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Cáritas
Cuba: un ejército de 12,000
Representantes
de la agencia de ayuda de la Iglesia informaron sobre su labor

Mons. Wenski
presenta a los dirigentes de Caritas Cuba.
Araceli
M. Cantero
La Voz Católica
MIAMI
— Con pocos recursos y superando obstáculos, Caritas Cuba
ha levantado en 10 años un ejército de 12,000 voluntarios
que brindan el amor de Dios a la población de toda la Isla.
El
amor se convierte en café con leche para los ancianos, ayuda
a madres solteras o calor humano a quienes están enfermos con
SIDA.
Los
niños con ‘síndrome de down’ aprenden,
los campesinos se organizan para producir más y se
ayuda a las familias de quienes están en prisión .
De
todo esto y mucho más hablaron cinco representantes de la
agencia humanitaria de la Iglesia en Cuba, durante una recepción
organizada por Caridades Católicas de la Arquidiócesis de
Miami para conocer la
labor de Caritas en la Isla.
"Es
increíble lo que han hecho en diez años de existencia"
dijo Thomas Garofalo, representante de Catholic Relief
Services, la agencia de ayuda de los obispos de Estados
Unidos.
"No
hay una Iglesia con tanta fuerza como la que he visto en Cuba
en mis tres años de visita", comentó ante sacerdotes y
representantes de parroquias de Miami reunidos en el auditorio
de la parroquia de Santa Teresita, en Coral Gables.
Valiéndose
de carteles y fotografías presentaron los detalles de sus
proyectos. Ante el micrófono hablaron de lo logrado y también
de las dificultades.
La
presidenta de Caritas Cuba, Maritza Sánchez, explicó cómo
fueron los inicios de la organización, a raíz de la caída
del bloque socialista en 1991 y de la crisis económica que
resultó al retirarse los subsidios de la Unión Soviética al
país.
Para
recibir la ayuda solidaria de iglesias hermanas, la Iglesia
cubana estableció una oficina nacional en La Habana y
oficinas en cada diócesis. Caritas es la única agencia de
ayuda en Cuba independiente del gobierno y tiene su autorización.
Lo
que ocurre es que fuera de las parroquias, la Iglesia no opera
instituciones propias como hospitales, escuelas u hogares de
ancianos. Tampoco tiene medios de transporte propios por lo
que toda ayuda del exterior que llega por puerto ha de ser
canalizada a través de las estructuras del gobierno.
Y
sin embargo la Iglesia ha logrado no quedar al margen de las
decisiones. Existe una ‘comisión mixta' (Iglesia Gobierno)
que decide los lugares de distribución. Y cuando el donante
pone como garante a Caritas,
"nosotros garantizamos que la ayuda llegue al
lugar establecido por el donante",
explicó Sánchez. La comisión mixta busca que las
ayudas lleguen a las provincias. Y cuando se decide el destino
de las medicinas no se factura al hospital sino al
especialista que la va a usar, para que éste sepa de su
llegada.
La
Iglesia en Cuba también puede recibir fondos de iglesias
hermanas, a través de Caritas de la Arquidiócesis de Miami o
de otras diócesis para proyectos específicos. "Esto es
algo entre las iglesias y el gobierno no interfiere en
ello", dijo Sánchez.
Hoy
día la ayuda que recibe Cuba
ha quedado muy
reducida. Hasta hace dos años Caritas recibía entre $3 y $4
millones de dólares al año en medicinas. Pero "Cuba no
es ya una prioridad para el mundo", dijo Sánchez.
Por
eso la Iglesia ha puesto el énfasis en proyectos de
desarrollo, en el entrenamiento del voluntariado y
en la motivación al compartir.
"Siempre
seremos mal vistos, pero la obra del Señor no se puede
parar", dijo Carlos Pulido, que dirige Caritas en la diócesis
de Cienfuegos. En su diócesis las familias han abierto sus
hogares a los ancianos y 3,600 tienen su café con leche de la
tarde, en parte leche donada por los agricultores dado que es
algo restringido y sólo para niños menores de 7 años.
La
clave, dice Pulido, es actuar sin llamar la atención, porque
el gobierno no entiende que esto es parte de la misión de la
Iglesia. "Piensa que lo que se hace por amor al prójimo
es un acto de oposición ".
Esto,
a pesar de que en las normas escritas sobre la ‘visión y
misión de la Caritas Cubana’ dejan claro que "Caritas
ejerce una acción que es propia de la misión de la Iglesia:
la caridad y, por su misma razón de ser, no es ni quiere ser
una opción política: es solidaria y subsidiaria; no pretende
reemplazar lo que existe y funciona".
De
hecho, el personal de Caritas está acostumbrado a negociar
con representantes del gobierno en beneficio del bien común.
Es la experiencia de José Luis Díaz Duran, de la diócesis
de Matanzas. El recuerda el caso del tornado que dejó a parte
de la población sin refrigerador. En negociación con
el Poder Popular
y con un donativo de la Arquidiócesis de Miami "nos
pusimos de acuerdo, nos facilitaron comprarlos a precio de
mayorista y se entregaron". El dinero, explica Díaz Durán
"no lo recibió el gobierno, pero lo hicimos con el
permiso del gobierno".
Ya
en 1997, antes de la visita del Papa, La Voz Católica comprobó
la labor de Caritas y visitó, entre otras, una parroquia de
Bayamo Manzanillo. Entre apagones del tendido eléctrico,
Mariví Castro atendía los pedidos de la gente y organizaba a
la comunidad para responder a las emergencias.
"Los
apagones han disminuido pero crece la acción de la Iglesia y
estamos llegando a lugares que ni pensábamos", comentó
en una entrevista durante la recepción en Sta. Teresita.
Lugares
como el poblado de La Gloria, en la zona oriental de
Campechuela, en donde se puede dar almuerzo a 31 personas
porque todo el mundo comparte.
"Uno
trae un palo de leña, otro una yuca y la viejita que no tiene
nada limpia el arroz".
Para
Castro todo ello es indicio de que en 10 años "hemos
aprendido que es posible hacer algo desde lo pequeño".
Además, subraya, "hay
que enseñar a la gente a no echar la culpa a la estructura
del Estado sino a descubrir el poder que la persona humana
tiene dentro".
El
diácono Leonel Pérez, director de Caritas en la diócesis de
La Habana subraya que "no sólo somos Iglesia… como
Iglesia somos de Cristo y Cristo no vino a enfrentarse al
poder de Roma; vino a sanar enfermos, a curar leprosos y a
devolver la vista a los ciegos. Ese es nuestro papel".
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