Cristo
siempre estará con nosotros

Texto
parcial de la
Homilía del Arzobispo John C. Favalora en la Misa Crismal del
martes, 10 de abril en la Catedral de Santa María, en Miami.
Durante la Misa Crismal, los sacerdotes de la Arquidiócesis
renovaron sus promesas sacerdotales.
Mis
hermanos sacerdotes, la experiencia del Año Jubilar enfatiza
el llamado que recibió nuestro pueblo en su bautismo —jóvenes
o viejos, casados o solteros— a la santidad de vida. El
documento Lumen Gentium del Concilio Vaticano II hace del
llamado universal a la santidad “un aspecto intrínseco y
esencial” de la enseñanza de la Iglesia…
En nuestros esfuerzos para ayudar a
nuestro pueblo en su búsqueda de santidad, permítanme
compartir algunos de los pensamientos del Santo Padre en su
nueva Carta Apostólica.
•En
primer lugar, nos reta a satisfacer el hambre espiritual de
nuestro pueblo al mejorar nuestra celebración litúrgica,
particularmente la Eucaristía. Nos subraya la necesidad de
introducirlos a las riquezas de la oración de la mañana y de
la tarde… La auténtica oración litúrgica es, después de
todo, el antídoto para los indignos sustitutos y
supersticiones.
Hay
maneras creativas para integrar la oración de la mañana y de
la tarde a la celebración eucarística y para celebrarlas por
separado. Hoy estoy solicitando a la Oficina de Culto y
Espiritualidad el diseñar sugerencias apropiadas y
entrenamiento, de ser necesario, de modo que se adapte la
Liturgia de las Horas para las parroquias y el hogar. Los
laicos bien entrenados serán muy útiles al dirigir esta
oración. El Santo Padre está dedicando la catequesis de los
miércoles a los Salmos. Los párrocos podrían publicarlas en
sus boletines parroquiales.
•En
segundo lugar, el Año Santo logró que millones de personas
regresaran al sacramento de la Reconciliación. El nacimiento
de Jesús en el mundo fue por el pecado, nuestro pecado. El
Jubileo celebró nuestra salvación del pecado en y a través
de Jesús. Frente a una cultura preocupada por el placer, el
materialismo y la superficialidad, es obligatorio para cada
sacerdote y diácono predicar persuasivamente sobre “el
sentido del pecado” que, según hemos visto, se ha perdido.
Este
es un serio reto pastoral que comparto con ustedes, los
pastores de almas en nuestras iglesias. Quisiera que cada
decano discutiera con los sacerdotes de su decanato cómo el
sacramento de la Penitencia puede ser mejor presentado con
efectividad a las familias y cómo la colaboración entre las
parroquias del decanato puede facilitar una mejor educación y
práctica de este sacramento sobre el perdón
abundante, la misericordia y la gracia de Dios.
•Un
último punto que quiero traer a su atención sobre la Carta
Apostólica es la exhortación pastoral del Papa para que los
obispos y sacerdotes enfaticen el papel primordial de las
Escrituras en la vida del pueblo de Dios. Les hago un llamado
urgente a que animen a las familias a tener una Biblia y
leerla diariamente, quizás a la hora de cenar. Les pido que
les enseñen la antigua tradición de la lectio divina como
ayuda para moldear su vida diaria.
Mis
hermanos en el sacerdocio, al amanecer de este nuevo siglo y
milenio, les llamo a acercarse a su ministerio con un nuevo
vigor y dedicación. Nuestro Sumo Sacerdote
nos da la esperanza que necesitamos para enfrentar lo
que hay que hacer. Jesús dijo a los apóstoles, “Duc in
altum”, “Echen las redes al fondo”.
Mis
queridos jóvenes aquí presentes, el año pasado ustedes
aprendieron en sus escuelas sobre el Gran Jubileo y muchos
tomaron parte en las celebraciones. Muchos también estuvieron
presentes durante las exhibiciones y los programas en el
Centro de Convenciones de Miami Beach. Nuestro Señor los ama
mucho y quiere que le amen.
Les
repito lo que les dije al cerrar el Año Santo: millones de jóvenes
que se unieron al Papa en Roma y tantos otros millones
alrededor del orbe entienden que Jesús es la Luz del Mundo. Dénle
el lugar número uno en su corazón. Ninguna cantidad de
tesoros mundanos, ni el oro ni la plata podrán satisfacer su
corazón humano. Sólo Jesús satisface el afán del corazón.
Sólo Jesús es la siempre nueva y duradera respuesta a los
deseos de sus jóvenes corazones.
Mis
queridos amigos, la renovada santidad de su vida a través de
la oración, la constante conversión de la vida en el Espíritu
Santo y la Palabra de Dios serán la base para el reto
misionero que hice a la Iglesia de Miami en mi Carta Pastoral
"La Estrella de Belén". El crecimiento
espiritual en santidad personal se logra en la caridad
cristiana hacia los demás. Por esta razón tendré preparadas
para este otoño las nuevas guías para nuestro plan de
cooperación y ayuda a la Iglesia misionera local y de otros
lugares. La educación sobre nuestro llamado a la misión y
las medidas para apoyar las misiones tendrán lugar en todas
las escuelas católicas y los programas de Educación
Religiosa. A través del buen servicio de nuestra organización
laica arquidiocesana, Amor en Acción, comenzaremos a entrenar
Comités Parroquiales de Misión e invitaremos a nuestros
fieles a visitar a los pobres y necesitados en diócesis
misioneras del Caribe.
En
el Evangelio de hoy Jesús dice a aquellos en el templo que su
presencia es el cumplimiento de las Buenas Noticias de las que
hablaban los profetas. Pedimos que María, Nuestra Señora del
Nuevo Milenio, nos muestre a Jesús y que a través nuestro,
al amanecer de esta nueva era, muchos lleguen a conocer que
Jesús es fiel a su promesa: “Siempre estaré con
ustedes”.
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