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Acción Católica: Cuba y diáspora

La Federación de la  Acción Católica Cubana analiza crisis social en la Isla y el exilio


El obispo Alfredo Petit junto a los padres Alberto Villaverde y Vicente Fernández Mariño; también Norman González y Sergio San Pedro. (Foto: Dora Amador Morales)

Dora Amador Morales
La Voz Católica

MIAMI — Fieles a su compromiso con Cristo y con la Patria, los miembros de la Federación de la Acción Católica Cubana se reunieron por tres días para reflexionar sobre la crisis que vive el católico en Cuba y en la diáspora. 

Durante el encuentro bianual conocido como las Vacaciones Federadas, los participantes escucharon ponencias que ilustraron los polos del materialismo ateo  en que viven los cubanos del exilio y la Isla.

"Los hombres de hoy son los constructores del Becerro de Oro bíblico, idólatras del dinero y del poder", dijo el  P. Vicente Fernández Mariño, cubano radicado en Puerto Rico. "Para ellos la solidaridad humana carece de sentido, descartan por completo la existencia de Dios. Se preguntan: ‘¿Y todavía hay gente que habla de Dios? ¡Pobrecitos…!’"

El hombre aspira a fabricar el ser humano 'ideal' por medio de la ingeniería genética, dijo el P. Fernández Mariño, y éste es uno de los grandes problemas del tercer milenio. "Porque este hombre está convencido de que es dios", apuntó. Es una sociedad que adora la alta tecnología, el placer  y el consumo, y por eso está abocada al sinsentido y la infelicidad.


Miembros de la Federación de la Acción Católica Cubana reunidos recientemente en la Casa Laical, en La Habana.

A Cuba la azota una crisis material escasez y espiritual vacío, desesperanza sin precedentes, agudizada por un problema grave: la diáspora, la separación familiar que hace sufrir mucho, apuntó el padre Fernando de la Vega, vice-canciller de la Arquidiócesis de La Habana.

 "El sentido de desgarramiento, de fragmentación define nuestra realidad", dijo De la Vega. "Se ha perdido el sentido de Patria. Los jóvenes cubanos sólo quieren irse del país, para ellos patria, himno, bandera no significan nada. Es una juventud que se ha criado sin referencia espiritual ninguna a Cristo ni a la Iglesia, ni a la ética cristiana ni a la moral".

Para estos dos sacerdotes que en su juventud militaron en la Federación de la Juventud de la Acción Católica Cubana la negación que el hombre y la mujer actual hacen de la trascendencia es su desgracia mayor.

 Ambos ven como trágicas la falta de compromiso, de altos ideales y la enajenación individualista que caracteriza a las nuevas generaciones.

"Hay que vencer, es muy difícil porque lo peor que tenemos es la indiferecia, pero tenemos que llegar al pueblo con el Evangelio", comentó Ester García-Robés, quien está a cargo de la Pastoral Juvenil en la parroquia San Judas y San Nicolás en Centro Habana.

García-Robés, quien vino invitada al encuentro, es miembro de la Acción Católica desde su juventud,  y coordina las reuniones de los federados que se quedaron en Cuba. Son personas  mayores, pero como los reunidos en Miami Beach este mes, mantienen asombrosamente vivo el espíritu de fraternidad.

"Siento una misión, y es que no se pierda esta historia, no se puede perder", enfatizó Teresa Fernández Soneira, autora de la primera historia de la Federación de la Acción Católica Cubana, que saldrá publicada el verano del 2002. "Veo que han pasado 40 años de exilio, estas personas tienen 80 años y no han perdido ese ideal de jóvenes de la Acción Católica. Es ese ideal de entrega a Cristo y a Cuba que hoy no existe. Hubiera querido mucho esto para mi generación, pero no lo veo en ninguna parte, se ha perdido, todo se tronchó".

Fernández Soneria salió de Cuba a los 14 años y dice recordar con mucho amor las reuniones y actividades de sus padres y sus tíos, todos miembros de la Acción Católica en La Habana. La labor de investigación, recopilación de documentos, fotos y entrevistas ha sido enorme, comenta Fernández Soneria. A medida que fue investigando, dice, creció en ella el interés por escribir sobre su propia generación, el desarraigo que la define tanto en la Isla como en la diáspora. "¿Cuál es nuestra identidad allá, acá? "¿Quiénes somos?"

Uno de los problemas que angustia a un gran número de cubanos es el sentido de culpa, explicó el padre De la Vega. "Hay una profunda crisis espiritual y moral entre los que lucharon por la revolución y ahora se acercan a la Iglesia con un gran sentido de culpabilidad, porque sus hijos les dicen: ‘pero tú ayudaste a construir esto’. Es un sentimiento difícil de erradicar", dijo el párroco de la iglesia Monserrat. Algunas de estas personas, explicó, son catalogadas como los actuales ‘Nicodemos’, porque como el fariseo del Evangelio, acuden en la noche, ocultos, a la Casa del Señor. Lo hacen por temor a que los vean, y no son pocos los  que pertenecen al Partido Comunista y piden a escondidas que les bauticen a sus hijos.

"El miedo y la doble moral son dos de nuestros mayores enemigos", reflexionó el padre De la Vega, asesor de la revista Espacios, de la Arquidiócesis de La Habana.

"Hay mucho que hacer,  hemos sobrevivido, pero no se trata sólo de sobrevivir", dijo, "se trata de dar relevo para seguir caminando".

Este año quedó establecido el tribunal para la causa de canonización del Hno. Victorino. Lo integran: Fernando Villaverde, SJ., el P. Vicente Fernández Mariño y los laicos Norman González y Sergio San Pedro.

La Acción Católica hacia el futuro

La regla de vida que ha definido a la Federación de la Acción Católica Cubana, fundada por el Hermano Victorino en 1928, en La Habana, se resume en tres palabras: piedad, estudio y acción.

Retomar ese compromiso y tratar de transmitirlo a las nuevas generaciones a ambos lados de la dividida nación cubana fue la llamada del encuentro celebrado del 29 de junio al 1 de julio en Miami Beach.

Para responder evangélicamente a esa llamada los federados deberán:

• Tener una mayor integración en movimientos apostólicos, en parroquias y grupos.

• Compartir con otros el sentido de urgencia de anunciar el Reino de Dios.

• No anclarse en el pasado.

• Educar en el espíritu evangélico dando a conocer que la ciencia y la tecnología no son malas en sí mismas, son buenas tanto cuanto nos acercan a Dios.

• Ir más al Sagrario, rezar más ante el Santísimo Sacramento.

 • Lidiar con el cansancio de los años  sin dejar de un lado el compromiso federado.

Además de esto, para Cuba el padre De la Vega mencionó como urgente: 

 • Formar un laicado maduro, conocedor de la realidad nacional y comprometido con el cambio ético y espiritual a que se siente movido el cristiano.

• Trabajar para lograr la reconciliación de los cubanos, cuyas relaciones están muy dañadas.

• Apoyar medios como EPAS (Equipo Promotor para la Participación Social del Laico) y entidades afines.

• Enseñanza de la Doctrina Social de la Iglesia.

• Promocionar los movimientos católicos estudiantiles, de trabajadores cristianos y familiares.

 • Buscar el relevo de las nuevas generaciones.