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Notas al margen

A  primera vista los argumentos resultan convincentes. Quedé muy impresionada al escuchar a la reconocida artista Mary Tyler Moore ante un grupo del Congreso de los Estados Unidos y ante los medios de comunicación, presentando sus razones en favor de que el Presidente otorgue fondos del gobierno para investigación con células estaminales del embrión humano. Los resultados, dijo, pudieran abrir una ventana de esperanza para miles de enfermos diabéticos como ella, o para quienes han sufrido daños, hasta ahora irreparables en la columna vertebral y para tantos otros hoy  sin esperanza de cura. Y ¿por qué oponerse a algo tan bueno y esperanzador?

La Iglesia tiene sus razones. Y también las tienen muchos investigadores serios que se oponen a tal medida. Y no es que estas personas no sueñen con  el día en que cientos de enfermedades tengan cura. De hecho se dedican a construir por la ciencia un futuro mejor. No se oponen al fin sino a los medios. Y afirman que para lograr este sueño no es necesario destruir los embriones humanos. De hecho estos mismos investigadores ya han logrado grandes progresos con células estaminales adultas y han comprobado que éstas tienen el mismo potencial biomédico, que han resultado en pruebas clínicas exitosas y que pueden ayudar en la regeneración de tejidos diversos.

Y entonces, ¿por qué no apoyar con más seriedad y más fondos esta investigación que no juega con seres humanos, en vez de dar un paso más hacia la resbalosa pendiente del desprecio por la vida ?

Si el presidente George Bush examina en conciencia la propuesta del Instituto Nacional de Salud y los datos de quienes se oponen,  caerá en la cuenta de que resulta contradictorio destruir embriones humanos para mejorar la salud de la humanidad. Y además, el fin no justifica los medios.


Directora de La Voz Católica