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Miami
 

Ponen rostro al pueblo de Dios

Los nuevos ministros laicos fueron enviados a trabajar en nombre de la Iglesia


Un grupo de ministros laicos durante la ceremonia de compromiso en la Catedral de Santa María.
(Fotos: A. Rodríguez-Soto)

Ana Rodríguez-Soto
La Voz Católica

MIAMI — Mayra Smalley, Teri Arvesu, Rosemary Ortega y Gabriela Rodríguez tienen poco en común aparte de su fe.

Smalley es una madre soltera que enseña danza; Arvesu vende equipo médico; Ortega ha trabajado para la Iglesia por más de 20 años y Rodríguez es trabajadora social.

Pero ellas ponen rostro a la frase “la Iglesia es el pueblo de Dios”, como dijo el Arzobispo John C. Favalora en la ceremonia de comisión para los ministros laicos celebrada el 2 de junio en la Catedral de Santa María.

“Ustedes hacen realidad la definición de Iglesia”, dijo el Arzobispo a los 66 hombres y mujeres que fueron comisionados o re-comisionados por un período de cinco años en su ministerio de preferencia. Otros 35 recibieron certificados por completar el curso de dos años para ministros laicos.

La clase de este año eleva a 400 el número de ministros laicos que actualmente sirven en parroquias y ministerios a través de la Arquidiócesis. Más de 1,000 han completado el curso.


Símbolo de los ministros laicos, llamados a ser luz en la sociedad.

Los comisionados procedían de 23 parroquias y oficinas o grupos arquidiocesanos.

“Ustedes me ayudan a completar mi  tarea pastoral”, les dijo el Arzobispo. “Ustedes son los únicos que pueden hacer este trabajo porque son los que están en contacto con la gente. Nosotros no podemos estar en todos esos lugares”.

Las tareas pastorales son tan variadas como los ministros que las realizan.

Smalley, miembro de la parroquia St. John Neumann y directora del grupo de danza litúrgica, utilizará sus destrezas para ayudar a que mujeres y niños maltratados “sepan que no están solos, que son amados por Dios y que la comunidad les apoya”.

La idea para su ministerio surgió de su trabajo voluntario en el Centro Mailman de la Universidad de Miami.

Allí utiliza la terapia de la danza para ayudar a las víctimas de violencia doméstica “a encontrar la dicha que habían perdido y a cuidar sus cuerpos”. Su ministerio ofrecerá grupos de apoyo, coordinará retiros, motivará a la oración y enseñará a las mujeres a perdonar a quienes les han abusado.

Arvesu, amiga de Smalley y también miembro de la parroquia St. John Neumann, estará ayudando a las mujeres de manera distinta: su ministerio, Creative Beginnings, es un esfuerzo para ayudar a mujeres y niños desamparados a reintegrarse a la sociedad.

“Todos están ubicados, todos ya funcionan pero también surgen muchas necesidades”, explicó al citar el caso de una madre soltera de 20 años con seis hijos. El ministerio les ayuda a pagar el cuidado de los niños mientras la madre estudia para obtener el diploma de escuela superior.


Therese Latang, izquierda, coordinadora del programa de Ministros Laicos en idioma creole, con la Hna. Anne McDermott, directora del programa en la Arquidiócesis de Miami.

Una experiencia de conversión en 1993 llevó a Arvesu al programa de ministros laicos.

“Mi llamado es a trabajar con las mujeres”, afirmó.

Rosemary Ortega ve su llamado como “una meta de que nadie se vaya sin ser evangelizado”.

Ortega, miembro de la parroquia St. Brendan y cuyo esposo es diácono permanente, acaba de completar 20 años de ministerio y fue comisionada por cinco años más. A pesar de que su trabajo a tiempo completo es dirigir el Departamento de Educación Religiosa en su parroquia, asegura que su ministerio va más allá.

“Para mí, los alejados de la Iglesia son quienes me hacen vivir diariamente”, explicó. Hay que conquistarlos, reconquistarlos… que se den cuenta de que Jesucristo los ama y que, teniéndole, serán mucho más felices y harán felices a los suyos”.

El ministerio de Gabriela Rodríguez le ayudará a combinar sus dos amores: “mi gran amor por la Iglesia y mi gran amor por Cuba”.

Rodríguez, quien fue comisionada por primera vez, es miembro de la parroquia Sta. Agueda, en Miami. Ha sido catequista por 11 años. Llegó al sur de la Florida procedente de Cuba en 1971 y regresó a la Isla durante la visita del Papa en 1998.

El párroco de Sta. Agueda, el padre Felipe Estévez, decidió concentrarse en ayudar una diócesis en particular, la de Guantánamo-Baracoa, establecida por el mismo Papa durante su visita.

“Es muy pobre, muy campesina, muy grande”, explicó Rodríguez. En sus inicios, la diócesis contaba sólo con seis sacerdotes, la mitad de los cuales no eran cubanos.

Desde 1998, el Comité de Misiones de Sta. Agueda —el cual coordina Rodríguez— ha contribuido al menos $6,000 anuales en medicinas, materiales de construcción y de catequesis. Una iglesia ha sido reconstruida y se ha iniciado el trabajo en otra.

Rodríguez explicó que la gente en Guantánamo-Baracoa ora por la de Sta. Agueda y su obispo y sacerdotes visitan el sur de la Florida en ocasiones especiales, como la fiesta de su patrona, Sta. Catalina de Ricci.

“Tienen mucho que ofrecernos”, dijo Rodríguez, “porque es una iglesia muy viva que da mucho ejemplo”.