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Notas al margen

Me gusta constatar que en días recientes  los obispos  de Estados Unidos estuvieron  pensando en la situación difícil  por la que pasan miles de refugiados en nuestro país.

Me gusta saber también que no olvidan la histórica generosidad de esta nación en la acogida de los refugiados e inmigrantes. Y ¡cómo olvidarlo, cuando la vitalidad de la Iglesia norteamericana se debe a los inmigrantes!

Es una realidad que vivimos día a día en nuestra Arquidiócesis y que han confirmado los últimos datos  del Censo del 2000. Por eso, en las páginas centrales, volvemos a retomar el tema de la presencia hispana y el renacer de la iglesia inmigrante entre nosotros.

En su declaración ‘Renovar el liderazgo de los Estados Unidos en la protección de los Refugiados’ aprobada durante su reciente reunión en Atlanta, los obispos hacen notar que el número de refugiados admitidos a los Estados Unidos ha descendido en un 42% desde 1992, al mismo tiempo que a nivel mundial el número de refugiados o peticiones de asilo ha pasado de 8 millones en 1981 a 14 millones en el presente.

Los obispos piden a esta nación que no decaiga en el liderazgo que ejerció en el pasado, lo que ha de implicar un examen de su política hacia los refugiados.

Pudiéramos pensar que esto no nos atañe a nosotros. Pero todos somos inmigrantes y todos somos capaces de ejercer el liderazgo de algún modo. Podemos crecer en tolerancia, en acogida, en sensibilidad. Bastará con salir a la calle, hablarle al vecino o mirar al rostro de quien, cada domingo en la parroquia, nos extiende la mano para ofrecernos un signo de paz.


Directora de La Voz Católica