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Pasemos de las cenizas a la vida
P. José Luis Hernando
Párroco de la iglesia St. Agnes, en Key Biscayne y presidente
de Pax Catholic
Communications.
Había una vez un mendigo que solía
pedir limosnas en un plato viejo. Murió aquel mendigo y
alguien recogió su plato, lo único que dejaba en herencia. A
los pocos días se descubrió que aquel plato sucio valía
muchos miles de dólares. El mendigo vivió y murió sin saber
que era millonario. Aquel plato, dedicado a recoger los
centavos de la gente, lo podía haber sacado de su miseria.
Esta historia es la historia de cada
uno de nosotros. Buscamos nuestra riqueza y nuestra seguridad
donde no están. Vivimos mendigando centavos de aplausos,
porque no sabemos lo que somos. Nos sentimos necesitados de
halagos. Buscamos cosas puramente materiales y dejamos que la
vasija, el plato de nuestra existencia se vaya vaciando… Nos
hinchamos de vanidad.
Somos hijos de la tierra pero también
somos hijos de Dios. Dios nos hizo de polvo pero, al soplar
sobre el barro, nos infundió su espíritu, nos hizo seres
vivientes. Imprimió su imagen, las huellas divinas de sus
manos creadoras quedaron impresas en nuestro barro, en nuestro
ser. Por eso somos vasijas preciosas, únicas. Es una pena que
nos valoremos tan poco o que seamos objeto del abuso y el egoísmo
de los poderosos. Nadie fue creado para convertirse en un
mendigo. Cristo vino a luchar contra el mal, contra la pobreza
y la enfermedad. Cristo odia la miseria. Por eso predica un
mensaje de Misericordia: vino a poner amor y corazón en medio
de nuestras miserias.
Borrón y cuenta nueva
Los maestros que usan con frecuencia el
pizarrón saben muy bien lo que es la tiza y el polvo.
Escriben y borran mientras los alumnos toman notas y aprenden.
Hay un famoso autor —Bossuet— que dice esta frase:
“Cuando Dios borra, es que quiere escribir algo”.
Dios es el mejor de los Maestros. Usa
la tiza de su Palabra y Sabiduría para enseñarnos a vivir. Y
vivir es amar, es crecer, es cambiar, es llorar, es progresar.
Vivir es comenzar todos los días.
La Cuaresma es nuestra gran oportunidad
para volver a empezar. Es tiempo de salvación y conversión.
Dios quiere tomar el polvo y el barro de nuestros errores y
disparates, los borra y deja en blanco el pizarrón de nuestra
vida. Al borrar nos perdona, nos abraza y nos invita y anima
para escribir de nuevo, para empezar otra vez.
Hay que cambiar el rumbo, enderezar las
líneas torcidas de una carta. Dios viene en nuestra ayuda
para que mejoremos la letra y las obras, los sentimientos y
los pensamientos. Dios cree en ese dicho que reza así:
“Borrón y cuenta nueva”. Dios es el único que puede
hacer que nuestra pobre escritura —nuestro pecado y
errores— se convierta en un bello poema. El escribe derecho
aunque nuestras líneas estén torcidas.
Lo mismo que rezamos todos los días:
"El pan de cada día dánosle hoy", también tenemos
que decir: "el cambio de cada día, dánosle hoy".
Es el deseo y el trabajo de una conversión diaria.
Aquí tienes algunos campos en los que
puedes trabajar:
•Si eres soberbio y orgulloso, conviértete
en sencillo y humilde.
•Si eres opresor, procura convertirte
en libertador.
•Si eres avaro y apegado al dinero,
conviértete en generoso.
•Si eres rencoroso, procura tener un
corazón grande, capaz de dar perdón.
•Si eres demasiado intransigente,
procura ser más comprensivo.
•Si eres iracundo y malgenioso, trata
de ser pacífico, comunicando paz.
•Si eres caprichoso y grosero, piensa
en los demás más que en ti mismo.
•Si eres sensual, valora el amor,
superando la obsesión del sexo desordenado.
•Si eres egoísta, piensa menos en ti
y tiende más la mano a los demás.
•Si señalas a otros con el dedo,
procura darles la mano del amor y del silencio.
•Si somos cómodos y egoístas y no
nos preocupamos por las injusticias que se cometen a nuestro
alrededor, cooperemos para luchar contra ellas.
•Si no nos hemos preocupado de
nuestros vecinos ni de los recién llegados a este país,
invitémosles para que se sientan bienvenidos.
•Si juzgamos con dureza a los jóvenes
que ceden a las presiones de la calle y se meten en drogas o
en gangas, averigüemos qué se podría hacer en nuestra
parroquia para atender más a los jóvenes.
En fin, pongamos todos los
"si..." que nosotros conocemos mejor que nadie y añadamos
nuestros propósitos y decisiones de cambiar y empezar de
nuevo. Cristo nos va a ayudar.
Este es el tiempo de regresar a la casa
del Padre para apreciar y agradecer su amor.
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