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En solidaridad pastoral con Cuba

Sammy Díaz
Director de la Pastoral de Prisiones de la Arquidiócesis de Miami

Hace unos días regresé de hacer una visita de solidaridad pastoral a Cuba. Solidaria porque fui a apoyar y ayudar a realizar algunos proyectos, sabiendo que mi ayuda está limitada a lo que me pidan. Mis consejos no son órdenes; por lo tanto, que los sigan o no depende de la persona que dirige el proyecto.

Es pastoral toda acción de la Iglesia y de los cristianos en el peregrinar del pueblo de Dios. Esta acción solidaria pastoral parte del mandato de Jesús a la implantación del Reino de Dios en la sociedad. El Concilio Vaticano II nos sugiere que para ello hagamos dos lecturas imprescindibles que se superponen, sin confundirse ni separarse: la lectura de la Palabra de Dios y la lectura de los signos de los tiempos.

Es aquí donde entra en juego la cultura personal que es el conjunto de conocimientos, experiencias, costumbres, tanto humanas como religiosas que nos ayudan a entender la realidad, percibirla, y nos ofrece los mecanismos de tomar decisiones.

La cultura colectiva es la manifestación de los puntos comunes de un grupo determinado de personas.

No confundamos ‘cultura’ con gustos y costumbres que son sólo la parte visible de la misma, pero no la determinante. A todos los cubanos de aquí y a los de allá nos gusta el arroz, los frijoles, la carne de puerco, el café, el ron, el flan y otras cosas más. Tenemos las costumbres de celebrar en familia ciertas fiestas, como los cumpleaños y la Nochebuena. Mantenemos los lazos familiares y nos ayudamos en las dificultades.

Estos rasgos de nuestra cultura son más bien en el ámbito de los gustos y costumbres. Pero al leer los signos de los tiempos y cuando tomamos decisiones, nuestras culturas son distintas.

La Iglesia en Cuba se desenvuelve en un medio que exige una acción pastoral específica de acuerdo con los signos de los tiempos que ellos leen y que nosotros no podemos leer desde lejos. La cultura de la Cuba de hoy no es la misma que tenía hace 40 años, ni tampoco es la cultura de la diáspora ahora.

Traté de entender esa otra cultura porque, aquí entre nosotros, hay muchos que la tienen y tenemos que encontrar la forma de comunicarnos con ellos para acogerlos en nuestra Iglesia.

Hay un sector del pueblo cubano que no tiene gran problema con la diferencia cultural; son los que regularmente viajan a Cuba a visitar a sus familiares. En esas familias unos y otros van aprendiendo sus diferencias culturales. Van tejiendo de manera espontánea las relaciones familiares y las bases de la reconciliación.

Hace años que la reconciliación empezó por las familias, que cada vez son más las que se visitan regularmente. ¿Por qué no seguimos con las parroquias, visitándolas el día de la patronal? ¿Por qué no hacemos encuentros de antiguos alumnos?

Reunámonos para contarnos nuestras vidas, nuestras experiencias buenas y las malas y así esta diferencia cultural tan marcada se irá desvaneciendo.