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De
un padre a su hijo
Este
es el primer año que mi hijo celebra el Día de los Padres.
Por eso le escribo dándole algunos consejos. El se llama
igual que yo pero siempre le hemos llamado ‘Gordo’

Sammy Díaz
Dirige la Pastoral de Prisiones de la Arquidiócesis de Miami.
Puede escribírsele a detentionmin@miamiarch.org
“Querido
Gordo: Hoy es tu primer Día de los Padres. Aunque Leanna es
una bebita, la celebración va porque la paternidad es una
relación entre dos personas.
Los
bebés sienten el amor de los adultos; sienten en su piel el
contacto amoroso, el calor humano, las caricias y los besos.
Esta relación que va creciendo con los años empezó en un
acto de amor y como una semilla que germina se convierte en
plantita y luego va creciendo, se va desarrollando hasta
convertirse en un precioso árbol.
El
momento más importante del día es la cena porque es el
sacramento de la familia. Allí todos juntos comparten la
misma comida y cada uno cuenta sus experiencias del día,
buenas y malas. Tu bebé no entenderá lo que se dice pero
percibe el amor y la relación entre Michelle y tú. Pronto
empezará a probar lo que ustedes comen y un día, muy pronto,
comerá lo mismo que ustedes.
La
cena es símbolo de unidad, de expresión de amor, de
compartir, de rezar, de consolar. Es el momento de pedir y dar
consejos de forma casual, de transmitir la cultura y las
tradiciones de las familias. Se identifican a los parientes, a
los tíos y las tías, los
primos, los abuelos. Es el momento en que los niños van
desarrollando el sentimiento de que son parte de la familia y
que todo lo que le pasa a uno ahí se puede discutir y siempre
habrá respuestas y comprensión.
Nosotros
tuvimos la suerte de que tu madre siempre insistiera en que
teníamos que comer juntos y aún ahora que sólo quedamos tu
abuela, ella y yo, siempre cenamos unidos para celebrar el
sacramento de unidad de nuestra familia.
Un
hijo es algo delicado y difícil con su propia personalidad y
sus gustos. Uno tiene que educarlos y darle valores,
trasmitirle la cultura, ayudarlos a crecer. El padre transmite
estos valores morales, espirituales, religiosos y culturales
en lo cotidiano de la vida, en lo espontáneo y auténtico de
una relación de amor y respeto.
Si
quieres que tu hija te respete, respétala a ella desde ahora
en tu trato, en la forma de hablarle, en el tiempo que le
dedicas, dándole una estructura familiar estable y ordenada.
Si quieres que tu hija tenga valores morales, no se lo digas;
practícalos. Ella aprenderá de la experiencia, no de los
discursos. Si quieres que tu hija viva la fe con entrega y
devoción, dale el ejemplo.
Un
abrazo,
Tu
papá.
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