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Juan
Pablo II reza
en una mezquita musulmana
Que
las tres religiones de Abraham superen diferencias
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Un musulmán lee el
Corán delante de la mezquita de los Omeyas que
visitó el Papa en su viaje a Damasco. (Foto
Reuters)
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DAMASCO (ZENIT-CNS) — La imagen
recorrió el mundo entero: el Papa quitándose los zapatos
para entrar en una
mezquita en Damasco.
Rodeado de representantes religiosos
musulmanes, miembros del gobierno sirio y representantes de la
Iglesia católica de todo el mundo, el Pontífice pudo admirar
la belleza de la impresionante mezquita de los Omeyas, en la
que se encuentra, según la tradición, la cabeza de Juan
Bautista.
En el patio de la mezquita escuchó la
lectura de versículos del Corán y la letanía de los nombres
de Dios, Alá y allí el gran mufti Ahmad Kuftaro pronunció
un discurso de características religiosas y políticas.
En él dio la bienvenida
a "Su Santidad Juan Pablo II, presidente del
Estado del Vaticano", al templo principal de Damasco,
"cuna de profetas", y aseguró que "el Islam es
la religión de la hermandad y de la paz".
"Todos adoramos al mismo
Dios", añadió el jeque musulmán. "De nuestro Dios
viene la paz y a El regresa. Nosotros somos expresión de paz.
Alá llama a todas sus criaturas a la paz, a creer en el
amor".
Poco después pronunció palabras durísimas
contra el Estado de Israel, a quien acusó de
"saquear las mezquitas" de Tierra Santa. En su
discurso, el Papa no afrontó cuestiones ligadas a la situación
del Oriente Medio, sino que se concentró en las relaciones
entre cristianos y musulmanes.
"Cada vez que los musulmanes y
cristianos se ofenden unos
a otros tenemos que buscar el perdón que viene del
Todopoderoso y ofrecernos mutuamente ese perdón. Jesús nos
enseña que tenemos que perdonar las ofensas de los otros para
que Dios pueda perdonar nuestros pecados", dijo el Papa.
Esta nueva era de diálogo y colaboración
entre musulmanes y cristianos, según el Papa, debe
"conducir hacia formas de cooperación, especialmente en
respuesta a nuestro deber de atender al pobre y al débil.
Estos son los signos de que nuestra adoración es
verdadera".
En declaraciones a los periodistas
horas antes del acontecimiento, Joaquín Navarro-Valls,
portavoz del Vaticano, reconoció que Juan Pablo II se
encontraba emocionado por el respeto y cariño que los
musulmanes de Siria le demostraron.
El deseo del Papa, dijo Navarro-Valls,
es que las tres religiones de Abraham superen diferencias históricas
y puedan trabajar con confianza y audacia al servicio de sus
hermanos y del entendimiento mutuo.
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