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En misión de verano con niños mayas

Jóvenes del colegio de La Salle comparten amistad con niños de los indios kanjovales que viven en Florida


Brenda Aguila empuja el columpio de Everildo Domingo. (Fotos: A. Cantero)

Araceli M. Cantero
La Voz Católica

BOYNTON BEACH, FL —Amistad, diversión y una experiencia de solidaridad con niños de cultura maya y lengua kanjoval es lo que tuvieron varios estudiantes del colegio de La Salle, de Miami sin dejar el estado de la Florida.

“Nunca pensé que en unos días llegaría a ser alguien especial para estos niños”, dijo  Carla García, de 17 años.

“Cuando vi que lloraban al despedirnos, yo también me emocioné”, comentó la joven después de una semana en Boynton Beach, en un campamento  en que participaron 45 niños del Centro Maya Guatemalteco.

El campamento fue organizado por dos profesoras del Colegio de La Salle para completar, con una experiencia práctica, lo aprendido teóricamente en las clases.


Fernando del Campo carga a Pascual Méndez.

“Estos estudiantes están en un colegio católico precisamente para aprender estas cosas”, explicó la profesora de Ciencias Sociales, María de la Guardia.

“Esta es la educación católica... que los estudiantes se gradúen sabiendo que para un cristiano hacer algo por los más necesitados es un deber y no una opción”, dijo.

Con el apoyo del padre Frank O’Laughlin, párroco de la iglesia de St. Thomas Moore, el campamento tuvo lugar en el campus de la parroquia. Los estudiantes de La Salle convirtieron en motel una de las aulas de catequesis y en las demás montaron sus clases para los niños que llegaban en su ‘guaguita’ amarilla.

“Queremos ofrecerles un ambiente diferente, querernos como comunidad y pasarlo bien”, explicó Brenda Aguila,  una joven salvadoreña de 18 años que fue una de las coordinadoras de los jóvenes.

“Ha sido una gran experiencia y me gustaría seguir viniendo otros años”.


Carla García, con María Vargas y Elcira Bravo, aprenden el arte de moverse bien para acer ‘cheerleading’.

De hecho es la primera vez que La Salle ofrece este tipo de oportunidad fuera del campus escolar. Otras experiencias incluyen un campamento para niños desaventajados usando las aulas de La Salle.

“Estoy aquí para aprender las cosas de ‘papá Dios’, dijo Andrés Ramírez, de 11 años, guatemalteco nacido en Los Angeles y deseoso de conocer su tierra. Sus padres tuvieron que cruzar la frontera  pero él ya se identifica como americano y se expresa mejor en inglés.

El padre O’Laughlin explica que estos niños son los hijos del primer grupo de mayas que llegó a la zona durante los años 80, en la época dura de la guerrilla en Guatemala. Y cuando estaban a punto de deportarlos, el sacerdote le dijo al juez que él se encargaría de ellos. Entonces era párroco de la iglesia de Holy Cross en Indiantown. Y allí se instalaron las primeras comunidades que hoy se han extendido a FortMyers, Immokalee y LakeWorth. El calcula que puede haber hasta 10000 kanjovales en la zona.

A pesar de los testimonios de violencia y masacre en Guatemala, el gobierno de los Estados Unidos nunca otorgó asilo político a los refugiados guatemaltecos para no favorecer la inmigración. Y como tampoco quería devolverlos a una situación de muerte segura,  permitió que se quedaran en un limbo político. Quienes se dedicaron al trabajo agrícola, pudieron legalizar su situación en la amnistía de 1986; otros muchos permanecen en un limbo legal, separados de sus raíces,  con otra lengua y en medio de una cultura diferente. Así fue que al padre  O’Laughlin se le ocurrió crear un Centro Maya que les ayudara en el proceso de integración al país sin perder sus costumbres.

Ahora es un centro ‘de no lucro’ llevado por los mismos indios kanjovales y mantenido con fondos públicos. Los niños van a la escuela pública y asisten a clases en el Centro a la salida del colegio. Además el Centro tiene programas de salud prenatal y servicio de interpretación (y traducción) para quienes acuden a otros servicios de la ciudad.


Danny Wasserman comparte en la cocina con los estudiantes.

“La Iglesia cuenta con una gran tradición doctrinal de acogida a los inmigrantes, pero a veces es algo que no se implementa en las parroquias”, dice el sacerdote .

En su reunión anual de junio los obispos de Estados Unidos hicieron una declaración  señalando que la tradición de acogida a los inmigrantes ha decaído notablemente  en los últimos 10 años.

Es algo que  a su nivel experimentaron los jóvenes de La Salle al llevar a los niños a un parque público. 

“La gente no nos miraba bien cuando entramos”, dijo García.

Otro día los  jóvenes llevaron a  los niños al cine  a ver 'Atlantis' y para Danny  Wasserman fue una  oportunidad de "mirar la película con ojos de niño”, porque “es una manera de ver la vida cono ellos”. Después todos compartieron las lecciones aprendidas.

Pero  además de divertirse, los niños aprendieron  cosas  prácticas, como cocinar  galleticas, hacer trabajos manuales y hasta preparar una obra de teatro que luego presentaron ante sus familias.

La profesora Ana Lourdes García también acompaño a los estudiantes de La Salle y comprobó como les afectaba conocer otra realidad.

“Por las noches, en grupo, hablábamos y compartíamos y algunos lloraban porque los niños sin papeles no tendrán una oportunidad”.

Los jóvenes que participaron en el campamento maya fueron: Carolina Navarro, Alejandra Taboada, Ricky Hernández, Robert López, Teresa Castellanos, Alex Naranjo, Fernando del  Campo, Danny Wasserman, Brenda  Aguila y Carla García. También Clare Considine y  las profesoras María de la Guardia y Ana Lourdes García.