Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Opiniones
 

Lo que importa es lo que tenemos dentro

Víctor M. Martell
Presidente del distrito sur de la Sociedad San Vicente de Paul.

Estaba un vendedor de globos con su mercancía en la mano. Llevaba globos de todas formas y brillantes colores. Sin embargo, tenía un problema: a pesar de ese gran colorido, apenas llamaba la atención de los niños y niñas que estaban en el parque y mucho menos de los padres que los acompañaban.

De repente hizo algo extraño: soltó un globo que subió a lo más alto del cielo. Al verlo, un niño gritó: “¡Mira, mamá, un globo!” Poco a poco se fueron sumando más y más personas a contemplar el ascenso.

El vendedor entonces, al ver aquella reacción, soltó dos globos atados. Así todos comenzaron a rodearlo para comprarle aquellos hermosos globos que subían y subían.

A pesar de que gastó dinero al soltar algunos de sus globos consiguió que la gente, al acercarse a ver su mercancía, los comprara. Muchos niños y niñas ya caminaban por el parque felices con sus globos.

Al mirar a su alrededor, el vendedor de globos observó un niño diferente quien, con lágrimas en los ojos, miraba con tristeza los globos que seguían subiendo. El vendedor le ofreció un globo de muchos y vivos colores pero el niño rehusó tomarlo.

El color de su piel le apartaba de los demás.

El vendedor le preguntó por qué no lo tomaba y el niño, con su voz suave, le respondió con una pregunta: "¿Usted cree que el globo negro que tiene en el montón podrá subir como los otros?"

El vendedor comprendió su inquietud y le dijo: "Haz tú mismo la prueba. Suéltalo y verás cómo tu globo sube igual que los demás".

Con ansiedad el niño soltó el globo y contempló con alegría cómo su globo negro ascendía velozmente como los otros. ¡Qué gran felicidad irradiaba su carita!

El sabio vendedor le dijo: "Mira pequeño, lo que hace subir al globo no es la forma ni el color, sino lo que tiene dentro".

¡Qué importante es el que comprendamos esa frase! ¡Cúantas veces, sin darnos cuenta, discriminamos contra los demás! Y no sólo por la raza, ya que hay muchas formas de separar y titular a las personas que conocemos.

Si anhelamos seguir las huellas de Cristo, no podemos discriminar. El nunca lo hizo y El es nuestro Divino Maestro.

A veces discriminamos hacia una persona porque nos parece fea, es mujer o muy joven, no habla inglés o no tiene dinero, está en el país ilegalmente o tiene un impedimento, no es católica,  no piensa como nosotros o no es de nuestro país. Así podemos citar cientos de motivos.

¿Quiénes somos nosotros para juzgar?

En esta ciudad en la que somos uno más dentro del gran número de personas de diferentes razas, debemos ver a nuestro prójimo como un hermano. Lejos de rechazarle debemos ayudarlo, atraerlo para poner fin a las luchas fraticidas y para que juntos construyamos una mejor sociedad.