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‘Ecclesia
in América’
habla de la globalización
Una
característica del mundo actual es la tendencia a la
globalización, fenómeno que, aun no siendo exclusivamente
americano, es más perceptible y tiene mayores repercusiones
en América. Se trata de un proceso que se impone debido a la
mayor comunicación entre las diversas partes del mundo,
llevando prácticamente a la superación de las distancias,
con efectos evidentes en campos muy diversos.
Desde
el punto de vista ético, puede tener una valoración positiva
o negativa. En realidad, hay una globalización económica que
trae consigo ciertas consecuencias positivas, como el fomento
de la eficiencia y el incremento de la producción y que, con
el desarrollo de las relaciones entre los diversos países en
lo económico, puede fortalecer el proceso de unidad de los
pueblos y realizar mejor el servicio a la familia humana. Sin
embargo, si la globalización se rige por las meras leyes del
mercado aplicadas según las conveniencias de los poderosos,
lleva a consecuencias negativas.
Tales
son, por ejemplo, la atribución de un valor absoluto a la
economía, el desempleo, la disminución
y el deterioro de ciertos servicios públicos, la
destrucción del ambiente y de la naturaleza, el aumento de
las diferencias entre ricos y pobres y la competencia injusta
que coloca a las naciones pobres en una situación de
inferioridad cada vez más acentuada.
La
Iglesia, aunque reconoce los valores positivos que la
globalización comporta, mira con inquietud los aspectos
negativos derivados de ella.
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