Secciones

Vaticano
Miami
Cuba
Mundo/Nación
Opiniones
Enlaces
Correo
Archivo
Portada

 

Mundo / Nación
 

Juan Pablo II reza
en una mezquita musulmana

Que las tres religiones de Abraham superen diferencias

Un musulmán lee el Corán delante de la mezquita de los Omeyas que visitó el Papa en su viaje a Damasco. (Foto Reuters)

DAMASCO (ZENIT-CNS) — La imagen recorrió el mundo entero: el Papa quitándose los zapatos para entrar en  una mezquita en Damasco.

Rodeado de representantes religiosos musulmanes, miembros del gobierno sirio y representantes de la Iglesia católica de todo el mundo, el Pontífice pudo admirar la belleza de la impresionante mezquita de los Omeyas, en la que se encuentra, según la tradición, la cabeza de Juan Bautista.

En el patio de la mezquita escuchó la lectura de versículos del Corán y la letanía de los nombres de Dios, Alá y allí el gran mufti Ahmad Kuftaro pronunció un discurso de características religiosas y políticas.

En él dio la bienvenida  a "Su Santidad Juan Pablo II, presidente del Estado del Vaticano", al templo principal de Damasco, "cuna de profetas", y aseguró que "el Islam es la religión de la hermandad y de la paz".

"Todos adoramos al mismo Dios", añadió el jeque musulmán. "De nuestro Dios viene la paz y a El regresa. Nosotros somos expresión de paz. Alá llama a todas sus criaturas a la paz, a creer en el amor".

Poco después pronunció palabras durísimas  contra el Estado de Israel, a quien acusó de "saquear las mezquitas" de Tierra Santa. En su discurso, el Papa no afrontó cuestiones ligadas a la situación del Oriente Medio, sino que se concentró en las relaciones entre cristianos y musulmanes.

"Cada vez que los musulmanes y cristianos se ofenden unos  a otros tenemos que buscar el perdón que viene del Todopoderoso y ofrecernos mutuamente ese perdón. Jesús nos enseña que tenemos que perdonar las ofensas de los otros para que Dios pueda perdonar nuestros pecados", dijo el Papa.

Esta nueva era de diálogo y colaboración entre musulmanes y cristianos, según el Papa, debe "conducir hacia formas de cooperación, especialmente en respuesta a nuestro deber de atender al pobre y al débil. Estos son los signos de que nuestra adoración es verdadera".

En declaraciones a los periodistas horas antes del acontecimiento, Joaquín Navarro-Valls, portavoz del Vaticano, reconoció que Juan Pablo II se encontraba emocionado por el respeto y cariño que los musulmanes de Siria le demostraron.

El deseo del Papa, dijo Navarro-Valls, es que las tres religiones de Abraham superen diferencias históricas y puedan trabajar con confianza y audacia al servicio de sus hermanos y del entendimiento mutuo.