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Deploran ejecución

Los obispos de EU abogan por otros castigos


CALCE: El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos, Mons. Joseph A. Fiorenza.

WASHINGTON (CNS) — La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos expresó que la ejecución de Timothy McVeigh y el reiniciar las ejecuciones federales marcaron un triste día para el país.

Al mismo tiempo ofrecieron sus respetos y oraciones por todos aquellos afectados por la explosión en Oklahoma City.

“En una época en que el respeto por la vida está amenazado de tantas maneras, creemos importante enfatizar que la vida humana es un regalo de Dios y nadie, ni gobierno alguno, debe matar el regalo de Dios”, expresó el obispo Joseph A. Fiorenza, presidente de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos  de EU.

El prelado hizo un llamado a los católicos y a las personas de buena voluntad —particularmente a los legisladores— a reconsiderar la pena capital indicando que el sistema de justicia criminal tiene alternativas para castigar los crímenes atroces y proteger a la sociedad de quienes los cometen.

“Continuaremos apoyando la abolición de la pena capital mientras hacemos un llamado urgente para encontrar castigos apropiados para los delitos graves", aseguró.

Tras la ejecución  de Mc Veigh, muchos informes de prensa se refirieron brevemente al hecho de que McVeigh recibió “los últimos ritos”, sin especificar cuáles.

El padre Ron Ashmore, de la iglesia Sta. Margarita María, en Terre Haute, dijo que habló con uno de los abogados de McVeigh quien le dijo "que recibió el sacramento de la Unción".

El sacerdote, quien sostuvo comunicación con McVeigh, expresó desconocer si el prisionero había recibido el viático —la Comunión para quienes están a punto de morir— o si se confesó.

“Como católicos creemos que el sacramento de la Unción de los Enfermos —o de los que están al borde de la muerte, como Tim— también comunica el perdón del amor del Señor hacia nosotros”, expresó.

Los medios noticiosos  indicaron que McVeigh se negó a la presencia de un consejero espiritual momentos antes de morir ni emitió palabra alguna al ofrecérsele la oportunidad. Sin embargo, su última declaración quedó escrita en un papel: el poema ‘Invictus’, del escritor inglés William Ernest Henley, el cual concluye con los versos “Soy el dueño de mi destino; soy el capitán de mi alma”.

Juan Raúl Garza, un reo de ascendencia mexicana acusado por los asesinatos de tres narcotraficantes, fue ejecutado en la misma prisión de Terre Haute, Indiana, ocho días después de McVeigh. Contrario a éste, Garza se excusó por el dolor y la pena que causó. "Les pido su perdón y que Dios les bendiga", expresó Garza antes de morir.

En Massachussetts, miembros de la organización de Familiares de Víctimas de Asesinato por la Reconciliación se reunieron en Boston College para compartir historias sobre sus pérdidas y su trabajo contra la pena capital.

“Muchas personas agonizan por la pena de muerte”, dijo Pat Clark, miembro del grupo. “Cada vez son más quienes dicen que la pena de muerte no es una opción y se preguntan qué pueden hacer”.

La convención, en la que se conmemoraba el 25to. aniversario de la organización, fue organizada bajo el tema “Sanando las heridas de asesinato”.

Arun Ghandi, nieto de Mahatma Ghandi y fundador del Instituto M. K. Ghandi por la NoViolencia, contó su reacción al asesinato de su abuelo y el impacto en su vida. Indicó que  esperaba continuar predicando el mensaje de su abuelo contra la violencia.

“La ira se convierte en odio y el odio nos destruye”, expresó. “Necesitamos perdonar y seguir hacia adelante”.

Para Yvonne RiveraHuitron, quien viajó desde California, el evento cumplía una doble función. Su hermano Julián Ray Rivera fue asesinado hace ocho años y la convención era una manera de lidiar con esa pérdida. Asistió porque comenzaría a trabajar como defensora de las víctimas en la Pastoral de Prisiones de la Arquidiócesis de Los Angeles.

“Es maravilloso saber que no estoy sola”, dijo.

Entre los conferencistas se encontraban el cardenal de Boston, Mons. Bernard F. Law y la Hna. Helen Prejean, autora de “Dead Man Walking”, libro del cual se realizó una película.