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Santidad y globalizar el Evangelio

En una reunión histórica los cardenales fijan las prioridades de la Iglesia


El Papa Juan Pablo II da inicio al Consistorio el pasado mes de mayo. Sobre 150 de los 183 cardenales del mundo asistieron a la reunión de tres días en el Vaticano. (Foto Reuters)

VATICANO (Zenit y CNS) — Vivir la santidad, globalizar el Evangelio, fortalecer los lazos con los no católicos y cuidar de los que sufren, son las prioridades de la Iglesia Católica en el tercer milenio fijadas en la mayor reunión de cardenales de la historia.

El consistorio de cardenales, celebrado en el Vaticano del 21 al 24 de mayo, perfiló los rasgos característicos de la Iglesia del futuro: una Iglesia que es ante todo misionera, que busca superar sus divisiones y que sea decididamente solidaria.

En su declaración final, los cardenales instan a los católicos a mantener la mirada fija en Cristo a través de la lectura de la Palabra, la oración, la participación en la Eucaristía, el sacramento de la confesión y "un valiente compromiso con la santi-dad".

"En un mundo profundamente marcado por laceraciones y conflictos y en una Iglesia que lleva las heridas de la división -dicen los cardenales-, sentimos una obligación aún más fuerte de cultivar una espiritualidad de comunión dentro de la comunidad cristiana y continuar con caridad, verdad y confianza el camino ecuménico y el diálogo interreligioso".

La Iglesia insiste también en la solidaridad con todos los hombres y mujeres, pero particularmente con los pobres y aquéllos cuyos "derechos sacrosantos a la vida, la salud, el trabajo, la cultura, la participación social y la libertad religiosa están siendo pisoteados".

En su mensaje final los 155 purpurados reunidos en Roma hicieron un llamado especial a todos los cristianos a intensificar sus oraciones por la paz en Tierra Santa y le pidieron a los líderes nacionales ayudar a los israelitas y a los palestinos a vivir juntos pacíficamente.

Otros temas discutidos en el consistorio fueron: la colegiatura y las formas de mejorar el Sínodo de Obispos para que sea una oportunidad de intercambio real de ideas y de toma de decisiones; la globalización; la evangelización de los medios de comunicación; la inculturación, incluyéndola en la liturgia y en la traducción de los textos litúrgicos; asuntos relacionados con la vida familiar, la moral sexual y la bioética.

En la homilía de la solemne celebración eucarística de clausura el 24 de mayo, Juan Pablo II prometió sacar "oportunas indicaciones operativas" de las propuestas de los cardenales.

"La Iglesia tiene que afrontar hoy desafíos enormes que ponen a prueba la confianza y el entusiasmo de los que anuncian su mensaje", dijo el Sumo Pontífice. "Y no se trata sólo de problemas cuantitativos —advirtió— debidos al hecho de que los cristianos representan una minoría, mientras el proceso de secularización continúa erosionando la tradición cristiana incluso en países de antigua evangelización".

Algunos de los problemas más serios se derivan del punto de vista cultural dominante que rechaza cualquier verdad que no pueda ser probada científicamente, dijo el Papa.

Estos desafíos, continuó diciendo, encuentran su expresión más clara en los interrogantes morales.

Nunca como hoy la huma-nidad es interpelada por pro-blemas formidables, que ponen en cuestión su mismo destino sobre todo en el campo de los grandes temas de la bioética —dijo el Papa— así como los de la justicia social, la institución familiar y la vida conyugal.

Precisamente para afrontar estos problemas el Pontífice convocó este consistorio. Se trata de temas complejos, dijo el Santo Padre, y de hecho, algunos serán también afrontados en el próximo Sínodo de Obispos de todo el mundo, que se celebrará en el Vaticano en octubre.