La Iglesia en Cuba
es hoy más fuerte que nunca
El gobierno cubano arrecia su acoso
a líderes y laicos católicos
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Dr. Jorge I. Domínguez,
profesor de la Universidad de Harvard.
(Foto: A. Cantero)
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Ana Rodríguez-Soto
La Voz Católica
MIAMI
— A tres años de la histórica visita del Papa Juan Pablo
II a Cuba, la Iglesia Católica cubana sigue siendo acosada
por funcionarios del gobierno, afirmó un profesor de la
Universidad de Harvard con vínculos cercanos a líderes de la
Iglesia cubana.
"Por supuesto que hubo grandes
esperanzas de que surgiera una apertura después de la visita
del Papa. Creo que estas esperanzas fueron exageradas. No
fueron realistas", dice Jorge I. Domínguez, exiliado
cubano y profesor de Ciencias Políticas en Harvard. Domínguez
visita la Isla desde 1979.
Domínguez fue el orador principal de la conferencia El
Estado, la Justicia y la Ley en Cuba, auspiciada por el Centro
Félix Varela para Estudios Cubanos de la Universidad de Santo
Tomás. La conferencia se celebró con motivo del centenario
de la primera Constitución cubana.
En una entrevista después de su
ponencia, Domínguez habló sobre el estado actual de la
Iglesia en Cuba.
"Si comparas la situación de la
Iglesia Católica actual no con los deseos que tú o yo
tengamos, sino con la historia de las relaciones entre la
Iglesia y el Estado, la reacción correcta no es decir:
‘Ay, Dios mío, qué mal están las cosas’, sino ‘¡Qué
bueno, mira qué cambio!’", apuntó Domínguez.
El profesor dijo no saber nada acerca
de un documento secreto que, según rumores, el gobierno emitió
con lineamientos específicos para obstaculizar la influencia
de la Iglesia.
"Yo no conozco ese documento
secreto pero sí sé que hay un comportamiento del gobierno no
secreto y sí bastante público que trata de restringir las
libertades limitadas que tiene la Iglesia", explicó Domínguez.
"No lo veo como un ataque para
eliminarla", enfatizó, explicando que ese acoso ni es
nuevo ni es una reacción a la visita del Papa. Es más bien
un esfuerzo para controlar las inquietudes religiosas que
empezaron a surgir a mediados de los 80 y se aceleraron en los
90. Esas tendencias reflejan un aumento en el número de
cubanos que públicamente expresan su afiliación a la Iglesia
y el atrevimiento de los obispos cubanos al hablar acerca de
asuntos que afectan a la sociedad cubana.
"El momento de la visita del Papa
fue la cumbre de la libertad para la Iglesia
institucional", dijo Domínguez. También marcó un
momento álgido en la asistencia a la Iglesia "que
obviamente alarmó a algunos en el Partido Comunista".
Una persona a quien "le están
haciendo la vida imposible", explica Domínguez, es al
arzobispo de la Arquidiócesis de Santiago, Monseñor Pedro
Meurice. En su mensaje durante la visita del Papa, Monseñor
Meurice condenó fuertemente la política comunista por sus
efectos dañinos en las familias cubanas, tales como promover
la promiscuidad entre los adolescentes que son forzados a
trabajar en los campos, lo cual crea una atmósfera de
desesperanza y estimula la emigración.
Domínguez aclaró que el sermón
estuvo basado en "las enseñanzas de años precedentes de
los obispos católicos cubanos. No fue que el Arzobispo se
inventara nada por el estilo. Mons. Meurice estaba hablando
esencialmente a nombre de los obispos".
Otra institución católica que está
siendo más presionada es Cáritas, la agencia social de la
Iglesia. Ahora que la economía se ha recuperado de la crisis
de 1992, causada por el fin del subsidio soviético, el
gobierno "necesita un poco menos a Cáritas", comentó
Domínguez. "Lo que ellos querrían es que Cáritas
recaudara dinero y le firmara un cheque para el gobierno
cubano".
El nivel de hostigamiento depende de
las relaciones entre cada Iglesia local y los representantes
del Estado.
"Hay altas y bajas que varían de
acuerdo con las diócesis, no es un asunto nacional",
dijo Domínguez. "Es algo normal en la vida de la Iglesia
Católica en Cuba
y en las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Es con lo
que tienen que lidiar todo el tiempo los obispos, el clero y
los católicos en general. Decididamente no les gusta la
situación, pero no es ni remotamente lo que era antes".
Dominguez afirmó que la visita del
Papa fue un éxito en el sentido de que ayudó a consolidar
algunas libertades limitadas que la Iglesia había conquistado
a partir de la década del 90. Ahora la Iglesia puede recaudar
fondos y materiales para reparar sus edificios; aunque no en
estos momentos, se
permitió la entrada de más sacerdotes y religiosos al país;
continúa sus publicaciones que a veces critican la política
del gobierno y puede llevar a cabo procesiones, algo que era
ilegal.
"Cuba no fue nunca un país católico",
comenta Domínguez. "Nada que se parezca remotamente a
Polonia".
Cuando Fidel Castro llegó al poder,
arrasó con el liderazgo de la Iglesia, expulsó a un obispo
nacido en Cuba y a una cantidad considerable de sacerdotes y
religiosos. En dos años, 90 por ciento de las religiosas se
habían ido del país, lo mismo que muchos otros católicos
comprometidos. Muchos de los que se quedaron decidieron no
criar a sus hijos en la Iglesia Católica para que no
sufrieran el acoso del gobierno.
"La Iglesia casi desapareció",
apuntó Domínguez.
Irónicamente, hoy es más fuerte que
nunca.
Quienes son católicos en Cuba hoy lo
son soportando dificultades extraordinarias y sin embargo
deciden serlo "no porque sea agradable socialmente o una
forma de vida aceptable, tampoco porque sea una vía fácil
para llegar a la elite; en realidad es lo opuesto", dijo
Domínguez.
"Esta Iglesia es muy fuerte",
expresó. "Es pequeña, pero nunca ha sido más
fuerte".
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