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Cuba
 

La Iglesia propone valores
desde dentro de la sociedad

No como quien habla desde arriba
o desde afuera del peligro

Araceli M. Cantero
La Voz Católica

MIAMI — Estructurar y fortalecer la vida personal, el orden moral y la convivencia social es el aporte que la Iglesia en Cuba puede hacer a la sociedad civil, ha dicho el cardenal cubano Jaime Ortega Alamino.

En su discurso al recibir un doctorado Honoris Causa por la Universidad  Popular Autónoma del Estado de Puebla, Mexico el Arzobispo de la Habana habló de ‘La Iglesia en Cuba, fe cristiana y sociedad’ y subrayó que "desde el querer de Dios, la Iglesia sabe que tienen el deber de sembrar el amor del que Cristo la ha hecho depositaria en el seno de la sociedad".

Para hacerlo, dijo, ha de "sortear siempre la tentación de buscar créditos para el presente o para el futuro, tanto ante el poder político como ante quienes disienten de él dentro o fuera de Cuba. Camino difícil es y ha sido" explicó, "decir la verdad sin desafiar, perdonar sin olvidar, confiar sólo en Dios cuando todos los cálculos humanos nos llevarían a la depresión o a la fuga".

En sus palabras, el 6 de junio, el Cardenal caracterizó el siglo XX como siglo "de la embriaguez de la ciencia y de la técnica… en que Dios sobraba".

Explicó que en el presente postmoderno falta Dios y algunos tratan de llegar a El por sus propias fuerzas olvidando que Dios sale al encuentro al hacerse hombre, en palabras del evangelio de Juan: ‘la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros’.

La Encarnación hace que la fe cristiana lleve su mensaje de salvación "al hombre cubano concreto que vive en un sistema político con características propias y con una organización de la sociedad que tiene las peculiaridades del colectivismo socialista", dijo.

Esta fue la opción de la Iglesia en Cuba durante el Encuentro Nacional Eclesial Cubano de 1986 al optar por una Iglesia orante, encarnada y evangelizadora.

Para el Cardenal "el desafío mayor ha sido y es que la Iglesia se encarne en nuestra realidad…superando la tentación de constituirse en una sociedad alternativa" de orden temporal para "resolver los problemas de este mundo". Consentir en esto, dijo, constituiría un vaciamiento interno de la misión que Cristo le ha confiado.

Es de esta misión de donde brotan los aportes a la sociedad civil arriba citados.

Pero la metodología ha de ser la de la fe y no la de la eficiencia.

"La Iglesia propone su mensaje con absoluto respeto al hombre libre que puede acogerlo o no y en mayor o menor grado".

Para hacer vida este mensaje "la Iglesia necesita no sólo espacio y libertad, sino que la naturaleza de su misión sea respetada y valorada justamente", aunque los  altos contenidos de su proyecto humanista lleven consigo "una crítica de las situaciones, que, por contraste, resultan deshumanizantes".

Según este método, "la Iglesia no esgrime con insolencia argumentos contra el mundo, la sociedad o las estructuras políticas… sino que propone valores y los fundamenta en su propia fe, no como quien habla desde arriba o desde afuera del peligro o sin responsabilidad alguna, sino desde dentro de la sociedad, reclamando al mismo tiempo ser participante activa de la misma".

El Cardenal señaló que en la encrucijada—caminos que se atraviesan en forma de cruz, se ha hallado la fe en Cuba en estas últimas décadas… misterio de la Cruz, "criterio de autenticidad en su quehacer y de verdad en su ser".

(Puede escribirle a Araceli Cantero a vozcat2@miamiarch.org.)