió un cargamento  de ayuda de emergencia por valor de $40,000  y personalmente, el obispo auxiliar Mons. Thomas Wenski viajó con  un cheque de $150,000 de contribuciones a Caritas de la Arquidiócesis de Miami y otro cheque por valor de $205,000 del Arzobispo John C. Favalora recogidos en una colecta especial en las parroquias de la Arquidiócesis de Miami.

La parroquia de Santa Inés, en Cayo Biscayne y su comunidad salvadoreña también enviaron un donativo una parroquia de El Salvador.

"Sería una fuente importante de ayuda que parroquias del exterior se hermanasen  con parroquias del Salvador" dice el padre Esteban Alliet, director de Caritas en la Arquidiócesis de San Salvador.

Algo parecido es lo que ha propuesto el arzobispo Fernando Saénz Lacalle a los obispos de España; que cada diócesis española se hermane con una parroquia salvadoreña.

"Hemos tenido mucho dolor pero también mucha solidaridad", dijo Mons. La Calle al recibir a Mons. Wenski el 5 de marzo. "Está siendo una experiencia de humanización" dijo. El Arzobispo  señaló que "al pedir ayuda a la gente le damos la oportunidad de practicar las obras de misericordia que es el mejor negocio que pueden hacer".